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Escritos sobre Historia, de Héctor J. Iaconis

HISTORIA DE 9 DE JULIO (BS. AS.)

El instalación del primer hospital en 9 de Julio

El instalación del primer hospital en 9 de Julio

* Por Héctor José Iaconis.

Julio de Vedia al fundar el campamento militar en 9 de Julio, previó con antelación las cuestiones de carácter sanitario del nuevo campamento militar y la instalación de un hospital de campaña.

El 13 de octubre del mismo año, había dirigido una nota al ministro de Guerra y Marina, general Juan Andrés Gelly y Obes, con una lista de los materiales para las construcciones de cuarteles en el nuevo lugar. Allí solicitó también los insumos necesarios para el hospital, la casa del médico, la botica y el depósito: 100 varas cumbreras, 400 tijeras, 720 cañas tacuarillas, 200 varas costaneras, 4 grandes ventanas rejas para el hospital,  2 menores para la botica y alojamiento del médico, 3 grandes puertas para el hospital y el depósito, 2 menores para la botica y 4 para el médico, entre otros (1).

Además, junto con el contingente que arribó a Tres Lagunas, en octubre de 1863, se encontraba el médico militar Germán Vega, quien se convertiría en el primer facultativo en prestar servicio en el nuevo campamento, el primer médico en instalarse en el naciente pueblo y el iniciador, por así decirlo, de la historia de la medicina en 9 de Julio.

Para entonces, Vega contaba cuarenta años de edad y mantenía con Vedia una relación de estrecha amistad. Había llegado a la Frontera del Oeste, en 1855, cuando por razones de salud pidió ser enviado desde Tandil a Bragado. Cuando Vega se trasladó al nuevo campamento en Tres Lagunas es probable que su familia haya permanecido en Bragado; pues, al año siguiente, habría de nacer  su hija, que apadrinó Julio de Vedia y que fue bautizada con el nombre de la esposa de éste.

Si bien Vega trasladó buena parte del equipamiento médico existente en Bragado, procuró no descuidar, en la medida de sus posibilidades, la atención de aquel pueblo; por lo cual, eran frecuentes sus viajes desde un lugar al otro. La construcción del hospital era, sin dudas, imperiosa.

En noviembre de ese año, había en el campamento unos cincuenta enfermos y para comienzos diciembre aún esperaba quemar la primera hornalla de ladrillos para edificar el hospital (2).

El 12 de febrero de 1864, el gobernador de Buenos Aires, Mariano Saavedra, expidió un decreto, a los efectos de proceder “a  la fundación de un nuevo pueblo que se denominará Nueve de Julio”. Cumplía así con un requerimiento que le había formulado Vedia, a principios de noviembre del año anterior y al deseo de “un gran número de vecinos”(3). Una vez creado el pueblo, el doctor Vega debió permanecer de manera más permanente en el lugar, para la atención de la población civil y militar.

Con el hospital de campaña, que primero existió en el Batallón 1º de Línea y en el Regimiento 5º de Caballería, se prestó asistencia médica a las tribus amigas de Melinao y de Rondeau, como así también en la Tapera de Díaz, a los indios de Coliqueo.Para 1865, el doctor Vega se hallaba al frente del hospital de 9 de Julio, una instalación bastante precaria que desaparecerá pocos años después. En marzo de ese año, el médico informaba sobre la situación del hospital, alertando sobre de la carencia de camas, medicamentos y útiles (4); y en abril, Vedia solicitaba el pago del subsidio económico de 3000 pesos, para el hospital.   

Otra cuestión que preocupaba, a la sazón, a Vega, era el estado en que llegaban los medicamentos al pueblo. En septiembre de 1865, el cirujano militar se dirigía al nuevo jefe de Frontera, el coronel Nicolás Granada, sucesor de Vedia, para reclamarle que las damajuanas con alcohol eran recibidas con adulteraciones. Ese documento, al mismo tiempo, aparece un listado con algunas sustancias pedidas para la farmacia: aceite de almendras, aceite de bacalao, cebada inglesa, cremor[sic] tártaro, mostaza en polvo, zarzaparrilla, malva, manzanilla, nuez moscada, azufre, potasa cáustica, canela y cascarilla; demás de ventosas, jeringas, morteros(5).   

Quizá pueda resultar innecesario aclarar que era parte de la tarea del médico la fabricación de los medicamentos, bálsamos  y unturas. Eran aún bastante acotadas las posibilidades que ofrecía la farmacopea, como así también la efectividad de las medicinas que podían   elaborarse con recursos tan escasos.   Ciertamente, si esa época el precario hospital podía mantenerse en pié se debía, sobre todo, a los esfuerzos del médicos y al aporte personal del jefe de la Frontera o de algunos oficiales.    

 NOTAS

(1) De un listado elaborado por José L. Villalba, Bragado, 13 de octubre de 1863, en Dirección de Asuntos Históricos del Ejército, Servicio Histórico del Ejército (en adelante, S.H.E.), Buenos Aires, Documentación de Comandancias Militares, Frontera Oeste.

(2) Archivo del General Mitre (en adelante, AGM), “Presidencia de la República. 1862-1868”, Buenos Aires, Biblioteca “La Nación”, 1913, tomo XXIV, págs. 39 y 41.

(3) Cfr. “El Nacional”,  año XII, nº 3404, Buenos Aires, 5 de noviembre de 1863, pág. 2.

(4) El informe de Germán Vedia, fue fechado el 15 de marzo de 1865. Un día después, Vedia lo remitió al ministro Gelly y Obes. Original en S.H.E.

(5) De Germán Vega a Nicolás Granada, 9 de Julio, 14 de septiembre de 1865, en S.H.E., Documentación de Comandancias Militares, Frontera Oeste, caja nº 9, carpeta nº 3183.

Buenaventura N. Vita, historiador de 9 de Julio

Buenaventura N. Vita, historiador de 9 de Julio

* Por Héctor José Iaconis

Muchas veces he recorrido, desde varios años atrás, los textos manuscritos y mecanógrafos, inéditos o impresos, completos o fragmentarios de Buenaventura N. Vita. Los he observado, primero con la inquietud de un adolescente que deseaba acercarse al pasado de su comunidad, en otras ocasiones, intentando hallar algún prurito de originalidad o una novedad luego de la relectura, y luego con la admiración de quien contempla una obra que, aunque perfectible, no deja de ser encomiable y de irradiar una luz que cautiva. Cada vez que penetro en un texto suyo parece surgir delante una novedad, algo nuevo, aún no revelado, que no había hallado en anteriores lecturas.

Las dos versiones que conocemos de Crónica Vecinal, el más extenso y trascendental de sus escritos, son la más viva expresión de un trabajo agudo y arduo. Si bien no son piezas de valor literario, pues la redacción tiende a poseer una sintaxis poco ágil que no por eso deja de ser límpida; ni tampoco una  obra ceñida estrictamente al rigor de la investigación científica, su indiscutible mérito  consiste en la propensión recurrente a presentar los acontecimientos de una manera nítida y veraz, acotada sobre todo a la inquisición de las fuentes documentales. Vita ofrece, de este modo, por primera vez, la historia de 9 de Julio a través de una relato llano que deja ver, incluso, el alma misma del ser nuevejuliense, el forjamiento de la identidad y de la idiosincrasia de una sociedad; y, de otro modo, también, aproxima al pensamiento mismo de su autor, un hombre amante de la verdad.

Los párrafos que siguen, de ningún modo puede considerarse un ensayo  biográfico acerca del primer historiador del Partido de 9 de Julio. Bien se ha dicho que el arte de la biografía está relacionado “con el destino del hombre”, con el “conocimiento del espíritu y de la penetración de los caracteres” y consiste en el “análisis psicológico, la percepción y el ordenamiento de una maquinaria interna, la capacidad de distinguir dentro de ella ejes, palancas, ruedas y engranajes cada vez más delicados”[1]. Una vida tan prolífica como la de Vita y la fructuosa obra emprendida a lo largo de aquella, requieren de un estudio mucho más acabado y profundo.

Tan siquiera pretendemos esbozar una semblanza breve, donde pueda citarse algo de su importante contribución al estudio del conocimiento histórico en 9 de Julio  y de sus desvelos por preservar las fuentes primarias y la información que ellas aportaban... Sirva, pues, este trabajo breve, como un humilde homenaje a Buenaventura Vita, aquel caballero de grandes dotes humanos que, siendo ilustrado y magnánimo, procuró ser esencialmente bueno.

- I -

UN HOMBRE Y SU TIEMPO

La mayor parte de la existencia de Buenaventura N. Vita transcurrió en 9 de Julio, lugar de su nacimiento. Solamente el tiempo que le demandó completar sus estudios universitarios permaneció fuera.

Su familia se había radicado a escasos años de la fundación del todavía el promisorio pueblo. Sus padres, Francisco Vita Molinari y Celestina Anunziata Magnoni Balbiani, ambos italianos[2], había contraído matrimonio en 9 de Julio a finales de 1881[3]. Poco menos de tres años más tarde,  el 22 de junio de 1884[4], nacía Buenaventura Noe, quien tempranamente, desde la primera infancia, comenzó a ser receptor de anécdotas y “pequeñas historias”, transmitidas por sus mayores, acerca de  los orígenes del pueblo.

Infancia y adolescencia

Sus estudios primarios los comenzó en 1890, en la Escuela Elemental nº 3, de 9 de Julio.  En una “Memoria” sobre sus años de estudiante, que redactó medio siglo más tarde, recordaba:

A esa escuela concurrí un breve lapso de tiempo; me inscribieron en el mes de junio, y a los pocos días de concurrir a clase, mi precaria salud hizo crisis y pasé el resto del año escolar enfermo y convaleciente[5].

Hacia febrero del año siguiente, sin embargo, fue inscripto en la Escuela Elemental de Varones Nº 1, que a la sazón dirigía el maestro Rafael Muzio. Para ese entonces, era el establecimiento educacional más prestigioso del lugar. Su director, a pesar de las discrepancias que más adelante mantendrá con otro educador, poseía buenos dotes educacionistas y, es evidente, marcó su influencia entre los alumnos.

La primera impresión –comenta Vita- que recibí, y [que] quedó profundamente grabada en mi cerebro, [...] fue la que me produjo el señor Muzio, de severidad paternal con el alumnado[6].

En su niñez ya había comenzado a padecer uno de los problemas, en su salud, que habrían de afligirle a lo largo de su vida. Luego del traslado de la escuela, en 1892, al nuevo edificio levantado frente a la plaza principal, notaba:

A mí me resultaron las nuevas aulas un martirio visual, porque las ventanas que estas tenían [...] poseían celosías de madera, y cuando los rayos solares molestaba a algunos alumnos estas se cerraban, quedando los salones en penumbra. Resultando, desde esos instantes, que yo quedara inhibido de poder escribir, leer, etc., porque mi vista no me permitía ver nada[7].

Durante su adolescencia, cuando -según se estima- se ocupó de asistir a su padre en sus negocios, mantuvo un fluido contactos con los primeros pobladores de 9 de Julio, muchos de los cuales había llegado con las fuerzas militares fundacionales o poco después, y entonces ya transitaban la ancianidad. Esos testimonios orales fueron, si se quiere, el comienzo de su  prolongada tarea de recopilación de recursos y fuentes para el estudio de la historia regional.

Esos relatos, la más de las veces informales, le permitieron acercarse al pasado del lugar de una manera directa, casi vivencial; accediendo, quizá sin saberlo, a informaciones que no habría de encontrar luego en documentos escritos, después de los avatares sufridos por los pocos repositorios que existían.

Una vocación política: la antítesis de sus principios

Era aún joven, cuando se incorporó a la vida política partidaria, en el comité local de la Unión Cívica Radical. A diferencia de las personas que, en su tiempo, se encontraban vinculadas a la actividad política proselitista y partidaria, Buevantura Vita no se adecuaba completamente al ambiente que se vivía en los comités y menos aún a la violencia que solía desatarse en los días previos a los comicios o durante ellos. Era susceptible, cuando había alcanzado su madurez, a discernir por permanecer doce horas corridas en el silencio y la quietud de su biblioteca en lugar de media hora entre los jugos de azar y el bullicio de los centros de propagandismo político que imperaban entonces.

 No eran pocos, entre sus correligionarios, quienes disentían de su escasa participación en esas formas de “vida política” que manifestaba Vita, aún cuando era integrante de una lista de candidatos[8]. Aún así fue llamado por su partido para ocupar cargos de relevancia, como los de concejal  y consejero escolar.

Las elecciones del 14 de abril de 1917 le permitieron acceder por primera vez al Consejo Escolar de 9 de Julio, corporación en la que ingresó el 1º de mayo del mismo, y donde comenzó desempeñando, entre otros, el cargo de tesorero[9]. A partir de allí permaneció poco más de tres años[10], Era evidente que gozaba de cierto prestigio entre sus camaradas, pues en las elecciones de diciembre de 1918 resultó ser el candidato, para el Consejo Escolar de 9 de Julio, que más votos había obtenido[11].

En la sesión del 2 de enero de 1919, a pesar de intentar denegar el ofrecimiento, Vita fue investido como presidente del Consejo Escolar. No obstante haber insistido, el electo, en que tal cargo debía corresponderle a Alejandro Muzio, el integrante más anciano de ese cuerpo, los electores se habían ratificado en su votación[12].

Su labor en esta primera etapa fue prominente, pese a algunos contratiempos surgidos, ajenos al Consejo, pero que incidieron en el servicio. Los dos informes que dan cuenta de su gestión son una especie de escaparate que exhibe su escrupulosidad por llevar, de manera prolija, cada emprendimiento[13].

No permaneció ajeno, en efecto, de los problemas internos que se sucedieron en el comité de la Unión Cívica Radical de 9 de Julio a comienzos de la décadas de 1920. En 1923, como consecuencia de un nombramiento efectuado por el dirigente radical Eduardo A. Fauzón en la persona del escribano Esteban Dufourg, había comenzado a producirse una severa fractura en el seno del radicalismo local. Los partidarios se encolumnaron tras las figuras de Fauzón y del senador Guillermo Gougy (recibiendo las motes de “fauzonistas” y “gougynistas”) y comenzaron una lucha encarnizada que, por su magnitud y peculiaridades, encuentra pocos precedentes en otras comunidades de la provincia[14].  Buenaventura Vita adhirió a la línea “gougynista”, si bien no existen, o al menos no tenemos noticias, fuentes que prueben el grado de afección ni  los móviles que lo llevaron a elegir militar allí.

Luego de alejarse del Consejo Escolar, en diciembre de 1920, las elecciones realizadas ese mes lo llevaron a integrar el Concejo Deliberante[15], por espacio de un año, entre el 1º de enero de 1921 y el 21 de diciembre del año siguiente en que renunció.

No retornó a la función pública hasta enero de 1926, cuando fue elegido nuevamente presidente del Consejo Escolar. En este tiempo, quizá por las influencias tendenciosas que recibió de algunos de sus colaboradores y correligionarios, su actuación no fue del todo feliz. Un urticante conflicto, en particular, vino a generar tensión entre el Consejo y la Asociación de Maestros de 9 de Julio, arrastrando como victima al director de la Escuela nº 4, Enrique P. Cano, quien en algún tiempo había militado en las filas del “fausonismo”[16]. Vita, sin dudas, no pudo eludir la ingerencia política de su sector en la gestión frente a ese organismo.

En mayo de 1928,  volvió al Concejo Deliberante[17], donde permaneció hasta el 18 de septiembre de 1930, en que fue dejado cesante al ser intervenida la provincia de Buenos Aires. En ese lapso, su labor como edil fue más destacada y prolífica: Fue elegido presidente de la Comisión de Hacienda y Obras Públicas[18] y en tal condición promovió algunos proyectos interesantes[19].

La docencia y las instituciones, un breve paso

Vita había obtenido el título de Procurador Universitario Nacional, aunque fueron escasas las ocasiones en las que le cupo ejercer su profesión. La empresa de pompas fúnebres de su padre, que había administrado hasta finales de la década de 1920, le permitió formarse una posición muy solvente que se vio aún más solidificada con las rentas que recogía de sus propiedades inmuebles.

Su vida, más bien despojada de las preocupaciones económicas, le permitieron disponer del tiempo necesario para sus investigaciones históricas, de las que nos ocuparemos más adelante.

Ejerció la docencia, por breve tiempo, desde comienzos de junio de 1931, en el Colegio del Pueblo, que funcionaba en la esquina de Bartolomé Mitre e Yrigoyen, con los auspicios del comité local de la Unión Cívica Radical. La dirección del mismo estaba a cargo de su esposa, Aurea Basilide Lozza, quien escaso tiempo antes se había acogido a los beneficios de la jubilación después de ocupar la dirección de la Escuela nº 1.

Vita junto a Manuel Valenzuela tenía a su cargo la asignatura Contabilidad, en el primer curso[20].

A pesar de su temperamento un tanto retraído y adusto, siempre más dispuesto a la soledad de su estudio, prestó su participación en varias comisiones especiales. Del mismo modo, la mesa directiva del Club Atlético “9 de Julio” lo contó como decidido colaborador, tanto así que, legó como herencia su biblioteca privada a esa entidad, voluntad testamentaria que no fue cumplida.

 

- II -

ABRIR EL CAMINO: UN FECUNDO TRABAJO INTELECTUAL

Cuando Buenaventura Vita comenzó sus investigaciones tendientes a reunir testimonios, documentos, informaciones, acerca de la historia del Partido de 9 de Julio, recorría por primera vez un camino inexplorado. Hasta ese momento, los archivos existentes en la ciudad no habían sido consultados sistemáticamente con la finalidad de acometer una investigación de carácter histórico; y, de hecho, eran muy escasos los textos que circulaban impresos o publicados en prensa acera del pretérito del lugar.

Todavía menos se había hecho para preservar las fuentes, los testimonios y otros bienes culturales del pasado. Sólo el escribano Carlos Ortiz Costa, en una acción poco valorada en sus inicios, había procurado salvar objetos y documentos y ponerlos a disposición de sus vecinos: Siendo concejal había proyectado una ordenanza, sancionada el 8 de julio de 1916, por medio de la cual creaba “bajo la dirección Municipal, un Museo Histórico relacionado preferentemente con todo cuanto haya principalmente de atingencia a este Partido”[21]. Era sumamente loable la iniciativa de Ortiz Costa, pero debieron transcurrir cuatro décadas para que su anhelo comience a cobrar verdadera forma.

En cierto modo, Vita llegaba tardíamente para la consulta del archivo de la Municipalidad de 9 de Julio, cuyos volúmenes comenzó a compulsar a comienzos de la década de 1920 y volvió a revisar –esta vez con mayor rigor- a partir del 24 de agosto de 1929[22]. En julio de 1917 habían sido destruidos incontables documentos cuyo alcance temporal se ubicaba entre 1884 y 1917[23].

No menos importante fue su trabajo por reunir fuentes hemerográficas, impresos y publicaciones periódicas aparecidas en 9 de Julio desde la década de 1880. Su colección, en este sentido, adquirió una importante dimensión.

A mediados de 1919 ya demostraba su interés en la reunión de información histórica, pues había dirigido una nota al coronel Nicolás de Vedia solicitándole, presumiblemente, informaciones acerca del fundador de 9 de Julio[24]. También, en diciembre del mismo año, requería a un amigo suyo, radicado en Los Toldos, información acerca de los aborígenes de la tribu de Coliqueo[25].

Su perseverante labor le permitió formar, al cabo de algunos años, uno de los archivos particulares más copiosos en la región, que no dudaba en poner a disposición de toda persona que se lo requiriese. La minuciosidad en el registro de los datos fue una característica en el proceso de recolección de la información. Vita llevaba un cuaderno donde ordenaba el relevamiento de fuentes, el cual efectuaba en los archivos de instituciones de gestión oficiales o privada, mientras formaba un sin número de "fichas" que luego empleó para la elaboración de Crónica Vecinal de Nueve de Julio, sobre la que nos referiremos más adelante.

A fines de 1933 había adelantado notablemente el texto de su obra. Le preocupaba reunir las ilustraciones necesarias para el mismo[26] y requería a uno de sus amigos que indagara acerca de un taller gráfico apropiado para la edición en formato libro. Sobre lo último, Pedro Eppherre, antiguo vecino de 9 de Julio que se encontraba radicado en la ciudad de Buenos Aires, le escribía:

Cumpliendo su encargo visité los talleres gráficos de Porter Hnos. y otro de la calle Lavalle... Días pasados hablando con un pariente literato que piensa editar una obra, le pregunté por el precio de una edición y dice que hoy cobran barato por la falta de trabajo...[27]

Al mes siguiente, le invitaba a viajar a aquella ciudad para “activar la edición de su obra”.

Bibliófilo y coleccionista

Si bien, Vita, es reconocido por el mérito innegable de ser el primer historiador de 9 de Julio,  no debe desestimarse sus condiciones de bibliófilo, filatelista y coleccionista[28].

No podríamos afirmar acabadamente que, al comienzo del segundo cuarto de la década de 1910 y principios de la siguiente, la sociedad de 9 de Julio se constituyera en un ambiente propicio para una actividad intelectual de esa índole; o, mejor aún, que en la idiosincrasia de la mayor parte de los habitantes del lugar pudiera comprenderse o alentarse la inquietud de un vecino por conocer su historia. Si las comparáramos con la situación de otras ciudades, no eran tan relevantes las manifestaciones culturales que surgían entonces. Ocurre que, tal vez, la preocupación de aquella sociedad estaba centrada en otros intereses, la búsqueda de una consolidación definitiva, un momento en el cual se iban generando los avances en el progreso urbanístico, tecnológico y económico del lugar[29].

Esa realidad, sin embargo, no lo desalentó. No sólo formó una monumental biblioteca, sino que también la estructuró para que fuera una herramienta más en su labor. En cada uno de sus libros, folletos y otros impresos, solía colocar un sello de 4 por 7,5 centímetros, en el cual anotaba la signatura topográfica del ejemplar (número de registro, sala, biblioteca, estante, tabla, materia), de modo que le resultara simple devolverlo al lugar donde correspondía.

Aún se conserva un pequeño dossier titulado "Guía de clasificación de la biblioteca de B. N. Vita", por medio del cual es factible conocer la organización de su acervo[30]. En este caso particular, la biblioteca se hallaba ordenada a partir de cinco clases  temáticas o posiciones: I. Generalidades, II. Ciencias, III. Letras, IV. Artes, y V. 9 de Julio. Más tarde, agregó una sexta, denominado "Provincia de Buenos Aires", donde agrupó las constituciones provinciales, leyes y otros diversos volúmenes. En el título correspondiente a "9 de Julio" había ubicado correspondientemente documentos originales, impresos y publicaciones sobre "periodismo local", "partidos políticos locales", "comisiones-juntas-gobiernos locales", "balances", "ordenanzas-decretos-memorias", "estatutos-reglamentos", "asuntos personales", "censos-estadísticas", "planos y cartografía local", "publicaciones oficiales", "correspondencia particular-postales diversas" y "correspondencia sobre asuntos públicos personal"[31].

En lo que respecta a su búsqueda de vestigios históricos de orden documental, como así también las colecciones numismática, medallístico e iconográfica, todas alcanzaron importante dimensión y puede sostenerse que, a lo menos cuarenta años de su vida, fueron dedicados al cuidado y al incremento de esas piezas.

Los Concursos de 1936 y 1947

En marzo de 1936, Buenaventura Vita fue invitado a participar del primer “Concurso de Monografías sobre la Historia de los Pueblos de la Provincia de Buenos Aires”, organizado por el Archivo Histórico de la misma provincia y dispuesto por decreto del 7 de febrero de ese año. Si bien la fecha límite para la presentación de los trabajos era el 1º de julio, se apresuró a enviar los siete primeros capítulos de su obra completa, ya que uno de los requisitos era que los textos no excedieras las 150 páginas.

El título elegido para su monografía fue, como se verá, Crónica Vecinal de Nueve de julio. 1863-1870.

El 19 de junio, la auxiliar principal del Archivo Histórico, Guillermina Sors de Tricerri, recibía el paquete con el original y sus copias, de manos del sobrino del autor, Oscar Luchini, quien se encontraba radicado en La Plata. Al día siguiente, el secretario de esa institución, Rogelio Soria, se dirigía a Vita informándole que debía adecuar su presentación al reglamento del concurso, en lo que respecta al uso de la firma con pseudónimo[32]. Sin embargo, cuando su sobrino Oscar regresó al Archivo, en la tarde del 24 de junio, halló otras dificultades, entre las que resaltaban las inadecuadas dimensiones y los errores de tabulación en las páginas:

Hablé con el secretario –comenta Oscar Luchini a su tío-, el que me dijo que tu trabajo no se hallaba en condiciones reglamentarias pero que lo dejara. También me pidió que dijera que él te daba la seguridad que el trabajo sería considerado por los jurados que es lo que a vos más te interesaba... En las condiciones que está el tuyo hay otros tantos[33].

Empero no haberse ajustado la monografía a las normas fijadas para el diseño de la misma, el 17 de julio de 1936 fue seleccionada entre las mejores. El jurado, presidido por el doctor Ricardo Levene, director del Archivo Histórico de la provincia; el profesor Carlos Heras, presidente del Centro de Estudios Históricos de La Plata; Enrique Udaondo, director del Museo Histórico de Luján; el profesor Alberto Palcos, director de la Biblioteca Pública de la Universitad platense; el doctor Manuel M. Eliçabe, presidente del Círculo de Periodistas de la provincia; y ingeniero José Luis Burgüeño, director del Geodesia, recomendó la publicación de diez de las veintisiete obras presentadas, entre las cuales se encontraba Crónica Vecinal de 9 de Julio[34].

En la tarde del viernes 11 de septiembre de 1936 tuvo lugar la entrega de los diplomas a quienes habían participado del Concurso. Vita, quien no asistió a ese acto, se excusó en una nota dirigida al doctor Levene, a la vez que le solicitaba la remisión de su monografía para efectuarle nuevas correcciones.

A partir de esa fecha se ocupó de buscar las ilustraciones que aún no poseía, para insertar en la publicación que efectuaría, de su monografía, el Archivo Histórico.

Del mismo modo, se encaminaba hacia la conclusión de su opera omnia, con límite (¿parcial?) en 1900; y, a la vez, requería la colaboración de su amigo Eppherre para que le tomara apuntes en la hemeroteca de la Biblioteca Nacional.

La muere de su hijo César Augusto, ocurrida en la madrugada del 15 de julio de ese año, había afectado muy hondamente su ánimo, lo cual se sumaba a los pesares que le causaba una grave enfermedad. Aún así, poco a poco, fue hallando un refugio, cada vez más intenso, en su trabajo historiográfico. En una carta al doctor Tomás D. West, le explicaba:

La obra completa que tengo en preparación e interumpió por ahora la muerte de “Petete”  [apodo con que llamaban a su hijo], que me dejó sin voluntad para nada, abarca del 63 al 900...

La obra es muy amplia, abarcará unas 750 páginas [...] pero no será editada hasta después que aparezca la edición del Archivo[35].

La fecha de conclusión del original mecanógrafo completo de su Crónica Vecinal, para el período temporal 1863-1900, lleva fecha 26 de octubre de 1936.

La monografía premiada en el Concurso de 1936 fue enviada al Taller de Impresiones Oficiales de la provincia a fines de julio del año siguiente[36]. En octubre, el historiador nuevejuliense, corregía las pruebas de imprenta[37] y en el primer cuarto del año siguiente el libro veía la luz, con el número XIV de la serie de publicaciones del Archivo, denominada “Contribución a la historia de los pueblos de la Provincia de Buenos Aires”.

El trabajo de Buenaventura Vita prosiguió tan dinámicamente como hasta entonces. Mantenía una fluida correspondencia con otros historiadores de la región, colaboraba en algunas publicaciones y se ocupaba de continuar nutriendo su valioso archivo.

En 1947 el Archivo Histórico de la provincia, organizó el “Segundo Concurso de Monografías inéditas sobre la historia de los pueblos”. En agosto recibía las Bases organizativas del mismo y el 24 de octubre remitía “un paquete conteniendo seis ejemplares de [...] ‘Crónica Vecinal de Nueve de Julio. 1871-1877’” que había “preparado para intervenir en el Segundo Congreso...”[38].

Esta vez había elegido participar con una “segunda parte” de su trabajo, nuevamente siete capítulos. Al principio había elegido el pseudónimo de “Claflaquen” para firmarlo, pero como ello no era requisito en el reglamento, optó por utilizar su nombre.

La Crónica  de Vita volvió a ser escogida, entre las mejores, con recomendación del jurado para su publicación. Pero, lamentablemente, aún permanece inédita.

Su participación en el Congreso de Historia de 1950

Entre el 25 y el 28 de septiembre de 1950, impulsado por el Archivo Histórico de la provincia tuvo lugar en La Plata el “Primer Congreso de Historia de los Pueblos”, que fue presidido por el doctor Ricardo Levene, y cuya organización había comenzado promediando el año anterior.

En marzo de 1950, Vita fue informado por el doctor Levene acerca de la realización del Congreso, a la vez que le requería el envío de “sugerencias y un informe sobre el estado de la documentación existente en los archivos locales [...] y los lugares y monumentos históricos del distrito”[39].

El nuevejuliense atendió la solicitud con particular diligencia. Pues, según puede deducirse de un texto que se encuentra al reverso de la  citada misiva, el 6 de mayo (“a las 16:20”) estuvo en la “Intendencia”; tres días más tarde, en la “Comisaría”; y el “12 de mayo en iglesia”, examinando los archivos o recogiendo información sobre ellos. Poco después remitió el Informe sobre el estado de los Archivos locales y, en la carta con que lo acompañó, sugería la iniciación de “un movimiento” que fomentada la preservación del material histórico-documental, aludiendo:

... nuestros abuelos en esto, tenían comprensión y conciencia de lo que significaba para el futuro, la conservación del acerbo documental, en vista al futuro[40].

Vita había conocido personalmente algunos casos de destrucción de documentación. En su archivo reunió una parte de los documentos que pertenecieron a la Sociedad Italiana de Socorros Mutuos, de la cual su padre había sido fundador y presidente de la comisión directiva; pues, en cierta ocasión había encontrado al gerente de esa institución destruyendo papeles antiguos de manera indiscriminada.

El Informe fue publicado en las memorias del Congreso y daba cuenta del estado de los archivos de la Municipalidad de 9 de Julio, la parroquia, el Juzgado de Paz y la Comisaría de Policía:

El Archivo Municipal no se encuentra organizado, estando únicamente clasificada la documentación antigua desde 1886, y puesta en biblioratos a principios del siglo actual, la que alcanza hasta 1883 ó 1884, documentación que conozco en sus más mínimos detalles por haberla estudiado a toda ella en 1921. Existen varios libros copiadores de esa época con anotaciones diversas sobre la administración municipal. Con referencia al lapso 1884-1917 se puede decir que no existe nada, porque en julio de 1917, las autoridades de ese entonces, destruyeron la documentación correspondiente, haciéndola sepultar en un pozo de balde que existió en el patio del edificio municipal.

Existe el Archivo Parroquial con su correspondiente índice general de los registros parroquiales desde la creación en 1868 de la parroquia. Según me informó el teniente cura, desde principio de siglo forma parte del mismo la colección de la Revista Eclesiástica. 

Desde que se separaron las funciones de Juez de Paz de las de Presidente de la Municipalidad y el Juzgado de Paz se instaló en su local propio, tiene archivo, y actualmente se halla organizada toda su documentación hasta 1949, por años, con sus correspondientes índices.

Se informó que toda la documentación que había en la Comisaría, anterior a 1940, fue incinerada, no existiendo actualmente, empaquetadas, más que las órdenes del día, de los años posteriores hasta la fecha[41].

El 4 de septiembre, el doctor Levene le notificaba oficialmente que había sido designado miembro titular en el Congreso. No fue el único nuevejuliense en asistir, también lo hizo, en carácter de delegada de la Comuna, la docente Juana Elías de Mascheroni[42].

Antes del ocaso

Los últimos años en la vida de Buenaventura Vita no permanecieron ajenos al estudio del pasado de su pueblo. A pesar de que sus fuerzas tendían a doblegarlo proseguía su labor con entusiasmo.

Poco menos de un año antes de su muerte encontró un amigo que poseía comunes inquietudes, el padre Meinrado Hux, un monje suizo del Monasterio Benedictino de Santa María, en Los Toldos, de quien huelga realizar comentarios acerca de su eximia obra. El 26 de agosto de 1953, Hux le había solicitado, en préstamo, un ejemplar de su Crónica Vecinal y, desde entonces, surgió una rica correspondencia epistolar entre ambos, ocasiones en las cuales intercambiaban datos, libros y múltiples comentarios. En esas cartas es destacable observar que los años no habían apagado el ímpetu y la avidez por el saber.

Vita visitó al padre Hux, en su monasterio, el 4 de noviembre del mismo año y el segundo devolvió la atención el 5 de enero del  año siguiente y lo continuó visitando un poco más adelante: “Cada vez -recuerda Hux- que lo visitaba era una charla histórica, nos encontrábamos en nuestro tema, él con su 9 de Julio, yo con Los Toldos y los indios. Tanta confianza me tenía que abría, ante mi, su caja de seguridad, donde conservaba sus manuscritos, los cuales me prestaba para llevar a casa y tomarle notas”[43]. Esa amistad se mantuvo hasta la muerte de Vita, ocurrida en la noche del 20 de junio de 1954[44].

Lo que más me alegra –añade el padre Hux- de nuestra amistad y comunicación es que pude ayudarlo, en su última enfermedad, a prepararse...

Cuando supe que estaba gravemente enfermo fui a visitarlo. Conversamos un buen rato y al final le dije a la esposa que deseaba halar a solas con él... Le pregunté si estaba dispuesto a hacer la confesión, que yo era un sacerdote y podía brindarle ese servicio sacerdotal... Estaba lo más dispuesto, no tuvo ningún reparo, realmente abrió su corazón y yo él mío...

Lo he considerado como un buen amigo, más bien un padre[45].

 

- III -

SU OBRA

Quien pretenda realizar un estudio de la obra de Buenaventura N. Vita, deberá formularse, sin dudas, una pregunta inicial: ¿Es posible determinar la totalidad del trabajo de este autor?. De inmediato hallará el primer escollo: los límites temporales de su trilogía más importante, Crónica Vecinal de Nueve de Julio.

Como dijimos, en la actualidad pueden hallarse dos versiones incompletas de ella, cuyo período de estudio comprende 1863-1900, con un completo apéndice de autoridades oficiales hasta 1930. Pero, con todo, hay quienes sostienen que había escrito su Crónica con continuidad hasta 1930, de cuya existencia no tenemos noticias. Lo cierto es que, entre sus papeles, exceden las fichas de regesta con datos sobre hechos, estadísticas y otros aspectos del siglo XX.

Acaso, ¿después de haber finalizado esa parte de su obra en 1936, en  los poco más de tres lustros que le restaron de vida, no continuó escribiendo su obra,, incrementando el alcance temporal y sobrepasando el comienzo del siglo XX?. No lo sabemos con certeza.

Crónica Vecinal de Nueve de Julio

Los treinta y siete capítulos de Crónica Vecinal de Nueve de Julio. 1863-1900, que conocemos, en un principio los consideramos la primera versión de su obra, pero hoy es factible inferir que se trata de una versión más tardía, que en adelante la distinguimos así. La que Vita concluyó en octubre de 1936 estaba formada por treinta y ocho capítulos, pero de ella sólo se tienen fragmentos. En ambas versiones -así como en otra aún más incompleta, que aquí no tendremos en cuenta en razón de las limitaciones de espacio- se observa una estructura homogénea y semejante.

Es de notar que en todos los casos, aún en las monografías presentadas para los concursos de monografías, el autor omite añadir una introducción y una conclusión.  También, en el texto de 1936, se advierte la existencia de escasas notas y citas, a diferencia de la versión tardía y de la monografía premiada en el primer concurso.

En la primera parte de la obra, Crónica Vecinal de Nueve de Julio. 1863-1870, que editó el Archivo Histórico de la provincia en 1938, como en los capítulos restantes inéditos, las fuentes primarias mayormente citadas corresponden al archivo de la Municipalidad de 9 de Julio. Esto permite suponer que el autor no conoció, por lo menos entonces, el contenido de otros repositorios importantes: el Archivo del Estado Mayor General del Ejército, el Archivo Inédito del General Mitre, el Archivo Histórico de la provincia y el Archivo General de la Nación.

En la bibliografía citada en la edición de 1938 aparece un título que, para ese entonces, ya parecía ser “raro”: "Episodios del Ejército Viejo", escrito por el teniente coronel Dolveo Guevara, quien había participado en la fundación del campamento y del pueblo de 9 de Julio.

Cuando estaba preparándose la impresión de Crónica Vecinal... 1863-1870, Guillermina Sors de Tricerri se dirigió a Vita solicitándole le enviara, para completar las citas de su monografía, la fecha y lugar de impresión de Números y Líneas del Ejército Argentino, de Adolfo Saldías y de Episodios del Ejército Viejo[46]. Evidentemente, si esta última hubiera resultado conocida o de consulta corriente, la auxiliar principal del Archivo Histórico no hubiera recurrido al autor requiriéndole esos datos[47]. Por otro lado, en 1941, el historiador  Carlos A. Grau escribió a Vita pidiendo le informara el lugar donde había consultado el libro de Guevara: "...no lo he podido hallar en las librerías ni en las Bibliotecas Nacional de Buenos Aires y de la Universidad de La Plata..."[48].

El empleo del testimonio oral, como fuente, cobra relevancia a lo largo de los treinta y ocho capítulo la opera omnia de Vita. Sin que le resulte imprescindible citarlos, ha recogido múltiples testimonios de vecinos del lugar, incluso de su padre. Así pues aparecen dos indicaciones explícitas en varias partes del texto.

Mejor aún, el relato de acontecimientos sucedidos en 1898 y 1899, lo acrecienta sus vivencias personales.

No en desmedro de otros aspectos del amplio contexto histórico, dio especial importancia, a las cuestiones políticas y, del mismo modo, a las particularidades de la vida partidaria en las diferentes corrientes. Tan preciso intentó ser en la presentación de esos acontecimiento que optó por omitir todo juicio al respecto. Son muy escasas las opiniones, de carácter personal, que aún como obligado protagonista, efectúa. Las escasas y muy recatadas apreciaciones que deja escapar, apartándose del narración fáctica, no alcanzan a formar una idea sobre la orientación que podría tener su análisis crítico. No obstante no creía en la ingenuidad de las fuentes. Cuando consultaba o transcribía un documento solía, aunque no directamente en su obra, manifestar su apreciación sobre la autenticidad o la tendenciosidad del contenido, usando un lenguaje franco y directo. En una ocasión localizamos una nota marginal de su puño y letra, en el texto del acta de una sesión del Concejo Deliberante,  donde luego de explicar el “error” que había encontrado concluía: “¡así se macanea!”.

Datos estadísticos y acerca de la demografía del Partido de 9 de Julio aparecen reiteradamente a lo largo de su Crónica. Empleaba, al parecer, dos fuentes esenciales: El archivo de la parroquia de 9 de Julio (hoy catedral), hasta 1889 y el de la delegación del Registro Provincial de las Personas, para los años sucesivos. También se advierte el uso de los cuadros descriptivos divulgados por la Revista de Educación, publicación oficial del Consejo General de Educación de la Provincia, entre más.

También recoge los datos de los dos censos nacionales, de 1869 y 1895, y del provincial de 1881.

Ante las limitaciones de carácter documental que podía hallar o frente a la ausencia de archivos institucionales, no escatimó en mencionarlos, destacado que si no daba más noticias acerca de tal o cual hecho se debía a la inexistencia de fuentes. Ese es, en efecto, el caso de la fundación y el protagonismo de la Logia “Igualdad” de 9 de Julio, erigida en 1878, de la cual Vita no disponía más que unos pocos datos. Reclamaba, en dos ocasiones, por el esclarecimiento del destino que habían tenido los archivos de ese taller masónico.

Trabajos menores

No resulta simple discernir la cantidad de obras o proyectos de trabajo que Vita efectuó a través de un tiempo tan prolongado. En 1956 su esposa donó su rico archivo a la comisión que trabajaba en la organización del Archivo y Museo Histórico. Tristemente, el tratamiento que, a lo largo de las décadas siguientes, recibió esa documentación, causó la pérdida de varias unidades documentales, muchas de las cuales ni siguiera se tiene conocimiento acabado. En consecuencia,  no es desestimable suponer que podrían haber existido otras obras inéditas menores escritas por este investigador.

De cuanto existe actualmente, sobreabundan un conjunto de sueltos manuscritos, apuntes borradores y otras anotaciones diversas[49], que no insinúan una completa unidad para considerar otros escritos monográficos o ensayos ulteriores. Sin embargo, se distingue un esbozo cronológico titulado El Arte teatral y circense. Sus manifestaciones artísticas en Nueve de Julio 1883-1910, el cual lleva fecha 8 de junio de 1938.

De El Arte teatral y circense, su autor preparó un original y dos copias, que conservó juntas[50]. De estructura netamente cronológica, permanecieron casi olvidadas  hasta 1972 en que la profesora Elina Lidia Maldonado incluyó, el texto completo, en su Nueve de Julio (Pcia. de Bs. As.). Educación y Cultura, que presentó ante el Sexto Concurso de Monografías organizado por el Archivo Histórico de la Provincia de Buenos Aires[51].

Su opúsculo Remembranzas, del cual citamos algunos párrafos más atrás, es un texto menos formal, donde la evocación y el recuerdo personal ocupa un espacio central. Sus veinte páginas aproximan al lector a la vida estudiantil de una escuela de enseñanza elemental, en el primer quinquenio de la década de 1890.

Algunos artículos suyos aparecen publicados en un álbum que el periódico “El Orden” editó en 1938. En esa publicación, Vita había colaborado con el aporte de buena cantidad de fotografías.

Valoración de su obra

Más allá de todo cuanto se puede afirmar a respecto de este tema, en una breve reflexión final, deseo apenas traer la idea de un camino que se abre, se despeja, al estudio de la historia de 9 de Julio y su región, a partir de la obra de Buenaventura N. Vita. Difícilmente se podría estudiar ese pretérito sin recurrir a su Crónica Vecinal, a sus apuntes o a sus libros.

Otra noción que deseo rescatar, como modesta aportación, es la claridad con que, el autor, ha presentado cada uno de los acontecimientos, más allá de las limitaciones ya enunciadas. En cierto modo, como decía el filósofo Michel Barat al presentar un libro de su par, Henry Tort-Nougès, “la claridad de su lenguaje no sólo elimina dificultades de acceso sino que además reviste a la argumentación y a la exposición de toda la fuerza de la nitidez...”.

Por lo demás, no formularé aquí una conclusión, que me sometería a la enunciación de una idea definitiva. Dejemos, pues, que investigaciones más lúcidas y profundas nos adentren al universo de la obra de Buenaventura Vita, el primer historiador de 9 de Julio.

 

NOTAS



[1] HERNAN DIAZ ARRIETA (comp.), Arte de la Biografía, Buenos Aires, W. M. Yackson inc., 1948, pág. xxxv.

[2] Cfr. BUENAVENTURA N. VITA – ESTHER O. VITA, Efemérides de las Familias de Buenaventura N. Vita y Aurea B. Lozza de Vita, inédito (original, actualmente en poder de las familia De la Plaza-Luchini, 9 de Julio).

[3] Cfr. Archivo de la Catedral de 9 de Julio, 9 de Julio (en adelante, A.C.), Libro de Matrimonios del Partido del Nueve de Julio, 1881, folio 18.

[4] A.C., Libro de Bautismos del Partido de Nueve de Julio, 1884, nº 12, folio 646

[5] BUENAVENTURA N. VITA, Remembranzas, 9 de Julio, 22 de junio de 1941, inédito, pág. 14 (el texto original se conserva en el archivo de la Escuela nº 1, 9 de Julio) .

[6] Ibidem, pág. 15.

[7] Ibidem, pág. 16

[8] Testimonio de Enrique Gornatti, vecino de 9 de Julio, recogido por el autor el 26 de septiembre de 1996.

[9] Archivo del Consejo Escolar de 9 de Julio, 9 de Julio (en adelante, A.C.E.), Libro de Actas del Consejo Escolar de Nueve de Julio. 1918-1974,  folio 2.

[10] Cfr. Archivo de la Municipalidad de 9 de Julio, 9 de Julio (en adelante, A.M.), Libro de Actas del H. Concejo Deliberante, nº 5, folio779. Nótese que la signatura topográfica de los documentos citados para el Archivo de la Municipalidad de 9 de Julio corresponden a consultas realizadas entre 1992 y 1993.

[11] A.M., Libro de Actas del H. Concejo Deliberante, nº 6, folio 66.

[12] A.C.E., Libro de Actas..., cit., folio 12s.

[13] El textos de los informes de gestión del Consejo Escolar de 1919 y 1920, respectivamente, se encuentran en: A.C.E., Libro de Actas..., cit., folios 65-86 y 111-120.

[14] Mayores detalles acerca de ese tema véanse en: Entrevista radial de José Manuel Groesman a Vicente Galluppi di Cirella, periodista y director del periódico “El Porvenir”. Programa radial “Vivencias”, 9 de Julio, 19 de febrero de 1994 (existe grabación completa, en audio cassette, dos cintas).

[15] A.M., Libro de Actas..., nº 6, cit., folio 249. Véase también: “El Orden”, nº 8, 9 de Julio, 27 de diciembre de 1920.

[16] Testimonio de Eduardo Nicolás De Risio, amigo del profesor Enrique Cano, recogido por el autor el 5 de diciembre de 1996 (en audio cassette, una cinta). Acerca del conflicto aludido ver: “El Gráfico”,  nº 23, 9 de Julio, 4 de septiembre de 1928; nº 24, 9 de Julio,11 de septiembre de 1928 y nº 25, 18 de septiembre de 1928. Desde una perspectiva opuesta también pueden consultarse los volúmenes correspondientes a 1927 y 1928 del periódico “El 9 de Julio”.

[17] Cfr. “El 9 de Julio”, nº 2641, 9 de Julio, 20 de mayo de 1928.

[18] A.M., Libro de Actas del H. Concejo Deliberante, nº 9, folio 1.

[19] Cfr. Ibidem, folios 5-7, 14s., 20-21, 29s., 53s., 60, 65, 90, 127, 130s., 138s., 143-147, 150, 158, 165, 166, 168s., 189, 216, 

[20] “El Gráfico”, nº 908, 5 de junio de 1936, pág. 1.

[21] Archivo de la Asesoría Legal de la Municipalidad de 9 de Julio, Libro de Ordenanzas, nº 5, folio 59.

[22] Archivo y Museo Histórico “Gral. Julio de Vedia”, 9 de Julio, Área Archivística (en adelante, A.M.H.), Fondo “Buenaventura N. Vita”, cuerpo 4, Registro de los libros compulsados, manusc., pág. 1.

[23] ARCHIVO HISTORICO DE LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES, Primer Congreso de Historia de los Pueblos de la Provincia de Buenos Aires. Reunido en los días 25 a 28 de setiembre de 1950, en homenaje al Libertador General San Martín, Eva Perón (La Plata), Dirección de Impresiones Oficiales, 1951, tomo I, pág.  293.

[24] A.M.H., Fondo “Buenaventura N. Vita” (en adelante, F.B.N.V.), cuerpo 4, Leg. Correspondencia sobre la Crónica Vecinal y Asuntos Históricos: Tarjeta de Nicolás de Vedia a Buenaventura Vita, Buenos Aires, 21 de septiembre de 1919.

[25] A.M.H., F.B.N.V., cuerpo 4, Leg. Correspondencia..., cit.: De Carlos Saint a Vita, General Viamonte, 17 de diciembre de 1919.

[26] Cfr. A.M.H., F.B.N.V., cuerpo 4, Leg. Correspondencia..., cit.: De Gustavo Pastorino a Vita, Pehuajó, 11 de septiembre de 1933 y De Ventura Vita a su primo Buenaventura Vita, Salliqueló, 30 de septiembre de 1933.

[27] A.M.H., F.B.N.V., cuerpo 4, Leg. Correspondencia..., cit.:  Nota datada en Buenos Aires, 19 de febrero de 1934.

[28] HECTOR JOSE IACONIS, “Mil años en cuatro décadas”, en “El 9 de Julio”, 9 de Julio, 22 de enero de 2004, pág. 9.

[29] Ibidem.

[30] Guía de clasificación de la Biblioteca de B. N. Vita. S.l.,  S.e.,  S.f., 12 págs., 23 x 14 cm. Mecanógrafo. Doble interlínea. Tinta negrea y rija con agregados manuscritos. Encuadernación de Buenaventura N. Vita. Signatura topográfica: A.M.H., F.B.N.V., cuerpo 4, cajón 1, nº 1

[31] Cfr. IACONIS, loc. cit.

[32] A.M.H., F.B.N.V., cuerpo 4, Leg. Correspondencia..., cit.: De Rogelio Soria a Vita, La Plata, 20 de junio de 1936.

[33] A.M.H., F.B.N.V., cuerpo 4, Leg. Correspondencia..., cit.

[34] Cfr. “La Nación”, Buenos Aires, 21 de julio de 1936, pág. 1. También: “El Tribuno”, 9 de Julio, 23 de julio de 1936, pág. 1 y “El Tribuno”, 6 de octubre de 1936, pág. 1.

[35] A.M.H., F.B.N.V., cuerpo 4, Leg. Correspondencia..., cit.: Carta datada en 9 de Julio, el 14 de septiembre de 1936.

[36] A.M.H., F.B.N.V., cuerpo 4, Leg. Correspondencia..., cit.: De Rogelio Soria a Vita, La Plata, 28 de julio de 1936.

[37] A.M.H., F.B.N.V., cuerpo 4, Leg. Correspondencia..., cit.: De Vita a Soria, 9 de Julio, 26 de octubre de 1937 (copia).

[38] A.M.H., F.B.N.V., cuerpo 4, Leg. Correspondencia..., cit.: Copia de la nota dirigida al director del Archivo Histórico de la provincia.

[39] A.M.H., F.B.N.V., cuerpo 4, Leg. Correspondencia..., cit.: Del director del Archivo Histórico a Vita, La Plata, 28 de marzo de 1950.

[40] A.M.H., F.B.N.V., cuerpo 4, Leg. Correspondencia..., cit.: De Vita al doctor Levene, 9 de Julio, 16 de mayo de 1950 (copia).

[41] ARCHIVO HISTORICO DE LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES, op. cit., pág. 293s.

[42] (1905-1967). Reconocida historiadora, docente y museóloga, a quien se debe, ante todo, la organización del fondo documental de la Municipalidad de 9 de Julio, en la década de 1950. En diciembre de 2006, publicado por el Grupo Editor “K”, vio la luz una parte de su obra, con el título de Origen y fundación de 9 de Julio (102 págs.).

[43] Testimonio del  padre Meinrado Hux, recogido por el autor en la Abadía Benedictina de Los Toldos, el 23 de noviembre de 1996 (en audio cassette, una cinta).

[44] Archivo de la Delegación de la Dirección Provincial del Registro de las Personas, 9 de Julio, Libro de Defunciones. 1954, folio 108. Véase también “El 9 de Julio”, nº 4446, 24 de junio de 1954.

[45] Testimonio del  padre Meinrado Hux, cit.

[46] A.M.H., F.B.N.V., cuerpo 4, Leg. Correspondencia..., cit.: De Guillermina S. de Tricerri a Buenaventura Vita, La Plata,  el 8 de noviembre de 1937.

[47] IACONIS, “Un curioso ejemplar en la biblioteca del historiador”, en “El 9 de Julio”, 17 de enero de 2003, pág. 4. Artículo publicado on-line en http://archivum-historicum.blogia.com

[48] A.M.H., F.B.N.V., cuerpo 4, Leg. Correspondencia..., cit.: De Carlos Grau a Vita, La Plata, 25 de marzo de 1941.

[49] Véanse, entre otros, los existentes en A.M.H., F.B.N.V., cuerpo 4, cajones 2, 3, 4 y siguientes.

[50] En nuestros días, se conservan en el Archivo y Museo Histórico de 9 de Julio. El original: VITA, Buenaventura Noé, El Arte teatral y circense. Sus manifestaciones artísticas en Nueve de Julio 1883-1910, S.l., 8 de junio de 1938,   18 págs., 23 x 16,5, mecanógrafo, doble interlinea, tinta negra, con agregados manuscritos del autor en lápiz (costura original con hilo, encuadernación del autor), en A.M.H., F.B.N.V, cuerpo 4, cajón 1, nº 4. Las copias: * VITA, Buenaventura Noé. El Arte teatral y circense. Sus manifestaciones artísticas en Nueve de Julio 1883-1910, S.l., 8 de Junio de 1938, 17 págs., 23 x 16,5 cm., mecanógrafo, doble y simple interlinea, tinta negra, copia carbónica (costura original con hilo, encuadernación del autor), en A.M.H., F.B.N.V, cuerpo 4, cajón 1, nº 5 y ** VITA, Buenaventura Noé. El Arte teatral y circense. Sus Manifestaciones artísticas en Nueve de Julio 1883-1910.            S.l., 8 de Junio de 1938, 17 págs., 21,5 x 16 cm, mecanógrafo, doble y simple interlinea, tinta negra, copia carbónica (encuadernación del autor con broches), en A.M.H., F.B.N.V, cuerpo 4, cajón 1, nº 6.

[51] Véanse las págs. 45-55.

Las primeras industrias y la energía eléctrica en los orígenes de 9 de Julio

 * Por Héctor José Iaconis.

El29 de abril de 1852, en el periódico Los Debates, el general Bartolomé Mitre se refería al problema de las fronteras con al aborigen, que consideraba “una de las herencias que nos ha dejado la dictadura”[1]. En el prolongado artículo aprovechaba para explicar su pensamiento, a ese respecto. Sugería, así, el establecimiento de “colonias militares ganando terreno sobre los salvajes[sic]”[2], y el empleo de los efectivos de la milicia para los trabajos públicos en aquellos lugares donde se hallaban acantonados, entre otros aspectos.

En octubre de 1862, el general Mitre fue elegido presidente de la República. La seguridad de las fronteras, de la campaña de la Provincia, se convirtió en un proyecto esencial, entre los que se propuso desde el principio de la gestión. Ese proyecto encontró  acogida y solicitud en su ministro de Guerra y Marina, general Juan Andrés Gelly y Obes.

La consecuencia inmediata es la expedición de Julio de Vedia contra los ranqueles, realizada a fines de 1862 y principios de 1863. Las tropas llegaron hasta Leuvucó y Trenel y provocaron la desbandada de los indígenas que no pudieron evitar la perdida de por lo menos 50 hombres[3].

El comandante de Vedia, hermano político de Mitre, revistaba como jefe de la Frontera Oeste, con asiento en Bragado, desde mayo de 1860[4]. No obstante,  su expedición a los ranqueles no había resultado del todo efectiva,  significaba la “penetración más profunda al corazón de la pampa hasta entonces”[5].

En mayo de 1863, de Vedia recibía la efectividad en el rango de coronel[6].  El doctor Zevallos parece dar a interpretar que ese ascenso era una forma de recompensa por aquella campaña, a la cual denomina “sableada feliz en medio de tantas derrotas[7]”... Hoy podemos permitirnos dudar de ello.

La fundación de un pueblo, en Cla Lauquen

Ciertamente, con bastante anticipación a la fecha concreta de fundación, el coronel de Vedia, proyectaba establecer la comandancia en un punto más alejado, el lugar denominado “Tres Lagunas” (Cla Lauquen), como una manera segura de avanzar fuera de la línea de frontera. De hecho, en diciembre de 1860 había solicitado en arrendamiento “un terreno de propiedad pública, afuera de fronteras”[8], con intención de poblarla.  Dos años más tarde la mensura fue diligenciada por el agrimensor Miguel Vaschetti[9] quien, al tiempo, realizaba otras en las inmediaciones del paraje[10].

Algunos planos de comienzos de 1863 ya versan la inscripción “Fortín proyectado por el Coronel de Vedia para establecer en él la Comandancia del Centro”, en la zona de Cla Lauquen.  En un plano fechado el 20 de agosto de 1863, se encuentra trazado algo así como el proyectado ejido de un pueblo, con la inscripción “Nueve de Julio (Comandancia del Centro)”[11]. Estos, como otros indicios, dan lugar a comprender acerca la antelación con que el jefe de frontera preveía la nueva ubicación del campamento militar, y la creación del pueblo[12].

Hacia la mañana del lunes  26 de octubre de 1863, el coronel de Vedia marchó con rumbo a “Tres Lagunas”. Movilizaba consigo 2 jefes y 11 oficiales de la comandancia; 2 jefes, 20 oficiales, 260 soldados de tropa y 87 familias, del Regimiento 5º de Caballería; 2 jefes, 15 oficiales, 213 soldados y 38 familias, del Batallón 9º de Infantería; 2 oficiales y 87 soldados de una compañía de Guardias Nacionales; 5 oficiales y 100 soldados, de las 1ª y 2ª compañías del Regimiento 7º; 3 oficiales y 108 soldados, del Regimiento 18º; 13 oficiales, 104 soldados y 190 familias, de las tribus de Melinao y Rondeao; y 1 coronel graduado y 14 oficiales, de la tribu de Coliqueo[13]. Parte de esas fuerzas provenía desde Bragado y otras se hallaron acantonada en 25 de Mayo y en los fortines “El Mangrullo”, “Baldebenito” e “Hinojo”.

Al día siguiente, acamparon “al oeste de la laguna central de las Tres Lagunas[14]. Emilio Carballeda, uno de los civiles que arribó con las tropas, considerado “el primer comerciante”, relató parte de aquella experiencia en las ediciones del periódico “El Porvenir”, entre julio y agosto de 1903:

 

El coronel don Julio de Vedia, estableció su campamento circundando la laguna principal, punto estratégico, seguramente, que estorbaba a los Indios salvajes, que a continuo invadían los partidos de 25 de Mayo y Bragado. Servirle de apostadero para, después de sus largas jornadas, dar descanso a la caballada por algunos días, en un campo abundante de buenos pastos, como ser gramilla fina, trébol de olor, cebadilla y agua dulce. 

No era, pues, extraño, que disipando este paraje, solamente de diez o doce leguas de los partidos designados, los Indios invasores, en menos de una noche de marca, efectuaran en la madrugada sus malones, cautivando mujeres y niños, y llevándose las haciendas que encontraban en sus irrupciones[15].

 

En los días inmediatos, el coronel de Vedia ordenó la materialización de los primeros trabajos, a fin de  que, de ser necesario realizar cualquier movimiento, “pueda quedar aquí un piquete con toda seguridad”. En efecto, al cuarto día ya se había construido “un potrero para la hacienda, y el cuadro”[16].

De Vedia, comunicó de inmediato el general Gelly y Obes la nueva situación del campamento, explicando que había dispuesto para él la denominación de “Nueve de Julio”. El 3 de noviembre,  Gelly y Obes se dirigía al gobernador de la Provincia, Mariano Saavedra, para informar, entre más, que habiendo sido ocupado “el punto denominado Tres Lagunas”, “un gran número de vecinos solicitan formar un pueblo”. Al día siguiente, el gobernador contestaba al ministro, “persuadido de la conveniencia de fundar el mencionado pueblo en el paraje indicado”, tomaría “las medidas necesarias para la más pronta realización de su pensamiento”[17].

De esa forma, fueron sentadas las bases fundacionales del pueblo. Una comandancia militar que se adelantaba, conquistando un trozo más de tierra al aborigen, en un desierto poblado de vida.

Las primeras industrias

La necesidad de dar abrigo a la tropa y el proyecto de establecer el pueblo de modo definitivo motivó a de Vedia para contratar dos horneros poco antes de partir de Bragado. Aún así, los hornos de ladrillos no se levantaron inmediatamente, pues carecían de las herramientas manuales necesarias.

Las obras iniciales debieron realizarse con cierta lentitud. El 5 de noviembre, en una esquela que dirigía al general Mitre, de Vedia, escribía que “los trabajos siguen aunque lentamente; con sobrados brazos, nos escasean las herramientas. Hay entusiasmo por el nuevo pueblo”[18]. Diecinueve días más tarde, aún aguardaba quemar la primera hornalla y, para febrero, haber obtenido trescientos mil ladrillos[19].

Quemados los primeros ladrillos, éstos le servirían para construir el hospital, que a la sazón consideraba como una de las necesidades primordiales[20]. Carballeda, en su Memoria, expresa: 

 

... el general Vedia estableció dos hornos de ladrillo, que se elaboraba con soldados dirigidos por don Domingo Iraizos y Graciano Iriarte*. Pero, el ladrillo que se hacía, si bien era destinado para hacer cuarteles y habitaciones para la oficialidad, el entonces coronel Vedia, fomentando el progreso de la población, se los facilitaba a particulares, con condición de devolverlos, así que se establecieran hornos particulares, que no tardaron mucho en formarse[21].

 

A partir de entonces, con el surgimiento de esta, la primera industria, pudieron levantarse algunas construcciones más sólidas[22]. En abril de 1865 ya se existían 150 casas, edificadas con diferentes materiales.

Entre las primeras industrias surgidas en aquellos años, juntamente con los hornos de ladrillos, prosperó la de la  fabricación del pan.

 

El segundo poblador -prosigue el relato del comerciante- fue don Tomás Vío, quien a principios de enero de 1864, pobló un rancho de junco, en el ángulo Nort-Oeste y Sud-Este de la plaza delineada por el general Vedia, donde estableció una panadería, en la que se vendía pan de carocillo  por blanco...[23]

 

También la instalación de los molinos de harina, cuya rueda era movida por medio de una caballería fue un buen aporte al incipiente mercado fundacional; tal vez, poco antes de la partida del coronel de Vedia, hacia los campos de batalla del Paraguay. En una carta, datada en Nueve de Julio, el 24 de abril de 1865, dirigida por de Vedia a su amigo, el agrimensor Vaschetti, le indica: “la obra de la panadería va adelante” y cree “pronto [...] podrá mandas [Vaschetti] las atahonas”[24].

 En el primer lustro que siguió a la fundación del partido, puede advertirse, su aumento poblacional y productivo no habría sido tan significativo. Es que “en los comienzos, el núcleo inicial constituyó un centro de aprovisionamiento de las guarniciones de los fortines de la línea fronteriza, acusando sus actividades un carácter casi exclusivamente comercial”[25]

El censo nacional levantado en septiembre de 1869, arrojó un total de 3.045 habitantes, entre los cuales se componían 337 familias[26]. De aquel número, sólo 912 moraban en  el pueblo, los restantes en la dilatada zona rural.

Las unidades habitacionales, en el lapso de dos trienios había incrementado considerablemente. De las 413 viviendas que existían, tanto en el pueblo como en la campaña, 337 eran de paja, 2 de madera, 45 -presumiblemente construidas con ladrillo- de un cuerpo, y 20 de dos cuerpos[27].       

Con el incremento de la población, fueron desarrollándose el comercio y la industria, máxime en un pueblo donde el mayor florecimiento debía denotarse en la agricultura y la ganadería. En 1870, poco menos de siete años después de fundado el pueblo, y a cuatro de constituida la corporación municipal, existían 70 casas de negocios, de las cuales 48 se encontraban situadas en la planta urbana. Entre las industrias más importantes, según da cuenta un Registro de Patentes Fiscales,  sobresalían 3 panaderías, 2 herrerías, 4 hornos de ladrillo, 2 zapaterías, 1 atahona y 1 hojalatería[28].

No existen evidencias concretas, o al menos no han estado a nuestro alcance, sobre de la primer fuente de energía que surgiera en Nueve de Julio. Mucho menos, cual de ella -si la hubo- ha tenido primacía   en el desarrollo de la industria, en el decenio posterior a la fundación del pueblo

Por un lado, podría estimarse que el impulso más remoto, tanto en la manufactura como en otras expresiones de la actividad humana, en este pueblo, se hubiera recibido de la energía brindada por medio del combustible vegetal, entiéndase así, el uso de la leña, y los residios vegetales (pajas de gramíneas, o desechos producido por la poda o fragmentación de los árboles). También de las grasas y aceites animales, obtenidas en las faenas de la hacienda, muy apropiadas para la iluminación. O, quizá, de minerales como el carbón -empleado con la  leña- para el funcionamiento de la maquinaria a vapor.

El censo provincial levantado en octubre de 1881, registra que en el partido de Nueve de Julio, se hallaban sembradas 688 hectáreas de árboles destinadas  para la construcción y el combustible[29]. Desde mucho tiempo atrás se ha entendido a la leña como combustible muy apropiado pues, en estado de desecación, se creía: “ contiene de un 25 a un 30 por 100 de agua”, mientras  el “calórico varía sólo entre 2,80 y 2,60 calorías”[30]

Por otro lado, el mismo asiento sugiere que, entre las herramientas utilizadas en Nueve de Julio, podían hallarse 840 arados simples, 24 maquinas de segar, 50 rastrillos, 1 maquina de viento y 8 maquinas de tracción a sangre[31]. Hasta aquí, nada se insinuaba acerca de la existencia de maquinaria a vapor. Más aún, además de las de tracción a sangre, sólo es aparece citada “una máquina de viento”, tal vez se trate de un molino.

Más adelante, en las estadísticas recogidas por el mismo censo de 1881, se encuentra indicada la cantidad de industrias, instaladas por ese tiempo,  las cuales alcanzaban a 15, con capitales  de 4.788.000 pesos[32]. A estas debe sumarse la actividad del comercio, ya desarrollado, al punto de convertir al pueblo -y al partido- en “cabecera de una de las zonas comerciales importantes de la Provincia”[33].

Entre aquellas industrias, existentes en 1881, sobresale un molino de agua o vapor, cuyas inversiones -las más elevadas de entre los establecimientos existentes - ascendían a 3.360.000 pesos. Se trataba, sin dudas, del molino harinero que, un año antes, convino instalar Nicolás Gallo[34]; pues, al menos, en marzo de 1880, había solicitado autorización al Concejo Deliberante de Nueve de Julio para situarlo[35]. Éste debió funcionar, no sabemos si desde el principio, con maquinaria a vapor[36]. Para eliminar el agua que empleaban la maquinaria, en junio de 1887, se construía un sistema de canalización que llegaba hasta la denominada laguna de Malcorra, “fuera del radio del pueblo”[37]. Ello dio origen, más tarde, a la formación de una especie de  lavadero comunitario.

Recién en 1883, entre la maquinaria agrícola existente en el cuartel 6º, se cita la existencia  de un motor a vapor con cuatro ruedas[38]. Ello hace presumir que en el cuartel 1º y en el radio urbano de Nueve de Julio, existían otras máquinas similares[39].

 

La energía eléctrica. Su presencia en los orígenes del pueblo

Pero frente a la dificultad de ubicar temporalmente la aparición de determinadas formas de energía, surgen con mayor claridad indicios que nos permiten deducir la presencia de la  electricidad, como fuente de progreso para la naciente sociedad, a poco más de una década después de su fundación. Ello emerge de manera notoria con la instalación del telégrafo, pues: “si la electricidad no se ha podido todavía aplicar con ventaja a producir grandes fuerzas, puede sin embargo producirlas pequeñas, y poner en movimiento cuerpos que presenten poca resistencia, y que marquen diferentes señales instantáneamente a cualquier distancia del puntó en que se producen, por la prodigiosa velocidad del fluido eléctrico”[40].

Durante la década de 1870,  pudo comprobarse un notable incremento en la prolongación de las redes telegráficas. De 327 kilómetros de hilos en 1870, se alcanzó a 6.485, diez años después[41].

 

A mediados de 1875, el ministro de Guerra, doctor Adolfo Alsina, había enviado un mensaje, a la legislatura, exponiendo una especie de proyecto para la ocupación militar de tierras que, hasta entonces, se hallaban habitadas por los indígenas. Entre los requerimientos del ministro se encontraba la extensión de las líneas telegráficas, existentes hasta el momento, las cuales alcanzaban, según Walter, “hasta Chivilcoy, por el Oeste; hasta Rojas, por el Norte; y en dirección a Bahía Blanca, hasta Las Flores” [42], en la Provincia de Buenos Aires.

 

En los primeros días  de octubre, recibieron sanción las leyes que, de alguna manera, ponían en rigor el proyecto de Alsina, permitiendo la fundación de pueblos, y la organización de la nueva frontera.  La número 753, sancionada y promulgada en aquellos días, se refiere concretamente a los telégrafos entre Buenos Aires y las comandancias militares de la Provincia y su posible ramificación[43].  

Por otro lado, el 23 de diciembre de 1875, la legislatura de la Provincia de Buenos Aires, sancionaba la ley nº 1016, referida a la construcción de doce líneas telegráficas, una de las cuales -la duodécima- debía unir Bragado con  Nueve de Julio. Para la construcción de éstas, el gobierno provincial dispondría de hasta siete millones y medio de pesos, pudiendo tomar los recursos “de los fondos depositados por cuenta del empréstito de 1870, debiendo devolver dichas sumas al depósito tan luego como para las obras del puerto fuese necesario...”[44].

Esa empresa, llevada adelante “bajo la inmediata vigilancia del directorio del Ferrocarril del Oeste”[45], permitiría asegurar la comunicación de las fuerzas militares que se movilizaban sobre territorio del indio, formando nuevos centros de población, fortificaciones de línea.

La inauguración de la línea telegráfica a Nueve de Julio resultó, sin dudas, uno de los acontecimientos más benéficos en lo que iba del siglo XIX, conjuntamente con la prolongación de los rieles férreos, años más tarde.  Entonces, las características del pueblo no diferían, en gran magnitud, de las de aquellos caseríos de frontera, donde algunos progresos científicos parecían llegar con cierta lentitud[46].

 

La línea del telégrafo eléctrico [como se llamaba entonces], que por el ministerio de la Guerra se había ordenado construir por razones militares, se terminó conectándose esta con el correspondiente trasmisor y receptor el día 30 de julio [de 1876], librándose inmediatamente al servicio público, uniendo desde ese momento este rincón de la Provincia [...] con el resto del orbe...[47]

 

La gravitación que importaba esta inauguración puede entenderse más acabadamente, si se tienen en cuenta los medios de transporte a larga distancia que existían por entonces, de los cuales también  dependía el servicio de correos. El Ferrocarril del Oeste culminaba en Chivilcoy, lo cual obligaba al uso de las mensajerías o servicios de galera[48].

Aquel día de julio de 1876, las autoridades de la Corporación Municipal aprovecharon la feliz ocasión para remitir los primeros telegramas, informando la inauguración del servicio. Tres de ellos fueron dirigidos al gobernador de la Provincia, Carlos Casares, al general Julio de Vedia y al presidente del directorio de la empresa encargada de la construcción del  telégrafo, respectivamente[49].

Este año, en el país, estaban afectados al servicio telegráfico 254 empleados. Otros 16 se localizaban en la dirección general, 41 en Buenos Aires y 197 en servicio en el interior[50].

Este importante servicio, así como el de correos, debía insumir al gobierno un dispendio importante, especialmente su instalación de los pueblos fronterizos.“En pueblos -explica una Memoria del Ministerio del Interior de 1880- que empiezan a formarse, la institución del Correo y del Telégrafo nunca puede ser considerada como fuente de recursos. Se gasta cuanto es necesario para acercar a los hombres y vincularlos por medio de la más frecuente comunicación, no en vista de una renta inmediata sino como el medio de llegar a una época más o menos próxima a un estado de civilización y de progreso que compensen aquellos sacrificios...”[51].

A mediados de 1881, por medio de otra ley provincial, la legislatura bonaerense autorizó la construcción de otras cuatro nuevas líneas. Esta vez, “tan luego como los recursos públicos” lo permitían, los hilos se debían prolongar desde Nueve de Julio hasta San Carlos de Bolívar.

 



[1] ANDRÉS  R. ALLENDE, “Reiniciación de la Guerra con el indio en la Frontera del Sud de la Provincia en 1852”, Primer Congreso de Historia de los Pueblos de la Provincia de Buenos Aires. Reunido en La Plata en los días 25 a 28 de septiembre de 1950..., La Plata, Publicaciones del Archivo Histórico de la Provincia, 1952, t. II, p. 119.

[2] Ibidem.

[3] CARLOS MARTÍNEZ SARASOLA, Nuestros paisanos los indios, Buenos Aires, Emecé, 1993, p. 261.

[4] Archivo del Estado Mayor General del Ejército (en adelante, A.E.M.G.E.), Buenos Aires, Legajo personal de Julio de Vedia, flash, nº 13.424, f. 1v.

[5] FELIX BEST, Historia de las guerras argentinas. De la Independencia, internacionales, civiles y con el indio, Buenos Aires, Peuser, 1960, t. II, p. 365.

[6] A.E.M.G.E., Legajo personal..., cit. Cfr. Archivo del Instituto de Ayuda Financiera para el pago de retiros y pensiones militares, Buenos Aires, Sección de Pasividades, expediente nº 4.146,  1892,  Pensión a Lastenia Videla de Vedia, ff. 6-8.

[7] ESTANISLAO ZEVALLOS, Callvucurá y la Dinastía de los Piedra, Buenos Aires, Solar, 1994, p. 116.

[8] Archivo de la Dirección de Geodesia, Catastro y Mapa, La Plata, Partido de Nueve de Julio, Duplicado nº 1, Mensura de un terreno concedido a Julio de Vedia, 1862, f. 1.

[9] Ibidem, f. 1v ss.

[10] MEINRADO HUX, El General Julio de Vedia y la Fundación de Nueve de Julio (conferencia pronunciada en Nueve de Julio, en octubre de 1963), versión revisada y ampliada en 1997, p. 9.

[11] Ibidem.

[12] Ibidem, p. 10.

[13] HUX, op. cit., p. 12. Cfr. HUX, Los orígenes de Bragado, s.l., s.e., 1995, p. 145.

[14] BUENAVENTURA N. VITA, Crónica Vecinal de Nueve de Julio. 1863-1870, La Plata, Publicaciones del Archivo Histórico de la Provincia de Buenos Aires, 1938, p. 6.

[15] Crónica retrospectiva de la fundación de Nueve de Julio, trascripción en “El 9 de Julio”, año 93, nº 15210, Nueve de Julio, 27 de octubre de 2001, p. 11.

[16] Archivo del General Mitre (en adelante, AGM), “Presidencia de la República. 1862-1868”, Buenos Aires, Biblioteca “La Nación”, 1913, t. XXIV, p. 87.

[17] “El Nacional”,  año XII, nº 3404, Buenos Aires, 5 de noviembre de 1863, p. 2.

[18] AGM, “Presidencia de la República. 1862-1868”, cit, t. XXIV, p. 38s.

[19] De Julio de Vedia al General Mitre, Nueve de Julio, 24 de noviembre de 1863, Ibidem.

[20] Idem., 2 de diciembre de 1863, Ibidem.

* Existen algunas divergencias acerca de la identidad de los dos primeros horneros. Según VITA, op. cit, uno de ellos habría sido Antonio Maya. Otras referencias incluyen a Martín Baztarrica (Cfr. “La República”, revista ilustrada, año VII, nº 15, Buenos Aires, junio de 1926).

[21] CARBALLEDA, loc. cit.

[22] El 12 de febrero de 1864, el gobernador de Buenos Aires, Mariano Saavedra, expidió un decreto, a los efectos de proceder “a  la fundación de un nuevo pueblo que se denominará Nueve de Julio”. Asimismo comisionó al agrimensor Vaschetti para realizar la traza del mismo, trabajo emprendido en mayo del mismo año. El 19 de julio de 1865, fueron creados diez nuevos partidos, entre ellos Nueve de Julio.

[23] CARBALLEDA, loc. cit.

[24] Nota nº 90, de una colección epistolar dirigida por Julio de Vedia a Miguel Vaschetti, entre 1865 y 1867, cedidas gentilmente -en fotocopias- por el profesor Edgardo López.

[25] JUAN F. DE LÁZARO, “Nueve de Julio”, RICARDO LEVENE et al., Historia de la Provincia de Buenos Aires y formación de sus pueblos, La Plata, Publicaciones del Archivo Histórico de la Provincia, 1941, t. II, p. 495.

[26] VITA, op.cit., p. 88s.

[27] Ibidem.

[28] VITA, op. cit., p. 99.

[29] Censo General de la Provincia de Buenos Aires. Demográfico, agrícola, industrial, comercial... verificado el 9 de octubre de 1881..., Buenos Aires, Imprenta de El Diario, 1883, p. 310.

[30] EMILIO BOUANT, et al., Nuevo Diccionario de Química aplicada a las ciencias, a las artes...Barcelona, Espasa y Compañía, circa 1888, t. I, p. 443.

[31] Censo General de la Provincia ...verificado el 9 de octubre de 1881.cit., p. 314.

[32] Ibidem, p. 370.

[33] JUAN F. DE LÁZARO, loc. cit.

[34] Infra.

[35] Cfr. BUENAVENTURA N. VITA, Crónica Vecinal de Nueve de Julio. 1863-1900, (en adelante,  opera omnia) original mecanógrafo inédito de una versión primitiva de esta obra, la única que se conoce completa,  circa 1930, que se conserva en el Archivo y Museo Histórico “Julio de Vedia” de Nueve de Julio, p. 559.

[36] Contar con un establecimiento de estas características significó, para el pueblo, un valioso recurso para el comercio y la industria local. Debe tenerse en cuenta el escaso desarrollo  de estas factorías en el país; ese año, la importación de harina del extranjero hubo alcanzado a los 1.265.000 kilogramos (Cfr. ALEJANDRO BUNGE, “El Progreso de la República Argentina  en los cincuenta años de vida de «La Prensa»...”, en “La Prensa”, edición especial, 18 de octubre de 1919, p. 15).

[37] “La Defensa”, año I, nº 102, Nueve de Julio, 26 de junio de 1887, p. 2.

[38] VITA,  opera omnia,  p. 629.

[39] El uso de esta fuente de energía, hacia la década siguiente hubo alcanzado mayor desarrollo, quizá por la influencia del avance del ferrocarril. A mediados de la década de 1890 ya existían pequeñas fábricas movidas por maquinaria a vapor (Cfr. “El Porvenir”, año II, nº 144, Nueve de Julio, 25 de octubre de 1896, p. 3).

[40] EDUARDO RODRÍGUEZ, Manual de Física General Aplicada a la Industria y a la Agricultura, Madrid, Imprenta y Librería de la viuda e hijo de D. Eusebio Aguado, 1873, p. 583.

[41] JUAN CARLOS TOER (dir.), Historias del correo en la Argentina, Buenos Aires, Organización Coordinadora Argentina,  1993, p. 70.

[42] JUAN CARLOS WALTER, La conquista del Desierto, Buenos Aires, Círculo Militar (Biblioteca del Oficial, mayo-junio 1964, vol. 545-546), 1964, p. 491.

[43] Cfr. JERÓNIMO REMORINO (dir.), Anales de Legislación Argentina. Complemento 1852-1880, Buenos Aires, La Ley, 1954, p. 1016.

[44] FEDERICO KETZELMAN-RODOLFO F. DE SOUZA (comp.), Colección completa de Leyes del Estado y Provincia de Buenos Aires desde 1854 a 1929, Buenos Aires, Lex, 1930, t. IV, p. 684.

[45] Ibidem.

[46] Para la profesora Tapia, en aquellos años, “9 de Julio no era más que un modesto villorrio cuya única importancia radicaba en la gran cantidad de militares que con sus familias, daban movimiento a la línea de frontera, atacada periódicamente por los indios capitaneados por Calfucurá y Payné” (Cfr. GLORIA TAPIA DE ALVAREZ, Españoles en 9 de Julio, Pehuajó, Instituto Nacional de Enseñanza Superior, 1992, p. 13s.). Cabe destacar que los ataques al pueblo, por parte de los malones aborígenes, se registraron hasta alrededor de 1877. Uno de los más importantes aconteció, precisamente, el 8 de octubre de 1876.

[47] BUEVAVENTURA N. VITA, Crónica Vecinal de Nueve de Julio. 1870-1877, monografía inédita presentada al Segundo Concurso de Historia de los Pueblos de la Provincia de Buenos Aires, La Plata, 1947, p. 138.

[48] La extensión del ferrocarril hasta Bragado había sido convenida por ley del 19 de febrero de 1869. Otra del 27 de abril de 1874 se autorizaba la inversión de una considerable suma para diversas obras, entre ellas la prolongación hasta Bragado y Nueve de Julio. Lo cierto es que recién el 25 de junio de 1877, por acta del directorio del Ferrocarril del Oeste, fue librado el servicio hasta la estación Bragado (Datos proporcionados por Carlos A. González, jefe del Museo Nacional y Centro de Estudios Históricos Ferroviarios al autor,  el 4 de enero de 1994).

[49] VITA, Crónica..1870-1877, cit.,  p. 138ss.

[50] OSCAR OSZLAK, La formación del Estado argentino. Orden, progreso y organización nacional, Buenos Aires, Planeta, 1997, p. 329.

[51] Citado por PATRICIA NOEMÍ FERNÁNDEZ et al., “Reseña Histórica”, Dirección General de Correos y Telégrafos, Buenos Aires, Archivo General de la Nación, 1999, p. 13.

HISTORIA DE 9 DE JULIO (BS. AS.): LA MASONERIA Y SUS HOMBRES

HISTORIA DE 9 DE JULIO (BS. AS.): LA MASONERIA Y SUS HOMBRES

LOS ORIGENES DE LA PRIMER LOGIA MASÓNICA EN 9 DE JULIO. 1878-1882
Por Héctor José Iaconis.

No se pretende, desde la brevedad de esta nota, trazar una exposición acabada acerca de la Historia y la Evolución de la Masonería en 9 de Julio. Esa prolongada tarea la hemos iniciado hace ya bastante tiempo y su conclusión, ante la complejidad de la temática, reportará otro tanto.
Tampoco referiremos aquí acerca del objeto y los fines de esta sociedad secreta. Damos por entendido que los lectores podrán recurrir para ello a una abundante bibliografía existente al respecto y muy abundante en las páginas de Internet.
Aquí tan sólo nos permitiremos citar el origen de la primera Logia constituida en 9 de Julio.

LA FUNDACIÓN DE “IGUALDAD”
De ningún modo puede sugerirse que la francmasonería masonería aparece en 9 de Julio recién después de constituida la logia. Realmente, ésta está presente desde las horas mismas de la fundación del Partido; y, más aún, durante el período post fundacional (1870-1878).
No existen constancia de la existencia de una logia, anterior a “Igualdad”. En cambio sabemos que varios militares y civiles pertenecientes a esta sociedad ya vivía en estas tierras. Desde Julio de Vedia, propuesto en agosto de 1858 para componer la Logia “Confraternidad Argentina Nº 2”, y siguiendo por algunos jefes de frontera, componen una lista de masones afincados en 9 de Julio, en la comandancia militar o, más tarde, en el Fuerte “General Paz”.
Recién el 21 de junio de 1878, fue fundada la Logia “Igualdad”, en 9 de Julio, recibiendo el nº 61(1). Ese nombre, muy significativo para todo iniciado en los rituales de la masonería, le fue impuesto después de haber sido sugerido el de “Julio de Vedia”. Esta última designación debió ser rechazada por la Gran Logia de Buenos Aires, por tratarse del nombre de una persona aún viva(2).
El primero en ocupar el cargo de venerable maestro fue Raimundo Prieto, un vecino con bastante gravitación en la sociedad. Los restantes cargos le correspondieron a Hermenegildo Berdera, como 1º Vigilante; Nicolás L. Robbio, 2º Vigilante; Enrique Bouquet, Orador; Daniel Campillo, Secretario y Esteban Sayavedra, Guardasellos (3).

LOS PRIMEROS TRABAJOS. NUEVAS INCORPORACIONES
La vida de “Igualdad” parece haber sido bastante activa desde los días mismos de su fundación. Para mediados de 1879 la Logias ya contaba con veintitrés hermanos.
Entre septiembre de 1879 y el 24 de julio de 1881 la Logia había dejado de operar, retomando sus trabajos con una renovada fuerza. Según los documentos aún conservados, puede inferirse que una especie de aires de renovación habrían ingresado en la novel taller.
En diciembre de ese año se había concretado las elecciones de las autoridades, quedando conformado del siguiente modo:
Venerable Maestro: Hermenegildo Verdera.
Primer Vigilante: Nicolás L. Robbio.
Segundo Vigilante: Pastor Dorrego.
Orador: Enrique Bouquet.
Secretario: Pedro Barbé.
Tesorero: Raimundo Prieto.
Primer Experto: Antonio Lautre.
Segundo Experto: Hermengildo Sanz.
Hospitalario: Nicolás Gallo.
Primer Diácono: Julián Cagiga.
Segundo Diácono: José Lavandeira.
Maestro de Ceremonias: Alfredo Thamm.
Guarda Sellos: Antonio Ayarza.
Guarda Templo: Genaro Sainz(4).
Por esos días, la logia de 9 de Julio contaba 25 miembros: 15 maestros, un compañero y 9 aprendices.
Entre finales de 1881 y durante el año siguiente el trabajo fue bastante intenso. Siete hermanos recibía el aumento de grado, de Compañero a Maestro:
• Pastor Dorrego.
• Epitasio Meirelles.
• Juan Ayarza, español, 39 años de edad, casado, comerciante.
• Alfredo Thamm, alemán, 34 años de edad, casado, agrimensor.
• Julian Cagiga, español, 42 años, casado, comerciante.
• Genaro Sainz, español, 31 años de edad, comerciante.
• Juan Saez, español, 44 años, casado, talabartero, (5).
Y otros tantos, respetables vecinos del pueblo eran iniciados en los misterios masónicos, según su grado:
• Cosme Romero, argentino, 56 años de edad, casado, hacendado, iniciado el 29 de octubre de 1882.
• Antonio Rodoni, suizo, 45 años de edad, casado, hacendado, iniciado el 29 de octubre de 1882.
• Daniel Tabois, francés, 36 años de edad, soltero, hacendado, iniciado el 29 de octubre de 1882.
• Ramón Rey, español, 34 años de edad, casado, platero, iniciado el 29 de octubre de 1882.
• Ramón Monteverde, suizo, 34 años de edad, soltero, fondero, iniciado el 29 de octubre de 1882.
• Matías González, español, 30 años de edad, casado, hacendado, iniciado el 29 de octubre de 1882.
En noviembre del mismo año, los vecinos Ramón Torrella y Benigno Saínz comenzaban a formar parte del taller; y, además, era incorporado Miguel Aparicio “Mendizábal”, un inmigrante español, iniciado en la Logia “Estrella de León” nº 133, el 26 de marzo de 1880.

LAS ACTIVIDADES
Además de las actividades propias del taller, durante sus tenidas (reuniones), había sido desplegado una tarea, a acuerdo con el número de sus miembros y el contexto del valle donde se hallaban, filantrópica valiosa. Al mismo tiempo de ocuparse de la educación de los indígenas procuraba la asistencia de los desvalidos del lugar. Sus miembros, cabe destacar, eran dueños de un poder adquisitivo mas o manos importante, para la época, lo que permitía poder destinar las donaciones a ese tipo de obras.
Una revista masónica, a fines de 1882, elogiaba el “gran movimiento” existente en “este centro masónico del Valle del 9 de Julio”(7).

NOTAS
(1) ARCHIVO DE LA GRAN LOGIA DE LIBRES Y ACEPTADOS MASONES (en adelante, A.G.L.), Bs. As., Sup.’. Cons.’. y Gr.’.Oriente de la República Argentina. Pod.’. Ejecutivo de la Ord.’. , Registro de Cartas Constitutivas, 1902, folio 48.
(2) Alcibíades Lappas, “La Masonería en la ocupación del Desierto”, en “Revista Histórica”, Buenos Aires, Instituto Histórico de la Organización Nacional, tomo IV, nº 8, enero-junio de 1981, página 201.
(3) A.G.L. Documentos de la Logia Igualdad, c. 7, Nota de julio de 1878.
(4) “La Acacia”, Revista General de la Masonería en los Valles del Plata, año III, nº 2, Buenos Aires, 1 de febrero de 1882, página 32.
(5) A.G.L. Documentos de la Logia Igualdad, Nota de H. Berdera (venerable) y de P. Barbé (secretario) al Secretario General de la Orden en Buenos Aires, Valle del 9 de Julio, 19 de junio de 1882.
(6) Ibidem. Nota al Gran Secretario de la Orden, Valle del 9 de Julio, 29 de octubre de 1882.
(7) “La Acacia”, año III, nº 17, 1 de diciembre de 1882, página 217.

HISTORIA DE 9 DE JULIO (BS. AS.)

HISTORIA DE 9 DE JULIO (BS. AS.)

UN CURIOSO EJEMPLAR EN LA BIBLIOTECA DEL HISTORIADOR

** Por Héctor José Iaconis.

Promediando junio de 1936, Buenaventura N. Vita, por intermedio de su sobrino Oscar Luchini, envió ejemplares de su monografía "Crónica Vecinal de Nueve de Julio. 1863-1870", destinada a la participación en el Primer Concurso de Monografías sobre la Historia de los Pueblos de la Provincia de Buenos Aires. Esta obra fue premiada por el jurado y recomendada para su publicación, hecho que aconteció dos años más tarde.
En este trabajo, algo así como la primera parte de su prolongado estudio sobre la Historia de 9 de Julio, durante el siglo XIX, se ocupaba del análisis, si así cabe, de los acontecimientos sucedidos durante el período fundacional (1863-1870), dependiendo -en sus fuentes primarias- esencialmente del Archivo Municipal, por entonces, conservado en el mismo edificio de la Municipalidad.
Pero, además, emplea un corpus bibliográfico, para la época, bastante relevante, cuyo estudio particular resultaría extenso... Aquí, tan solamente, nos detendremos en una de esas publicaciones citadas por Vita, no sólo en la primera parte editada, sino también en sucesivos capítulos, aún inéditos.
Ese libro se trata de "Episodios del Ejército Viejo", escrito por el teniente coronel Dolveo Guevara.

UN LIBRO RARO
Al parecer, el libro de Guevara, al que nos referimos, y que Vita conocía bien por contar con un ejemplar en su copiosa biblioteca era, ya en 1936, un libro "raro", de no poca difusión.
Cuando se estaba preparando la impresión de "Crónica Vecinal... 1863-1870", Guillermina Sors de Tricerri, auxiliar principal del Archivo Histórico de la Provincia de Buenos Aires, dirigió a Vita solicitándole le enviara, para completar las citas de su monografía, la fecha y lugar de impresión de "Números y Líneas del Ejército Argentino", de Adolfo Saldías(1) y de "Episodios del Ejército Viejo", de Guevara(2). Evidentemente, si esta última hubiera resultado conocida o de consulta corriente, esa oficial archivista no hubiera recurrido al autor requiriéndole esos datos.
Por otro lado, en 1941, el historiador Carlos A. Grau(3) escribió a Vita solicitándo le informara el lugar donde había consultado "Episodios del Ejército Viejo", de Guevara, explicando: "...no lo he podido hallar en las librerías ni en las Bibliotecas Nacional de Buenos Aires y de la Universidad de La Plata..."(4). El historiador nuevejuliense que, como se dijo, poseía una edición, se lo remitió en calidad de préstamo.
En efecto, medio siglo después, la obra de Guevara se hizo aún menos abordable. Varios investigadores procuraron, infructuosamente su búsqueda, en distintas bibliotecas. También, conjuntamente con el escribano Ricardo Germán López, de feliz memoria, mientras trabajábamos sobre una parte de los escritos inéditos del autor de "Crónica Vecinal...", nos dirigimos a varios anticuarios y bibliófilos, de algún modo especializados en libros antiguos, pero ninguno de ellos pudo noticias concretas.
Recian, alrededor de 1997, el historiador Hugo Oscar Vuelta, natural de Patricios pero entonces radicado en Buenos Aires, después de una no menos ardua pesquisa, logró el deseado objetivo: halló un ejemplar en la sala reservada de la Biblioteca Nacional de Maestros, en la Capital... De esa forma, el extraño libro del militar pudo acercarnos a una combinación de datos históricos de significativo valor.

EL AUTOR
El teniente coronel Dolveo Guevara, nacido en Buenos Aires, en mayo de 1840, se hallaba en la frontera Oeste ya en 1862. Con el coronel Julio de Vedia, además de además de algunas expediciones menores, marchó contra los aborígenes "Ranqueles", en el famoso avance que, el escritor Zevallos se atreve denominar "sableada feliz".
Además, Guevara, participó de la fundación del campamento "9 de Julio", donde residió varios años, incorporándose más tarde a la vida civil del pueblo. En 1875, de encontraba radicado en el pueblo y permanecía a cargo de la Biblioteca Popular, ya con baja de las fuerzas militares.
Como se verá más adelante, los apuntes de este son la base fundante, de una especie de compendio.

LA OBRA
"Episodios del Ejército Viejo", apuntes y reseña de servicios del teniente coronel Dolveo Guevara, impreso el 13 de mayo de 1912, por Robles, Herrando y Compañía -un establecimiento editor ubicado en la esquina de Perú y Victoria, en Buenos Aires- no es un libro extenso. Por el contrario su desarrollo se resume en medio centenar de páginas. Por lo que puede deducirse, el texto no fue redactado directamente por el militar. Quizá existían apuntes o notas del mismo, compiladas por un tercero, quien, a su vez, agregó otros párrafos.
Esos apuntes, conjeturablemente, serían los fragmentos dispuestos entre comillas, en distintas partes del mismo.
El cuerpo de "Episodios del Ejército Viejo" esta dividido en dos partes. La primera, desde la página 2 hasta 27, reseña "ligeramente" los servicios militares de Guevara; mientras que la segunda, se refiere a su "vida civil", refiriendo a "los puntos principales de la acción activa y descollante del digno ciudadano". En esta segunda parte, advierte el compilador, son dejados "algunas veces la palabra de Guevara, cuando la minuciosidad del relato, ó su índole histórica, lo requieran" [página 28].

EL VALOR DE LA OBRA. LOS DOCUMENTOS
Quien recopiló las notas de Guevara, se ocupó de incluir algunos documentos preciados, conservados en poder del ya anciano militar. Por citar, en la página 14, se transcribe una nota del coronel de Vedia, del 4 de abril de 1865, en la cual le comunica su alejamiento del campamento para concurrir al campo de Batalla, al estallar la Guerra de la Triple Alianza. Este billete también se encuentra recogido por Vita, en su monografía.
En otra parte [páginas 30 a 33] relata los episodios relacionados con la llamada "revolución de 1874". Allí, del mismo modo, introduce, dos esquelas breves y varios relatos pequeños en primer persona, seguramente de entre los escritos por el mismo Guevara.
Otro de los elementos que puede valorizar aún más esta obra, es la supervivencia del militar, al momento de ser editado. Seguramente el ejemplar o las pruebas de imprenta pasaron por sus manos antes de ver la luz, salvando cualesquiera posibles errores.

NOTAS
(1) Este libro, también citado por Vita en su monografía sobre los orígenes históricos de 9 de Julio, es una obra de difícil acceso. Afortunadamente se conserva un ejemplar, en esta ciudad, en la Biblioteca Popular "Susana Di Benedetto", de la Escuela de Educación Técnica Nº 1 "Otto Krause".
(2) Cfr. Nota de Guillermina S. de Tricerri a Buenaventura Vita, La Plata, el 8 de noviembre de 1937, en Archivo y Museo Histórico "Julio de Vedia" (en adelante, A. M. H.), 9 de Julio, Archivo de Buenaventura Vita, Carpeta "Correspondencia sobre la Crónica Vecinal y Asuntos Históricos".
(3) Químico, de profesión, por entonces se hallaba radicado en La Plata. Estudioso de la historia de la ciudad de 25 de Mayo, fue autor, entre otros trabajos de "El Fuerte 25 de Mayo en Cruz de Guerra" y "La Sanidad en las ciudades y pueblos de la provincias de Buenos Aires", publicados en 1949 y 1953, en la colección "Contribución a la Historia de los pueblos de la provincia de Buenos Aires", del Archivo Histórico de la Provincia.
(4) Nota de Carlos Grau a Vita, La Plata, 25 de marzo de 1941, en A.M.H., Archivo de Buenaventura Vita, carpeta citada.

LA PROTECCION DE LA INFANCIA DESAMPARADA

Por Héctor José Iaconis

En cierta ocasión, hace cerca de una década, llegó a nuestras manos un interesante documento. Al principio, sólo nos ocupé de relevarlo, sin advertir quizá el valor que podría contener, para un estudio de la realidad social de 9 de Julio.
Se trataba de un informe, elevado por el Defensor de Menores de esta ciudad al encargado de la Defensoría General de Menores de la Provincia de Buenos Aires, con sede en La Plata. El motivo principal, era poner en conocimiento de aquel funcionario las gestiones realizada por el primero, durante el período 1918-1919.
Frente al documento histórico, por más fidedigno que parezca su contenido, deben realizarse varios pasos previos hasta dejar por sentada su veracidad. Por lo más inmediato, puede ser menester preguntarnos: ¿qué ha querido expresar el emisor con ese texto? ¿en verdad ha creído en cuanto afirma?, ¿tuvo motivos para creer en lo que ha creído?.
Excepto algunas expresiones, las cuales podrían rozar el límite entre la opinión personal y la realidad objetiva, entendemos, el texto recoge una visión fehaciente concerniente al estado de los niños huérfanos y abandonados en 9 de Julio, y las gestiones en favor de estos, emanadas de la sede local de la Defensoría.

EL DOCUMENTO
Este protocolo –fechado en 9 de Julio, el 21 de enero de 1920- fue emitido por el Defensor de Menores, Cayetano De Briganti, quien se hallaba al frente de esa oficina desde octubre de 1918. Hombre septuagenario, había arribado al cargo con una larga trayectoria de más de dos décadas de servicios a la comunidad, en diversas tareas encomendadas por las instituciones sociales o por los particulares
El contenido está desplegado en siete páginas, escritas por el secretario Cándido S. Avila, sobre papel oficio rayado, con una interlínea de un centímetro. En su cuerpo, pueden advertirse cinco partes, algunas no tan bien definidas, pero identificable al fin: un breve introito, una referencia escueta acerca de los menores ubicados en distintos destinos, el funcionamiento de la oficina, las dificultades principales surgidas en las gestiones llevadas adelante por el defensor y las expectativas para el futuro.

LOS MENORES A CARGO
De acuerdo con el informe, al momento de ser redactado, existían 29 menores “de ambos sexos, cuya edad varia[ba] desde uno hasta veinte años, todos argentinos, en su mayoría analfabetos de padre o madre indistintamente o huérfanos en absoluto”. Estos se hallaban “depositados en casas de respetables familias de esta ciudad”, acentuando dos de ellos; un varón, internado en la Colonia Nacional de Menores Varones de Marcos Paz; y una mujer alojada, hasta poco antes, en el Asilo del Buen Pastor, de La Plata.
Quienes tomaban a su cargo un menor huérfano, muchas veces para el servicio, por disposición de la Defensoría debían realizar un depósito bancario, en beneficio de aquel. En realidad, durante esos años (1918 y 1919) ese requisito no se cumplía acabadamente. Tan sólo existían tres libretas de depósito acordes a la exigencia.
“Los demás depósitos –explicaba De Briganti, con un tenor casi de justificación- por múltiples causas todas ellas perfectamente atendibles y bien fundamentadas no han cumplido con la cláusula legal [...] de los Depósitos Bancarios a favor de los menores que respectivamente tiene a su servicio, a pesar de mis continuas y exigentes gestiones”.
Más adelante, se lamentaba de la falta de una legislación que permita “tomar medidas que hagan obligatorias las libretas de Depósitos Bancarios en beneficio de cada menor [...] bajo la salvaguardia de las personas que se hacen cargo de ellos y se abusan de sus servicios sin asignarles ninguna remuneración en dinero efectivo”.

HIJOS DE LA MARGINALIDAD
En una parte del texto, el Defensor se refiere a un ilícito cometido por una menor a cargo de la oficina:
“... un sumario de carácter correccional instaurado contra una joven de catorce años de edad, a la cual se la acusa del hurto de un anillo de oro y ropas... Según lo que resulte [...] determinaré enviarla a la Cárcel Correccional de Menores o al Asilo del Buen Pastor [...] juntamente con otra menor incorregible”.
Al referirse al estado del ambiente suburbano de la ciudad, donde vivían los niños en el desamparo, emplea palabras lo bastante dura como para no estar lejos de la verdad: “... esos antros de miseria que existen por docena, donde se debaten centenares de inocentes criaturas, sumidas en la corrupción, en la vagancia, víctimas, repito, de ese monstruo que ojalá algún día desaparezca de la patria de los argentinos: el analfabetismo!”.

LA NECESIDAD DE UN ASILO
La carencia de un Asilo de Huérfanos, de Menores, desde donde se permita el mejor trabajo de la Defensoría en socorro de los mismos, aparecía como una necesidad imperiosa. Conforme a lo expresado allí, la Municipalidad proyectaba, con ese objeto, la expropiación del edificio del Hospital Español; y el Concejo Deliberante, habría destinado al efecto 30.000 pesos. Lo cierto es que, tiempo después, ese logro le cupo a la Liga de Damas Católicas y a los impulsos denodados de algunas familias de elevado poder adquisitivo.
Otros de los ideales de De Briganti era la instalación –en el proyectado asilo- de “una colonia agrícolas para menores, escuela de Artes y Oficios, talleres”. Y para ello sugería como espacio adecuado “el terreno que anteriormente ocupó en esta ciudad el local del Hipódromo”.

BREVE VALORACION DEL TEXTO
Este informe posee valiosos elementos que, ordenados y jerarquizados, en el marco del contexto histórico de pertenencia, pueden orientar hacia la comprensión de la forma de vida de un estrato de la sociedad en 9 de Julio. Mejor aún, aportar indicios referentes la situación, las circunstancias de esos jóvenes desprotegidos, sobre quienes los relatos históricos poco han narrado.

FUENTE:
Archivo de Gestión de la Municipalidad de 9 de Julio, Expedientes de la Intendencia Municipal, legajo de 1920 (esta ubicación poseía el documento cuando fue consultado por el autor, en febrero de 1992).

HISTORIA DE 9 DE JULIO (BS. AS.)

CALLES Y AVENIDAS DE 9 DE JULIO. DENOMINACION E HISTORIA
PRIMERA PARTE

Pbro. FÉLIX COMPAIRÉ
Desde 1960 lleva el nombre del presbítero Félix Compairé, una de las avenidas de circunvalación de 9 de Julio.
Félix Compairé había nacido en Jaca, provincia de Huesca, España, hijo de Félix Compairé y de Pilar Jarne. Contaba sólo 13 años, cuando ingresó al Seminario Conciliar de Jaca, donde habría de cursar cuatro años de Latín y Humanidades, tres de Filosofía y cuatro de Teología. Mas tarde, entre 1891 y 1893 estudió Teología, los años restantes, en el Seminario de Lérida.
Ordenado sacerdote, el 30 de mayo de 1896, pronto le fueron confiadas importantes tareas ministeriales. Treinta y un días después de consagrado, fue designado coadjutor de la parroquia de Ruesta, hasta el 24 de octubre de 1897 en que tuvo destino como regente de la de Aciu. Entre febrero de 1898 y septiembre siguiente, debió ocupar la regencia de Abay.
A fines de 1899, por razones familiares, debió emigrar a la República Argentina. Por entonces, pasó a residir en la Diócesis de La Plata, donde se le encomendaron, primero, la tenencia en la parroquia de San Martín, desde febrero hasta mayo de 1900; luego, en Baradero, hasta febrero de 1901; y, por último, en Exaltación de la Cruz, como cura vicario, por lapso de tres años.
El 23 de abril de 1904, el obispo de La Plata, monseñor Juan Nepomuceno Terrero, le otorgó el título de “Cura Vicario de 9 de Julio”, arribando al pueblo, al día siguiente de su designación.
En sus funciones tales funciones, debió destacarse por la dedicación y el celo en el cumplimiento de su ministerio. No descuidaba la asistencia de los enfermos y los menesterosos, como tampoco la administración y el cuidado de su parroquia.
Gracias a sus gestiones, se realizaron en el templo parroquial importantes refacciones edilicias.
Trabajó, denodadamente, con el objeto de instalar un colegio confesional, un viejo anhelo que, su antecesor, no había alcanzado concretar. En 1910, después de arduos esfuerzos, logró fundar el Colegio Jesús Sacramentado, su obra más encumbrada.
Además, preocupado por los avances y el progreso sociales, durante algunos períodos, se desempeñó como secretario de la Sociedad Española de Socorros Mutuos de 9 de Julio.
En la madrugada del 17 de marzo de 1913, víctima de una grave enfermedad, el padre Félix Compairé, falleció en 9 de Julio.
Sus restos descansan en la capilla de la necrópolis local.

RAMÓN N. PORATTI
En diciembre de 1992, el Concejo Deliberante de 9 de Julio, impuso su nombre a la antigua calle Catamarca.
Ramón Natalio Poratti, había nacido 25 de diciembre de 1880, hijo de Pedro Poratti y de Felisa Maggi.
Desde muy joven debió desempeñar diversa tareas, desde boyero, en Carlos Casares; pasando por dependiente de comercios, y hasta empleado de la sección de vías y obras, del Ferrocarril del Oeste, en la estación Bragado.
Después de trabajar como comerciante en “El Tropezón –donde logró ganarse la estima y admiración de sus vecinos-, en 1915, se radicó definitivamente en 9 de Julio.
Dedicado a la ganadería, y a la compra y venta de cereales, el 5 de diciembre de 1920 fundó la acreditada casa de remates feria. Además, en distintos años, le cupo ser presidente del Club Atlético “9 de Julio”, miembro de la Sociedad Rural de 9 de Julio, vocal de la Sociedad Italiana “Conte di Torino”, secretario de la Sociedad Italiana “Amistad y Trabajo”, fundador y primer presidente del Rotary Club de 9 de Julio, como así también del “Nueve de Julio Automóvil Club”; benefactor de la Sociedad Protectora de los Pobres”, del Asilo de Huérfanas “Nuestra Señora de Luján”, del Asilo de Ancianos “Santo Domingo de Guzmán”, y de las bibliotecas “José Ingenieros” y “Anastasio Prieto”.
Pero, sin dudas, la historia de 9 de Julio, le recuerda como funcionario público, y por cuanto contribuyó al engrandecimiento, en sentidos social y económico, del Partido. Activo militante de la Unión Cívica Radical, concretó una meritoria carrera política, desempeñando cargos de concejal municipal, electo –por vez primera- en los comicios del 14 de abril de 1918; sindico fiscal ante el Juzgado de Paz; y Defensor de Menores, en reemplazo del talentoso Cayetano de Briganti.
En dos ocasiones ocupó el primer cargo de la intendencia municipal, primero, desde enero de 1927 hasta diciembre de 1928; y luego, desde mayo de 1940 hasta abril de 1941.
Ramón N. Poratti, falleció en Buenos Aires, el 25 de diciembre de 1942. Entonces, el periódico “El Porvenir”, afirmó que 9 de Julio, “pierde uno de sus hijos dilectos, que supiera honrar y enaltecer su desenvolvimiento y progreso”.

BUENAVENTURA N. VITA
En 1998, el Concejo Deliberante de Nueve de Julio, por solicitud del Departamento Ejecutivo, impuso el nombre de Buenaventura Noé Vita, a un pasaje del Barrio Solidaridad 75 viviendas, en toda su extensión, a partir de la calle Moreno hasta Saavedra, entre las paralelas French y Guido Spano.
Vita, considerado el primer historiador de este Partido, nació el Nueve de Julio, el 22 de junio de 1884, hijo de Francisco y de Celestina Anunziata Magnoni.
Sus estudios primarios los cursó, primero, en la Escuela Infantil nº 3; y, luego, a partir de 1891, en la Escuela Elemental de Varones nº 1, que a la sazón dirigía el notable maestro Rafael Muzio. Más tarde, pudo graduarse procurador universitario.
Desde muy joven, militó en las filas de la Unión Cívica Radical, desde donde pudo proyectarse a la comunidad, principalmente, a través de dos cargos públicos: concejal municipal y consejero escolar. Tanto así que, alcanzó a desempeñar la presidencia del Consejo Escolar de Nueve de Julio.
Pero, su pasión por la investigación histórica, a la que dedicó gran parte de su vida, habría de convertirlo en un modelo de historiador. A su trabajo infatigable se deben la treintena de capítulos -que analiza el período 1863-1900- los cuales conforman su “Crónica Vecinal de Nueve de Julio”, una obra –para su tiempo- erudita, reunida en cuatro tomos, de los cuales sólo uno ha sido editado.
En efecto, fue el primero en escribir una versión historiográfica sistemática, a partir de fuentes que antes nadie había explorado.
En 1936, el Archivo Histórico provincial organizó el “Primer Concurso de Monografías sobre la Historia de los pueblos de la Provincia de Buenos Aires”. Por su parte, Vita, participó del certamen, con su “Crónica Vecinal...”, período 1863-1870. De suerte que, su estudio resultó premiado, y publicado, por el organismo organizador, dos años más tarde.
Al “Segundo Concurso de Monografías”, también organizado por el Archivo Histórico de la provincia, en 1947, presentó lo que, en rigor, es la “segunda parte” de su obra. Esta vez, aunque obtuvo una mención, y las recomendaciones para su publicación, aún permanece inédita.
En septiembre de 1950, fue nombrado miembro titular, en el “Primer Congreso de Historia de los Pueblos”, celebrado en La Plata. Su participación, y la colaboración brindada al iniciarse la organización, fue meritoria. En la memoria respectiva, debió publicarse su “Informe sobre los archivos históricos de 9 de Julio”, donde se destaca, síntesis y precisión, a pesar de la sencillez del lenguaje.
Fue, además, decidido colaborador del Club Atlético “9 de Julio”, y de la Sociedad Italiana “Amistad y Trabajo”.
Su vida se extinguió, a las 20 horas, del 20 de junio de 1954.
Tras su muerte, su copioso archivo personal, formado a través de un delicado trabajo de muchos años, que sirviera en su tarea historiográfica, fue donado a la comunidad; y, hoy, pueden consultarse en el Archivo y Museo Histórico “Julio de Vedia”.

NICOLÁS LEVALLE
El nombre de esta arteria, de la planta urbana de Nueve de Julio, recuerda al teniente general Nicolás Levalle, vinculado –de forma alguna- a estas tierras, desde la etapa post-fundacional del Partido.
Este militar, expedicionario al desierto, en las luchas de fronteras con el aborigen, había nacido en Cicagna, Chiavari, de la provincia italiana de Génova, el 6 de diciembre de 1840. Sus padres, también italianos, fueron Lorenzo Levalle y Benedicta Daneri.
Contaba con dos años, cuando emigró a la República Argentina, donde –más tarde-, hacia octubre de 1857, pudo ingresar como aspirante en la Academia Militar. Así iniciaba una brillante carrera en las armas, que hubo concluido con el rango más elevado a que puede aspirar un soldado argentino.
Participó en las batallas de Cepeda, en 1859, y Pavón, en 1861; y se destacó durante la guerra de la Triple Alianza.
De regreso del Paraguay, tomó parte en la campaña de Entre Ríos, contra Ricardo López Jordán, en 1870.
Inmediatamente después de sofocada la revolución de 1874, fue nombrado jefe de la frontera Sud de Buenos Aires, con asiento en Bahía Grande, primero, y en Fuerte Lavalle, luego. Entre noviembre y diciembre de 1876, permanecía en el Fuerte General Paz, entonces Partido de 9 de Julio. Allí, con alguna frecuencia, viajaba desde su guarnición, para ofrecer instrucción militar.
En 1879, en ocasión de la -tantas veces referida- expedición militar, permaneció al mando de la 2da. División, donde avanzó sobre tierra indígena, alcanzando Trarú Lauquen, y los ríos Salado y Colorado. En torno a esta época, fundó una importante ciudad bonaerense.
Estuvo ligado, de alguna manera, en los acontecimientos revolucionarios de 1880 y 1890. Además, durante las presidencia de Julio Roca y de Miguel Juárez Célman, ocupó la titularidad del ministerio de Guerra y Marina.
Fue docente en el Colegio Militar de la Nación, y le cupo la redacción de importantes estudios sobre temáticas castrenses.
Falleció en 1902. Como poseía el grado 33, en la francmasonería argentina, y al negarse a renunciar a esos principios, monseñor Mariano Espinosa –arzobispo de Buenos Aires- prohibió a los capellanes militares, se le tributaran exequias fúnebres.

JOSÉ IGNACIO GARMENDIA
Por ordenanza del 27 de febrero de 1905, el Concejo Deliberante de 9 de Julio, impuso al nombre de este militar, quien aún se encontraba con vida, a una de sus avenidas.
Escritor, pintor, historiador, legislador y coleccionista, además de guerrero, había nacido en Buenos Aires, el 19 de marzo de 1842, hijo de José Garmendia y de Manuela Suárez.
Adolescente aún, se encolumnó en el 1er Batallón del Regimiento Iº de Buenos Aires, debiendo operar en la isla Martín García. A su regreso, recibió el grado de sub-teniente.
En septiembre de 1861, participó en la Batalla de Pavón; y, tres años más tarde, en mérito de sus notables condiciones intelectuales, fue destacado como oficial de la Legación Argentina en Montevideo y Río de Janeiro.
En 1865, al estallar la Guerra de la Triple Alianza, marchó al campo de batalla, donde habría de contraer cólera.
Después de concluir la actividad legislativa –pues había sido electo diputado nacional, hacia 1870- fue nombrado jefe del Estado Mayor del Ejército del Sud.
En 1875, el ministro de Guerra, le confirió la jefatura de las Fuerzas de Reserva, a la sazón con asiento en el Partido de 9 de Julio.
Al concretarse el estallido de 1880, debió solicitar su baja del ejército, para unirse a las fuerzas de Carlos Tejedor.
Reincorporado, en 1882, desempeñó importantes cargos militares, participando en la Campaña del Chaco. Además, en 1890, le fue confiada la dirección del Colegio Militar de la Nación.
Después de sofocada la revolución radical de 1890, se le graduó general; efectividad del cargo que mantuvo activa hasta septiembre de 1904, en que solicitó la baja.
En el retiro de su hogar, dedicó parte de su tiempo a la pintura, la investigación y el estudio. Por otra parte, también había formado una importante colección de objetos y documentos históricos, relacionados con el pasado militar.
Excelente narrador y erudito cronista, sus trabajos son invalorable bibliografía, no solo por la calidad de su texto, sino –también- por los recursos que emplea. Escribió importantes obras –algunas publicadas en prensa, otras editadas en libros, y varias inéditas-, entre las que pueden mencionarse: “Recuerdos de la Guerra del Paraguay”, “Preceptos tácticos”, “Cartera de un soldado”, “Delitos y penas”, “Correspondencia sobre la Guerra del Paraguay”, “Asaltos de Plewna”, “Campaña de Humaytá”, “Cuentos de Tropa”, “Campañas de Aníbal”, “Escritos Militares”, “Juicio Crítico de la Guerra de Transvaal”, “Bocetos sobre la marcha”, “Combates de los Corrales”, “Campaña de Corrientes y Río Grande”, “Maniobras sobre el Talar de Pacheco”.
Falleció en la Capital Federal, el 10 de junio de 1925.

TOMÁS D. WEST
El nombre de Tomás D. West, no solo está ligado a una de las calles de la ciudad de Nueve de Julio, sino también a una relevante parte de nuestra Historia.
Tomás Domingo West, nació en Lobos, provincia de Buenos Aires, el 15 de septiembre de 1856, hijo de Tomás West, de origen inglés, y de Juana Martínez.
Graduado en Medicina en la Universidad de Buenos Aires, se radicó en 9 de Julio, alrededor de febrero de 1885, para ejercer su profesión.
Tan pronto como llegó a la promisoria comunidad, abrazó con singular interés las cuestiones públicas, militando en las filas políticas.
Después de promulgada la nueva ley orgánica de las municipalidades, con la que se organizaban los departamentos ejecutivo y deliberativo, en las elecciones del 10 de junio de 1886, fue electo concejal. Designado presidente del Concejo Deliberativo, debió asumir interinamente las funciones ejecutivas, el 1 de agosto de ese año. Así se convirtió en el primer intendente municipal... La Municipalidad de 9 de Julio, volverá a contarlo como su titular, en otros períodos.
Como médico, junto a otros facultativos radicados en el pueblo, le tocó hacer frente a las epidemias de cólera y viruela, entre 1886 y 1887; así como hacer frente a otras cuestiones inherentes a la salubridad pública.
Desde sus inicios, apoyó activamente la gestación de la Sociedad Protectora de los Pobres, y la construcción de su hospital. Tanto así que, por lapso de tres décadas, ejerció la dirección honoraria del nosocomio, de manera siempre altruista.
Colaboró en el desarrollo institucional de distintas asociaciones locales, de diversa finalidad. Asimismo perteneció a la Logia “Igualdad”, del Valle de 9 de Julio.
En dos ocasiones, ocupó una banca de diputado, en la legislatura provincial. Primero, desde julio de 1891 hasta abril siguiente; luego, entre enero y agosto de 1893.
En diversas ocasiones, del mismo modo, fue electo consejero del Consejo Escolar de 9 de Julio. Organismo, este, donde le cupo ejercer –también- la presidencia.
En 1927 se radicó en La Plata, donde falleció el 7 de diciembre de 1936. Más tarde, sus restos fueron trasladados a la necrópolis local, donde aún descasan.
Indudablemente, la carrera de vida, la trayectoria, de Tomás West, hacen de su figura, una de las más ricas, en las primeras seis décadas de la fundación de 9 de Julio.

ELIAS CABRERIZO
El 29 de octubre de 1989, el Concejo Deliberante de 9 de Julio sancionaba una ordenanza autorizando se imponga el nombre de “Maestro Elías Cabrerizo”, a una calle comprendida entre Antártida Argentina y Manuel Viegas.
Cabrerizo había nacido Vizcaya, España, el 17 de abril de 1881. En su tierra natal debió ser pastor de ovejas, aunque le fue posible realizar algunos estudios, sin llegar a graduarse en la docencia.
A principios del siglo XX emigró a la Argentina. De hecho, para 1912 ya se encontraba radicado en 9 de Julio, y había instalado su primer escuela, en un antiguo edificio de Salta entre Corrientes y Santa Fe.
Hacia agosto del año siguiente, este establecimiento contaba con 42 educandos, 28 varones y 14 mujeres. Ejercía como preceptora su esposa, en primeras nupcias, Marciana Gómez.
En octubre de 1914, trasladó su escuela a otra finca de la calle Santa Fe. Allí, donde había instalado su vivienda, la huerta y el jardín, tenía a su cuidado, además de sus muchos hijos, varios alumnos pupilos.
Los aranceles que cobraba eran relativamente bajos, lo que permitía que los alumnos pudieran cursar los estudios con más facilidad. Algunos, accedían a una especia de beca, que hacía que pagaran una cuota más reducida. Más aún, muchas veces a aquellos que no poseían recursos optaba por no cobrarles.
Más tarde, la escuela debió pasar por otros domicilios, incorporando a su programa de estudios nuevos emprendimientos, tales como el curso de Tenedor de Libros, adscrito a la Academia Fossa.
El maestro Elías Cabrerizo, según quienes compartieron su trato, recuerdan que “fue una figura que hizo todo por su propio esfuerzo, humilde, y a pesar de su severidad extrema, fue una contribución cultural para la comunidad de 9 de Julio”.
La fisonomía del maestro fue descripta por sus alumnos como la de un hombre “calvo, de baja estatura, excedido de peso, gran conversador, gran observados, sobrio. Le gustaban las fiestas, el pan alemán, la panceta, los picantes, el vino blanco y el mate amargo... Le gustaba jugar al chin-chon y en su casa se reunían amigos y vecinos a jugar y charlar. Fumaba en pipa y también cigarros de hoja”, que el mismo cultivaba en su huerta. Tenía una profunda fe cristiana que supo inculcar a sus discípulos, a través de tantos años frente al aula.
Entrado en años, afectado por una aguda sordera, ya retirado de la docencia continuó viviendo en 9 de Julio. Recibía la cercanía de sus muchos alumnos y amigos.
A pesar de los servicios que pudo prestar a la comunidad y a la patria que recibió como propia, jamás pudo jubilarse dignamente. Su retiro transcurrió en la mayor austeridad, cobrando algunas acciones de la Usina Eléctrica Popular y, para algunos, recibiendo una pequeña pensión.... Tanto así que, para tener material de lectura, ya en la ancianidad, debía acudir a un ex alumno para que le facilitara el periódico del día anterior.
Elías Cabrerizo dejó de existir en 9 de Julio, el 29 de noviembre de 1965. Sus restos descansan en la necrópolis local.

TOMÁS J. GARBISO
El 8 de septiembre de 1989, el Concejo Deliberante de 9 de Julio sancionaba la ordenanza que lleva el número 2671. Por medio de esta, imponía el nombre de “Tomás J. Garbiso” a una calle comprendida entre Río Negro (hoy Cardenal Pironio) y Alsina, y Doctor Tomás West y Avenida Primera Junta.
Tomás J. Garbiso, había nacido en Navarra, España, el 12 de diciembre de 1862, hijo de Pedro José Garbiso y de Petrona Arocena.
Emigró a la República Argentina en 1883, radicándose en Chivilcoy, donde se hubo empleado como peón en un tambo. Dos años más tarde, después de haber adquirido animales de su propiedad, comenzó a vender leche por cuenta propia, trabajando independientemente por lapso de catorce años.
Alrededor de 1897 compró varias hectáreas de campo, en el cuartel cuarto del Partido de 9 de Julio, para fundar “Dos de Mayo”. Una estancia que dedicó a la ganadería.
Hacia 1925 había logrado concretar un establecimiento modelo. Unas dos mil hectáreas, divididas en 50 potreros, pobladas por cerca de 7000 animales vacunos, 200 yegüarizos, que garantizaban un producción anual de más de dos mil terneros. Los doce tambos permitan la obtención de seis mil litros de leche diaria, que era empleada para la fabricación de productos lácteos, los cuales –para entonces- habría permitido que Garbiso obtuviera importantes premios.
Desde entonces, hasta su fallecimiento, se afincó en 9 de Julio, arraigando un hogar que formó junto a Juliana Grigarce.
Participó activamente en la vida comercial, social e institucional de este medio. Prestó impulso a diversas obras comunales, e integró buena cantidad de asociaciones, muchas de las cuales conocieron de su filantropía.
La Sociedad Española de Socorros Mutuos fue una de las tantas entidades que le contó como decidido colaborador. Allí se le distinguió como socio honorario, el 11 de febrero de 1940.
Por otro lado, asimismo, fue uno de los impulsores del movimiento popular que dio origen a la Usina Eléctrica Popular S.A., hoy Cooperativa Eléctrica y de Servicio “Mariano Moreno”. No sólo integró su primer directorio, en 1930 -acompañando los ideales de Tomás Cosentino- sino que fue –del mimo- uno de los principales referentes.
A lo largo de las dos décadas que insumió la instalación de una usina eléctrica popular, Garbiso trabajó denodadamente, brindado buena parte de sus horas a tan arduo esfuerzo. De hecho, de su propio peculio fue costeado el monolito que hoy recuerda la colocación de la piedra fundamental, en el predio que ocupa hoy esa institución educativa.
Cuando, en 1951, era inaugurado el servicio público eléctrico, prestado por la Usina Eléctrica Popular, Tomás Garbiso, ya anciano, se hallaba presente. Fue, sin dudas, quien más conoció del esfuerzo, del trabajo y de la lucha que demandó aquella loable concreción.

NICOLÁS GRANADA
El Concejo Deliberante de 9 de Julio, hacia julio de 1900, impuso el nombre de este militar, a una de las avenidas de la ciudad.
El coronel Nicolás Granada, expedicionario al Desierto, en las luchas de frontera con el aborigen, había nacido en Montevideo, el 6 de diciembre de 1795.
Siendo niño aún, fue enviado a España, para recibir educación en el –por entonces- renombrado Colegio Real de San Fernando. Allí se alistó como cadete en el Regimiento de Voluntario de Madrid, con cuya fuerza participó de la defensa de Montevideo, durante las Invasiones Inglesas... En esa contienda fue gravemente herido, siendo salvado, en el campo de batalla, por su padrino el coronel mayor Nicolás de Vedia.
Siendo subteniente de aquel regimiento, fue hecho prisionero por las fuerzas libertadoras comandadas por Alvear, que ocuparon Montevideo en 26 de junio de 1814. Primero, fue enviado a Córdoba, luego a Chascomús y, por fin, juró obediencia a la Patria, en 1816. El 3 de noviembre de 1817, se le dio de alta en el Regimiento de Granaderos de Infantería, con el mismo grado que revistaba en el ejército español.
Más tarde, participó en las acciones de Saucecito, Cepeda y Cañada de la Cruz.
El 17 de agosto de 1820, fue incorporado en el Escuadrón de Colorados, a las ordenes del coronel Videla. Por entonces, con el gobernador Martín Rodríguez, debió participar de una expedición al desierto.
Formaba parte del Regimiento de Húsares de Buenos Aires, ya en septiembre de 1823. Poco menos de cuatro años más tarde, poseía el rango de sargento mayor.
En 1839, contribuyó a sofocar la revolución de los Libres del Sud, encabezada por Castelli, contra Rosas; y, un año más tarde, realizó la denominada campaña de Tapalque.
Cuando Urquiza preparaba el desenlace de Caseros, Granada, rechazó su ofrecimiento de volverse contra Rosas.
En 1865, en reemplazo del coronel Julio de Vedia, fue designado jefe de la Frontera Oeste, con asiente en la Comandancia de Nueve de Julio. A partir de aquí, le cupo participar no sólo de la actividad propiamente castrense, sino también, de la organización civil del incipiente pueblo. A mediados de diciembre de 1868, fue relevado de ese cargo, y remplazado accidentalmente por el coronel graduado Antonio López Osornio.
El coronel Nicolás Granada, falleció en San Isidro, el 6 de mayo de 1871, víctima de la epidemia de fiebre amarilla.

HILARIO LAGOS
Por ordenanza del 27 de febrero de 1905, esta arteria urbana recibe el nombre del coronel Hilario Lagos, quien fuera jefe de fronteras, con asiento en el Fuerte “General Páz”, entonces partido de Nueve de Julio.
Hijo del destacado guerrero Hilario Lagos y de Toribia de la Fuente, había nacido en Pergamino, el 7 de noviembre de 1840.
Ya en 1856, se encontraban revistando en el ejército de la Confederación, con el grado de sargento distinguido.
En 1859, se destacó en la campaña de Mendoza y San Juan, y participó en la de Cepeda. Además, era escolta del presidente Santiago Derqui.
En noviembre de 1861, también se halló en la batalla de Pavón, conformando la división del general José María Francia... Un año más tarde, era ayudante de Paunero, y recorría –en campaña- Córdoba, San Luis y Mendoza.
Concluida la Guerra de la Triple Alianza, en la cual también debió actuar, fue destinado al servicio de frontera. Guarneció, como jefe de la frontera, resiento en el Fuerte “General Paz” y manteniendo –en este sentido- estrecha vinculación con Nueve de Julio.
En 1874, manteniéndose leal a las fuerzas del gobierno, asistió a la sofocación de la revolución mitrista.
En 1879, a las ordenes de Roca, realizó la ocupación definitiva de las tierras aborígenes.
Participó en los sucesos revolucionarios de 1880, en Flores y Los Corrales. Ese año, solicitó la baja del ejército, para ocupar una banca de diputado nacional, por Buenos Aires.
Reincorporado a las fuerzas armadas, en 1883, fue inspector de fronteras, en Salta y Jujuy. Asimismo, estuvo vinculado a la dirección del Colegio Militar de la Nación.
El coronel Lagos, se había iniciado en la francmasonería, en la Logia Tolerancia nº 4, en abril de 1872.
Falleció en Buenos Aires, en noviembre de 1895, con el grado de coronel.

ANTONIO AITA
A la antigua avenida Río Bermejo, le fue impuesto el nombre de este destacado periodista y legislador de Nueve de Julio.
Antonio Aita, había nacido en Nueve de Julio, el 12 de enero de 1911, hijo de Antonio Aita y Rosa Rosito.
Aún era niño cuando, en diciembre de 1921, se integró al personal de “El 9 de Julio”, medio de prensa que, con el devenir del tiempo, hubo de liderar por más de seis décadas.
Estudió en la Escuela Sudamericana de Buenos Aires, donde obtuvo el título de periodista, el 1 de septiembre de 1930. Cinco años más tarde, adquiría la imprenta, junto a su hermano Alberto, y se convertía en administrador de “El 9 de Julio”.
En 1943, se hizo cargo de la dirección, sucediendo al poeta y escritor Juan Farias. Desde entonces, le impuso al todavía periódico, un estilo propio... Un periodismo de infatigable lucha, donde se defendían los más elevados ideales del bien común.
Participó en la fundación de varias instituciones locales, como el Club y Biblioteca “Agustín Álvarez”, la Liga Nuevejuliense de Fútbol y la Asociación de Bomberos Voluntarios. Además, integró el Círculo de Periodistas, junto con otros eminentes cronistas, que daría vida a varios encuentros culturales.
En años difíciles para la libertad de expresión, con valor y templanza, no acalló su voz. Luchador constante, y auténtico defensor de los derechos de sus semejantes, no detuvo su infatigable dinamismo cotidiano.
Entre abril de 1952 y abril de 1955, ocupó una banca de diputado en la legislatura provincial. Sus provechosas gestiones, hicieron posible la construcción de un acceso a 9 de Julio, del camino General Villegas-Mar del Plata, del edificio de la delegación Dudignac, del Banco de la Provincia de Buenos Aires, entre muchos otros emprendimientos.
El 22 de diciembre de 1989, el H.C.D., le nombro “Ciudadano Ilustre de Nueve de Julio”, siendo el primero en ostentar ese honor.
Antonio Aita falleció en Nueve de Julio, el 18 de septiembre de 1995.
Tras su deceso, se le tributaron distintas honras a su memorias... En la actualidad, no sólo esta importante avenida lleva su nombre; también, una biblioteca popular, un salón de clases, un salón de actos, la sala de estudios del C.U.N., y una fundación cultural.

CORONEL FREYRE
Esta calle, de la planta urbana de nuestra ciudad, evoca al coronel Marcelino Freyre, expedicionario al desierto y protagonista de la historia de 9 de Julio.
Había nacido en Rosario de Rosario de Santa Fe, el 13 de noviembre de 1 846, hijo del coronel Marcelino Freyre Rodríguez del Fresno y de María Salomé Maciel de la Quintana.
Se inició en la carrera de armas en el Batallón Santafecino, en junio de 1865, cuando estalló la guerra del Paraguay. Asistió a la batalla del Yatay y a la toma de Uruguayana, pero por haberse enfermado en el mes de octubre del mismo año regresó a su ciudad natal.
En diciembre de 1866 fue incorporado al ejército del interior que estaba organizando el general Paunero. Pues, su enfermedad le impedía retornar a Paraguay.
Participó en diferentes hechos de armas, librados en varios sectores del país. Tanto se destacó que, para septiembre de 1868, ya ostentaba el rango de capitán.
Un año más tarde permaneció a las ordenes del comandante Julio Roca, en la provincia de Tucumán. El 26 de agosto del mismo año ascendió a sargento mayor graduado, regresando a Tucumán, de donde su regimiento marchó para Córdoba, por haber sofocado definitivamente la subversión en las provincias del Norte.
Luego de participar en la lucha contra el caudillo Ricardo López Jordán, y de permanecer apostado en Córdoba, a principios de 1872 fue enviado a la frontera bonaerense. En marzo de aquel año fue designado segundo jefe del 7º Regimiento de Línea, su cuerpo, que permanecía guarnecido en la Fuerte “General Paz”, entonces Partido de 9 de Julio.
Por aquella época, la todavía insipiente sociedad nuevejuliense, conocía la figura de este militar.
En enero del año siguiente, después de recibir el ascenso a teniente coronel, debió participar en la sofocación de la segunda rebelión de López Jordán. De regreso a Buenos Aires, se halló en la batalla de La Verde. Esta vez, incorporado al ejercito del coronel Arias, luchó contra los revolucionarios.
Concluida esta campaña, el teniente coronel Freyre retornó al Fuerte “General Paz", donde permaneció entre 1875 y 1976. Desde el 18 de Marzo de 1876, poco antes de ser nombrado comandante en jefe de la 1ª Línea de la Frontera Oeste, y por espacio de un par de años, realizó varias operaciones ofensivas sobre las comunidades aborígenes cercadas a Pichi-Mahuida, Lihué-Calel, Caichué, Trolfán, y Chadí Leuvú.
El 24 de mayo de 1976, el teniente coronel Marcelino Freyre fundó la hoy ciudad de Guaminí, en el margen sudoeste de la laguna del Monte.
El 14 de junio de 1879, la legislatura nacional había prestado acuerdo para otorgarle el grado de coronel. Pero doce día mas tarde, el militar dejó de existir.
Al morir, ocupara el cargo de Primer Vigilante, en la Logia Masónica “Luz del Desierto”, nº 60, en Guaminí, de la cual había sido fundador. Freyre se había iniciado en la masonería, el 29 de mayo de 1878.

CARDENAL EDUARDO PIRONIO
La antigua avenida Río Negro, una de las principales arterias de nuestra ciudad, ostenta el nombre de este hijo dilecto de 9 de Julio.
Eduardo Francisco Pironio, había nacido en 9 de Julio, el 3 de diciembre de 1920, hijo de José Pironio y de Enriqueta Buttazzoni. Recibió el sacramento del Bautismo en la parroquia de Santo Domingo de Guzmán, de 9 de Julio, el 3 de febrero de 1921, por ministerio del presbítero Alejandro Borghi, cura párroco encargado. Fueron sus padrinos, Pedro y Luisa Teresa Pironio.
Los estudios primarios, los cursó en el Colegio Cavallari; hasta que, respondiendo al llamado vocacional, ingresó en el Seminario de La Plata. Aquí estudió humanidades, filosofía y teología.
El 5 de diciembre de 1943, fue ordenado sacerdote, en la Basílica de Luján; y, cuatro días más tarde, ya oficiaba su primera misa, en la parroquia de 9 de Julio.
Sus estudios los completó en Roma, en el Pontificio Ateneo "Angelicum". Allí, en 1954, obtuvo la licenciatura en Teología.
En la diócesis de Mercedes, sirvió a su obispo en las cátedras del Seminario Pío XII, y en otras muchas tareas. Luego, se le designó provisor y vicario general de la diócesis, consultor diocesano, director del Boletín Eclesiástico, asesor de Acción Católica, y vicario cooperador en Las Heras, formando parte de la familia pontificia con el título de Prelado Doméstico de Su Santidad.
En 1961, era director y profesor del Instituto de Teología de la Universidad Católica Argentina. Poco después, se le confió la rectoría del Seminario Metropolitano de Buenos Aires.
El 31 de mayo de 1964, fue consagrado obispo; para servir, primero, como auxiliar de La Plata, desde la diócesis titular de Ceciri. En abril 1972, fue nombrado obispo de Mar del Plata. Después de pasar, en momentos decisivos, por la diócesis de Avellaneda, como administrador apostólico.
Presidió el CELAM y participó de los encuentros en los encuentros más importantes para la Iglesia latinoamericana del pos concilio.
El 20 de septiembre de 1975, el papa Paulo VI, lo designó Pro-Prefecto de la Sagrada Congregación de Religiosos e Institutos Seculares. Así, pasó a integrar la Curia Romana, como arzobispo titular de Tiges. A partir de entonces, se distinguirá en diferentes cargos, ocupados en varios dicasterios.
Fue creado cardenal, el 24 de mayo de 1976, con el título de los Santos Cosme y Damián. Desde abril de 1984 hasta agosto de 1996, presidió el Consejo Pontificio para los Laicos.
En 1995, por citar, integraba el Consejo de la II Sección de la Secretaría de Estado; y era miembro de las Congregaciones para las Causas de los Santos, para las Iglesias Orientales, para los Obispos, para la Educación Católica y para la Evangelización de los Pueblos; y consejero de la Comisión Pontificia para la interpretación de los Textos Legislativos.
Poco después, el papa Juan Pablo II lo promovió al orden cardenalicio de los obispos, confiándole la diócesis suburbicaria de Sabina Poggio Mirteto.
El cardenal Pironio, falleció en Roma en febrero de 1998. Sus restos descansan en la Basílica de Luján.

MARIANO SAAVEDRA
Paralela a Luis Braile y Miguel Vaschetti, en nuestra ciudad, existe una arteria que recuerda a Mariano Eusebio Saavedra, quien fuera legislador y gobernador de Buenos Aires.
Había nacido en el Fuerte de Buenos Aires, el 15 de agosto de 1810, el sexto hijo de las segundas nupcias del brigadier Cornelio Saavedra con Saturnina Bárbara de Otalora y del Rivero. Horas más tarde, recibió las aguas del Bautismo, en el templo de la Merced, de manos del presbítero Manuel Alberti, y apadrinado por Manuel Larrea.
Por lapso de más de un lustro, su familia debió permanecer exiliada fuera de Buenos Aires, hasta después de 1816. De regreso, junto a sus padres, Mariano Saavedra, se afincó en Rincón de Cabrera, hoy Zárate, donde su madre poseía una estancia.
Un año después de la muerte de su padre, cuando contaba 19 años, volvió a la ciudad de Buenos Aires, a raíz de una epidemia que asolaba por entonces a la provincia.
En el segundo semestre de 1832, contrajo enlace con Carmen Zavaleta (nacida el 11 de junio de 1816); matrimonio del que nacieron: Adolfo Rómulo, el 19 de noviembre de 1833; Carmen Emiliana, el 12 de enero de 1835; Carlos, el 28 de febrero de 1839; Cornelio Ernesto, el 16 de julio de 1840; Mariano Abraham, el 9 de octubre de 1842; Adolfo Pedro, el 18 de febrero de 1845; Celina Paulina, el 6 de octubre de 1852; y Zulema María Antonia, el 25 de abril de 1857.
Había logrado sostener un emprendedor saladero, en Rincón de Cabrera pero, con el advenimiento del gobierno de Rosas, volver al exilio, esta vez en Montevideo. Después de la batalla de Monte Caseros, regresó al país para dedicarse a actividades empresariales.
Además, ocupó cargos relevantes en la municipalidad de Buenos Aires, después de su creación, en 1856. De hecho, fue municipal por la parroquia del Pilar.
Más tarde, le cupo ser convencional constituyente, diputado y senador. Como así también, director y presidente del Banco de la Provincia de Buenos Aires.
En octubre de 1862, fue elegido gobernador de la provincia de Buenos Aires, en reemplazo del general Mitre, quien asumía la primera magistratura del Estado argentino. Volvió a ser electo, en esas funciones, en marzo de 1863, para permanecer poco más de un trienio. Durante ese período, debió firmar, el 12 de febrero de 1864 y el 2 de agosto del año siguiente, los decretos de creación del pueblo de Nueve de Julio, y reglamentario de la ley de creación de diez nuevos partidos –entre ellos, el nuestro-, respectivamente.
Cómo gobernador realizó una prolija gestión, que dio como origen importantes emprendimientos, entre ellos, la prolongación de líneas férreas, la organización de la dirección del ferrocarril, el establecimiento de nuevos juzgados de campaña, la fundación y creación de varios pueblos y partidos, y la instalación de nuevas sucursales del banco provincial.
Mariano Saavedra falleció en Buenos Aires, el 9 de febrero de 1883. Sus exequias, por expresa voluntad suya, consistieron en una Misa, y en un funeral sólo acompañado por sus hijos y nietos. Del mismo modo, había pedido a sus hijos que “cuando las ordenanzas municipales lo permitan, exhumen el cadáver de su virtuosa madre y el mío y [los] encierren en un solo ataúd”, para que “los que tanto se amaron en la vida, duerman juntos el sueño eterno”.

TENIENTE CORONEL ESTANISLAO HEREDIA
El 27 de diciembre de 1963, el Concejo Deliberante de Nueve de Julio sancionó una ordenanza designado “con el nombre de Teniente Coronel Estanislao Heredia, la calle de la ciudad de Nueve de Julio, que corre paralela a la Ricardo Gutiérrez hacia el lado oeste”. El proyecto había sido presentado por el bloque de ediles de la Unión Conservadora, a fines de octubre del mismo año; habiendo recibido el pedido de aprobación, por parte de las comisiones de Vialidad y Obras Públicas y de Presupuesto y Hacienda, el 10 de diciembre.
Estanislao Heredia había nacido en Catamarca, en 1834. El 1 de mayo de 1857, se había alistado al ejército, con el grado de alférez segundo, incorporado a la primer compañía del segundo escuadrón del Regimiento nº 5 “Granaderos a Caballo”, en Azul.
Se encontraba con su cuerpo es Sauce Grande, cuando fue graduado teniente, el 24 de julio de 1858. En febrero de ese año, había participado del enfrentamiento en Pigüe, contra los aborígenes de Calfucurá; y en marzo del año siguiente, lo hizo nuevamente, en Bahía Blanca, a las órdenes del coronel Granada.
Poco después de obtener el rango de teniente segundo, alcanzó una baja temporaria del servicio. Al reincorporarse, en diciembre de 1859, se agregó a la primera compañía del regimiento 3ª de Caballería, otra vez en Campo de Marte (Azul).
Después de participar en la batalla de Pavón, y de permanecer en diferentes puntos de frontera en la provincia, acompañó al coronel Julio de Vedia en la expedición a los Ranqueles.
Al estallar la guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay, se incorporó en el segundo cuerpo del ejército, a las órdenes del general Emilio Mitre. Debió participar de la toma de la batería de Itapirú, y en los encuentros de Estero Bellaco, Tuyutí, Curupaytí, Tuyú-Cué, entre otros.
En 1868, debió trasladarse a Corrientes, para sofocar la rebelión del general Nicanor Cáceres. En febrero del año siguiente, por pedido del coronel Vidal, se le confirió la efectividad en el grado de sargento mayor.
El 26 de mayo de 1871 fue designado jefe del regimiento 5º de Caballería de Línea, con asiento en el Fuerte “General Paz”, entonces partido de Nueve de Julio. Tres días más tarde, le fueron otorgados los despachos de teniente coronel graduado.
El 27 de junio de 1872, en un encuentro con los indígenas, de cuyos hechos existen varias versiones, el teniente coronel Heredia, junto con algunos soldados de su regimiento, perdió la vida.
Heredia había contraído matrimonio con Mercedes Cari. Tras su muerte, el 30 de junio de 1873, ella percibió una pensión por la mitad del suelo del empleo de su esposo. Pero, en realidad, según el coronel Julio Olivencia Fernández, la viuda y los dos huérfanos, debieron vivir “de la caridad de sus parientes, hasta que en los primeros albores de la vida, consumidos por la terrible tuberculosis, adquirida quizá en la pobreza y abandono, marcharon a otro mejor mundo”. La esposa del malogrado militar, continúa Olivencia Fernández, habría muerto “de mísera consunción”.
Los restos de los militares, muertos en esa lucha, fueron sepultados en el pueblo de Nueve de Julio. Según Jacinto R. Yaben, los restos de Heredia habría recibido “piadosa sepultura”, en la ciudad de Buenos Aires, el 17 de julio de aquel año. Sin embargo, otras obras citan que sus restos descansaría en la Pirámide que existe cercana al peristilo de la necrópolis de Nueve de Julio.
Lo cierto es que ese sepulcro, por decreto nº 89, del Poder Ejecutivo Nacional, en julio de 1982, fue declarado “Monumento Histórico”.

ENRIQUE P. CANO
En la ciudad de 9 de Julio, existe una arteria que recuerda, con sus nombres, a los hermanos Enrique y Arturo Cano, dos figuras significativas para el desarrollo cultural, intelectual y periodístico, en 9 de Julio. Precisamente, esos nombre le fueron impuestos a la calle, un año después de los decesos de ambos, ocurridos en 1970.
Enrique Patricio Cano, nació en 1893, en Luján. Era hijo de Alejandro Cano y de Teófila Cuello.
Junto a sus padres, siendo todavía un niño, se afincó en la estancia "La Casualidad", en la localidad de La Niña, en el partido de 9 de Julio.
Ingresó en la Escuela de Mecánica del Ejército, pero, al redescubrir su vocación a la enseñanza, pasó a la Escuela Normal de Maestros, donde pudo graduarse con brillantes calificaciones.
Alrededor de 1922, le fue confiada la dirección de la Escuela nº 4, de 9 de Julio. Aquí puso en práctica su talento y la profesionalidad característica.
Docente progresista, lo era en todo. Dotó a la escuela de los principales adelantos técnicos; e incorporó al programa institucional otras áreas de importancia, de modo extraescolar. De Alemania importó los últimos adelantos en cuanto a materiales didácticos de uso en el laboratorio, gracias al aporte de su comisión cooperadora.
Entre mucho, acercaba a los alumnos a la lectura de los grandes pensadores y filósofos. Tanto así que, por inspiración suya un club deportivo recibió el nombre de "Agustín Álvarez".
Por entonces, también dictaba clases en la escuela nocturna para adultos.
Las complejas, como ponzoñosas, cuestiones que se tejieron, en la década de 1920, en el seno de la Unión Cívica Radical, el profesor Cano debió hacer frente a fuertes presiones. Estas terminaron por exigirle un traslado, en calidad de relevo, a una escuela rural del partido de General Pueyrredón, en la provincia de Buenos Aires, que rehusó.
A raíz de su alejamiento de la docencia, fundó el periódico "El Gráfico", en abril de 1928. Este bisemanario, que pudo hacer escuela en el periodismo de 9 de Julio, era impreso en las instalaciones propias, ubicadas en la esquina de Mitre y San Juan, donde funcionaba también la redacción. Así, alejado en parte de la tarea educacionista, abrazó el periodismo.
Pronto se unió a las filas del Partido Socialista, constituyéndose uno de los referentes mas importantes en nuestro medio. Tal es así que pudo ser candidato a algunos cargos importantes, en diversos períodos.
No sólo colaboró activamente en la fundación del Club "Agustín Álvarez", también lo hizo cuando comenzó formarse la biblioteca de la institución. Donó los primeros libros, una edición de las obras completas del patrono del Club, una enciclopedia y otros títulos menores.
También el en periodismo, a raíz de su postura netamente esclarecedora, debió soportar persecuciones.
Como docente, además, durante largo tiempo dictó cátedras en el Colegio Cavallari y, luego, en la Escuela Nacional de Comercio.
A lo largo de su vida, asimismo, integró las filas del Círculo de Periodistas de 9 de Julio, y la Asociación de Maestros; participando en la fundación de la Federación Cultural de esta ciudad y presidiendo la Biblioteca Popular "José Ingenieros".
Enrique Cano falleció en La Plata, el 4 de agosto de 1970.

ARTURO A. CANO
Arturo Arsenio Cano, hermano de Enrique, nació en el partido de 9 de Julio, en 1898.
A los 14 años, por causa de la viruela perdió la visión. Aún así la ceguera tan temprana, no le impidió adquirir una formación, llena de sapiencia.
Periodista culto, su prosa era amena, y manejaba un acabado discurso. En 1928, cuando su hermano fundó “El Gráfico”, le confió un puesto clave: la secretaría de redacción.
Un secretario solía tomar dictado de sus notas. Su hermano Enrique, director del periódico, nunca daba a luz un escrito de relieve sin antes consultárselo.
Era extremadamente bondadoso, no con a la manera de la lisonja superficial. Por el contrario, su bondad era honda. En su casa de Catamarca (hoy Ramón N. Poratti) 262, entre Robbio y Mendoza, se integraban numerosas tertulias y pláticas amistosas. En torno "al mate" o "al asado", se debatían interesantes temas de actualidad. Muchos jóvenes de entonces oían las palabras de aquel maestro que, aunque privado del órgano visual, podía ver muy lejos.
Hacia enero de 1944, después de ser clausurado "El Grafico", los hermanos Cano fundaron "El Artesano". Esta vez, la dirección estaba a cargo de Arturo... No debió transcurrir mucho tiempo, para que este fuera también cerrado.
Durante varios años, ocupó el cargo de bibliotecario en la Biblioteca Popular que dependía del Club y Biblioteca “Agustín Alvarez”. Allí era frecuente verlo leyendo sus libros en alfabeto Braile. Aún se conservan algunos de sus libros, tal como el Evangelio de Lucas (The Gospel of St. Lucke), editado por la The British and Foreign Bible Society.
Admiraba el buen arte. Solía ejecutar el piano con cierta maestría.
Arturo Cano, falleció en La Plata, el 3 de julio de 1970. Un año más tarde su nombre le fue impuesto a la Biblioteca Popular que hubiera dirigido.
Roberto B. Tarantino, periodista de “El Gráfico”, y uno de aquellos jóvenes que compartían las reuniones en “la casa de los Cano” (o “El Rancho Grande”) en un poema que tituló "Muerte del hombre árbol", lo describió afirmando, entre otros versos:
“En la excelsa grandeza de su mundo,/de su mundo de horizonte ilimitado, /
proyectándose augusto/ en la claridad de su visión profunda,/ vivió/ como vive el árbol, /como ‘hombre-árbol’, / enraizadas sus bases en la tierra, jardín de las flores de su esencia”.
“Sacudidas sus ramas/ no pudieron tempestades/ doblegar su enhiesto tronco,/ manteniéndose erguido/ hasta la sentencia inapelable/ de la ley inclemente de Natura”.
“Murió/ dejando en derredor,/ como el árbol deshojado del invierno,/ tristeza,/ desolación,/vacío”.
También, Eduardo N. De Risio, quien bien le conoció, cierta vez afirmó que "lo amábamos porque era demasiado humano y generoso, optimista y de alegre corazón, que curaba en triste mal metafísico de los introvertidos con su palabra cálida y retozona”.

NICOLÁS L. ROBBIO
La verdadera designación de esta arteria de la planta urbana de 9 de Julio, es Nicolás L. Robbio y no Nicolás H. Robbio.
Nicolás Liberato Robbio, destacado líder conservador del antiguo Partido Autonomista Nacional, había nacido en Buenos Aires, el 17 de agosto de 1846, hijo de Nicolás Robbio y de Leonor Martínez.
Como su tío Juan Robbio, también dirigente político, poseía una fracción de campo en el Partido de Bragado, le cupo a su padre la administración de este, trasladándose a aquel distrito.
Mas tarde, promediando la década de 1870, el joven Nicolás L. Robbio, pasó a formar parte del vecindario de 9 de Julio.
Contaba 28 años, cuando contrajo matrimonio –en segundas nupcias- con Dolores Venegas, matrimonio del cual nacerá –entre otros hijos- Nicolás H. Robbio, otro descollante hombre público.
Nicolás L. Robbio, tuvo una por demás destacada actuación social y política en 9 de Julio. Pudo desempeñarse, en varios períodos, como: comandante militar, juez de Paz, concejal y presidente del Concejo Deliberante, presidente de la Municipalidad, intendente municipal, consejero escolar, comisario de policía, senador y diputado ante la Legislatura provincial, defensor de menores; además de ser distinguido, con diversos cargos, en la dirigencia de su partido.
También, después de producirse la autonomía del Partido de Carlos Casares, radicado allí, tuvo amplia como destacada actuación.
Falleció en Carlos Casares, a las 9 horas del 28 de octubre de 1914. Un día más tarde, el Concejo Deliberante de 9 de Julio sancionó una ordenanza, por la cual imponía su nombre a la entonces calle Córdoba.

TOMÁS COSENTINO
De nacionalidad italiana, Tomás Cosentino había nacido en 1874. Junto a su madre, en 1888, inmigró a la República Argentina, radicándose primero en Buenos Aires. Allí se empleó en un comercio, situado en la calle Entre Ríos, por un suelto de 10 pesos. Más tarde, debió ingresar a trabajar a una obra en construcción, como peón de albañil; donde al poco tiempo –demostrando su talento- fue ascendido a oficial y luego a director de la obra.
En 1893, en compañía de algunos amigos, se trasladó a la localidad de French, en el partido de 9 de Julio, donde arrendó una fracción de 160 hectáreas, del campo de los hacendados Núñez Monasterio. Desde entonces, iniciará su tarea de agricultor, la cual, después de luchas y dificultades, le permitirá formar una sólida posición.
Como propietario de la red telefónica, contribuyó al progreso de la ciudad, extendiéndola considerablemente, además de brindar un destacable servicio.
Además, desempeñará relevante accionar como: vice-cónsul de Italia en 9 de Julio; presidente de la Sociedad Italiana de Socorros Mutuos, desde 1917 hasta 1918, y desde 1928 hasta 1929; presidente de la Comisión Pro-Fomento Edilicio de 9 de Julio, hacia 1926, donde trabajó para la construcción del Parque y el embellecimiento urbano de la ciudad; miembro de la junta directiva de la Sociedad Rural de 9 de Julio, entre otras.
Pero, su nombre habrá de ser recordado, como fundador y dinámico luchador en el movimiento comunitario que dio origen a la Usina Eléctrica Popular.
Falleció en 9 de Julio, el 25 de julio de 1936. Su nombre, le fue impuesto a la antigua avenida Río Uruguay.

HISTORIA DE 9 DE JULIO (BS. AS.)

RESEÑA SOBRE LA HISTORIA DE LA E.E.T. N° 2
* Por Héctor José Iaconis

Desde la primera mitad de la década de 1920, hacianse sentir las necesidades de contar, en la ciudad de 9 de Julio, con una escuela de enseñanza técnica. Entonces, algunos legisladores proyectaron, aunque con poca propulsión, la manera de gestionar ante los organismos competentes la creación de una institución educativa de tales características. Hacia 1928, por citar, jóvenes de esta ciudad estudiaban (becados por la Municipalidad) en la Escuela de Artes y Oficios, de Bragado, entonces dirigida interinamente por el Prof.. José Piccaluga (1). Esto ocasionaba gastos considerables, pues los alumnos debían alojarse en cada pensión, además de cuanto importaban los traslados hacia esa ciudad (2). Las gestiones mas efectivas, para la creación de la ´escuela de preparación industrial´ fueron iniciadas por la comisión auxiliar 9 de Julio de la Confederación Nacional del Trabajo (C.G.T.). Su secretario, Horacio Italiano, en marzo de 1945, admitía que ´ ello beneficiaria, en lugar primero, a los hijos de los obreros, que al terminar los estudios primarios se encuentran sin orientación fija, frente al duro panorama de la existencia, debiendo, las mas de las veces, rodar por ahí como miserables ganapanes, si es que no se encaminan por la senda tortuosa del vicio y la degradación personal (3). Pero debía transcurrir casi un lustro hasta que, por gestiones del senador nacional Mayor (r) Alfredo J.L. Arrieta (cuñado del Presidente de la Nación en turno), la Comisión Nacional de Aprendizaje y Orientación Profesional, del Ministerio de Trabajo y Previsión, accediera a la creación de una escuela fabrica en el partido de 9 de Julio. Para ello, y con la finalidad de ultimar detalles, a principios de junio de 1950, habiase trasladado a esta ciudad el Inspector de Enseñanza, Sr. Varela, quien con la asistencia de la Delegación Regional de la C.G.T., inicio la inscripción para el curso lectivo, procurando el alquiler de una vivienda donde funcionaria la misma. El 25 de Junio de 1950 (5) dio comienzo la actividad educativa de la Escuela de Aprendizaje y Medio Turno Nº 134 (sic), bajo la dirección interina de Dante Manuel Peters, y con un cuerpo de docentes y personal integrado por: Helio Augusto Amerio, Amilcar Raul Linch, Hector Vicente Medici, Raúl Raña, Nicanor Tellechea, Francisco Guillermo Spina, Ramón Ojeda, Miguel Rivas, Arturo Avendaño, Antonio Anorfo, Francisco Jimenez del Barco, Clemente Malpere y Ricardo Igelmo.

SU PRIMER NOMBRE
Poco después de la creación de la novel escuela, se produjo el fallecimiento del Mayor Arriate. Por ello, en reunión del 19 de Julio de ese año (1950), la Mesa directiva de la Delegación Regional de la C.G.T., resolvió:
¨ solicitar a la Comisión de Aprendizaje y Orientación Profesional, esta Escuela lleve el nombre del extinto hombre publico Mayor Alfredo J. Arrieta... para el acto de inauguración de la Escuela Nº 134, hará uso de la palabra, en nombre de la Delegación Regional, el Compañero Delegado Tesorero Teodoro Alejo Dri... Se resolvió que para el acto de inauguración de la Escuela, dado que se hallaran presentes los representan tes de la familia Arrieta, ofrecer un almuerzo en el Plaza Hotel, con la participación del Señor Inspector Varela, todo el personal que prestara servicio en la Escuela, representantes de la familia Duarte-Arrieta y miembros de esta Delegación Regional¨. (6). Al acto inaugural e imposición del nombre de ´Mayor Alfredo J. Arrieta´ a la Escuela Nº 134, asistió numeroso publico, representantes municipales, policiales, religiosos y educativos, delegaciones de escuelas primarias y de la Escuela Nacional de Comercio ´Nueve de Julio´. Frente al edificio que ocupaba la escuela (Córdoba 277 entre Avda.. San Martín y Salta) habiase levantado el palco oficial, donde uso de la palabra -entre otros- el Inspector Varela.

LA PRIMERA EXPOSICION
Un año mas tarde, la dirección del establecimiento estaba a cargo del Prof.. Hector V. Medici, y fueron incorporados el Prof.. Manuel Rodríguez y el maestro Santiago Villar (7). Con el objetivo de dar a conocer la labor educativa de la ya Escuela Fabrica de la Nación Nº 134, fue organizada, en noviembre de 1951, la ¨1º Exposición¨ de trabajos prácticos, en el Salón Blanco de la Municipalidad de 9 de Julio. Allí, con un marco excepcional de asistentes y coronada con el éxito, se expusieron las actividades ejecutadas por aquellos primeros educandos.

LA ASOCIACION COOPERADORA
Por iniciativa del director del establecimiento, el miércoles 7 de mayo de 1952, a las 22 horas, se reunieron en el establecimiento, poco mas de una decena de vecinos, con la finalidad de conformar una asociación cooperadora que asistiese a la Escuela, en forma institucional y pecuniaria, pues la misma ya había sido trasladada al edificio -mas de Saamplio y conveniente- de la esquina Santa Fe y La Rioja. Con los allí presentes y otros que, aunque ausentes, mostraron su apoyo, luego de una ¨prolongada deliberación´ , fue constituida la primera comisión directiva, la cual quedo formada -previa lectura del proyecto de estatutos- de la siguiente manera:

Presidente: Carlos Tacchi
Vice: Felipe Menéndez
Secretario: Angel Villa
Tesorero: Osvaldo L. Gatti
Vocales: Arturo J.M. Montorsi
Juan J. Plini
José A. Inzua
Raúl Falcinelli
José Martino
Adolfo Cingolani
Genaro Bengoa
Clemente Eceizabarrena
Vocales Suplentes:
Ernesto Benso (h)
Eladio Blanco
Hector Vazquez
Rev. de Cuentas:
Roberto Fernández
Manuel M. González
Asistente Técnico:
Hector Medici (8)

LOS PRIMEROS EGRESADOS
Hacia fines de 1952, egresaron los primeros alumnos, del tercer curso, quienes iniciaron sus estudios en el año de fundación de la Escuela:

Nicolas Pablo Guaragna
Luis Hugo Pozas
Dardo Osvaldo Garcia
Celestino Abel Manrique
Pedro Eugenio Sánchez
Miguel Florencio Sánchez
Abel Omar Lombardo
Víctor David Blanco
Angel Emilio Rivolta
Pedro Alejandro Vázquez
Eduardo Alberto Valenti
Victorio Vaccari
Hector Jorge Buffoni
Juan Domingo Bono
Enible Walter Regalía
Eduardo Carlos Impinisi
Norberto Guiet
Hector Lino
Garcia Efrain
Mario Andion

LA NUEVA DENOMINACION
A poco del derrocamiento del gobierno de Juan Peron, y con la disolución de la Comisión de Aprendizaje y Orientación Profesional, la Escuela Fabrica Nº 134 de la Nación, comenzó a depender del Consejo Nacional de Educación Técnica, y, con motivo de la intolerancia seguida en la primera etapa de la Revolución Libertadora, le fue suprimido el nombre de ¨Mayor Alfredo J. Arrieta¨. Desde 1956, ocupaba la dirección el Prof.. Oscar Ruben Bolies (9), en reemplazo del Prof.. Manuel Rodríguez, quien había ascendido a director en 1.953(10). En 1964, por disposición del C.O.N.E.T., dejo de denominarse Escuela Fabrica, para ser llamada Escuela Nacional de Educación Técnica Nº 1. Poco mas de una década después, la Asociación Cooperadora, considerando que esta no poseía nombre alguno, gestiono ante el interventor del Consejo Nacional de Educación Técnica (C.O.N.E.T.), Ing. Carlos A. Burundarena, la imposicion del nombre de Mercedes Vázquez de Labbe (11), como ¨patrona¨ del establecimiento, lo cual, se efectivizo mendiante Resolución Nº 2243 del 15 de Octubre de 1979.

LA IMPLANTACION DEL CICLO TECNICO SUPERIOR
Hacia Septiembre de 1971, por gestiones de autoridades de la Asociación Cooperadora, y con la labor inquebrantable del Ingeniero Juan Sabato, se concreto una importante entrevista entre integrantes de las fuerzas vivas de 9 de Julio y el Ingeniero Luinor Adelfio Vilches, presidente del C.O.N.E.T., con la finalidad de solicitar la implantación del Ciclo Superior, para favorecer a los egresados con el importante titulo de Técnico Mecánico. La comitiva fue integrada por lo mas representativo de la vida institucional de esta ciudad: el Intendente Municipal, Alfredo Mastrocesare, Hector Alejandro Cuaroni, Inspector General, Rvdo. Padre Augusto María Rol, en la representación del Obispado de Santo Domingo de Guzmán, Angel Rodríguez, por la Comisión Pro-Teléfonos, Joaquín Viegas, por la Cámara de Comercio e Industria, Adolfo González, por la Sociedad Rural, Oscar Bolies, Director de la Escuela Nacional de Educación Técnica, Hugo Orbea, en representación del Colegio de Escribanos, Julio Fausto Emilio Naudin, por la U.E.P., Pedro Anselmi, en representación del Rotary Club 9 de Julio, José Insua, Cecilio Fava y Aníbal Soaje, miembros de la Cooperadora E.N.E.T. Nº 1, Manuel Rivera, por la Asociación de Bomberos Voluntarios, representantes de medios periodísticos y otros organismos (12).
Tan exitosa fue la gestión realizada por ese grupo que, para Marzo del año siguiente, había sido acordada la implantación del ciclo superior, con su respectiva tecnicatura. Sobre el particular, el Prof.. Osvaldo Moro, expreso: ¨ Este ciclo completa la formación de los alumnos del ciclo básico en una determinada especialidad. Esta formación se orienta en dar al técnico la capacidad necesaria para proyectar, efectuar y dirigir en las distintas fases de su profesión, esto hace que trascienda su importancia, para la industria local que puede nutrirse de jóvenes convenientemente capacitados¨ (13).
A fines de 1974, en un significativo acto realizado en el Salón Blanco Municipal, se entregaron los diplomas de Técnico Mecánico a la primera promoción de egresados del Ciclo Superior, ellos fueron: Luis Alberto Cescutti Hector Mario González Walter Antonio Martínez Walter Dario Maccagnani Carlos Alberto Mattera Alberto Ismael Mudeh Norberto Negretti Norberto Omar Navarro Tomoyuki Oshiro Masaharu Oshiro Miguel Angel Rodríguez Eduardo Valle Alberto Ramón Vuotto Miguel Angel Zappa

EL NUEVO GRAN EDIFICIO
Principiando la década de 1960, se hacia menester contar con un nuevo edificio, dotado de mas amplias instalaciones, pues, el crecimiento se generaba a pasos agigantados. En la casa de la calle Santa Fe, construida en 1911, funcionaban las aulas, los talleres, el comedor y un internado. Este ultimo había comenzado en 1954, con 35 residentes, lo cual, para entonces, habiase incrementado considerablemente. Por todo ello, el 3 de Agosto de 1960, el director del establecimiento, Prof. Oscar Bolies, se dirigía al Intentende Municipal Adolfo Poratti solicitando la donación de un terreno ¨Designado según plano oficial de la Ciudad de 9 de Julio como solares 4,6,8 y 12 manzana 67...¨ (14).
Un año mas tarde, se había constituido una comisión Pro-Edificio, integrada por Alcides Spina, Oscar Antonini, Carlos Vanina, Roberto Villalba, Santiago Baztarrica, Ricardo Paladino y Roberto Ferrer, que activo las gestiones ante el Honorable Consejo Deliberante de 9 de Julio, en favor de obtener la donación del predio para la construcción del nuevo local, que se materializo, por ordenanza del 11 de Octubre de 1961, por medio de la cual, el Honorable Consejo Deliberante donaba al Consejo Nacional de Educación Técnica una fracción de la manzana 8 (según nomenclatura catastral) ¨con destino obligado a la construcción del edificio para el funcionamiento de la Escuela Fabrica Nº 134 de la Nación...¨ (15).
Dado que se proyectaba, asimismo, la edificación contigua de la Residencia Estudiantil, durante el primer cuarto de la década de 1970, la Municipalidad de 9 de Julio, amplio la donación efectuada en 1961, por voluntariosa iniciativa del comisionado Raúl Francisco Porthe. Inconvenientes burocráticos, retrasaron el inicio de las obras, las que dieron principio el 1 de Diciembre de 1979, producto del trabajo inclaudicable de las distintas comisiones de la Asociación Cooperadora, y autoridades municipales, provinciales, nacionales y eclesiásticas, así como también legislativas.
En 1985, fueron trasladados los talleres, y, ya concretadas las obras, el 28 de Agosto del 1987, el Director del Establecimiento, Prof. Vicente Hector Francione, quien ocupaba ese cargo desde el año anterior, presidía, junto a otras personalidades relevantes, el acto oficial inaugural del gran edificio, orgullo insoslayable de la región.

NOTAS:
(1) Años mas tarde fue regente de la Escuela Industrial de la Nación ¨Otto Krause¨, en la Capital Federal.
(2) Cfr. ARCHIVO DE LA MUNICIPALIDAD DE 9 DE JULIO, Expediente Nº 13, Año 1930, 6 ff.
(3) Periódico ¨EL IMPARCIAL¨, año XIV, Nº 1160, 3-III-1945.
(4)ARCHIVO DE LA MUNICIPALIDAD DE 9 DE JULIO, Libro de Actas de la Delegación Regional de la C.G.T., Nº 1, actas Nº 91 y 92.
(5) ARCHIVO DE LA E.E.T. Nº 2. Albunes fotográficos. Acto Fundacional.
(6) Idem. Nota 4. Acta Nº 94.
(7) ¨Sucesos¨, Nº 4,4VI-1951.
(8) ARCHIVO DE LA ASOCIACION COOPERADORA E.E.T. Nº 2, Libro de Actas Nº 1, f. 16 s.
(9) El profesor Oscar Bolies había sido director de la Escuela Fabrica de la Nación de Plaza Huincul, Provincia de Neuquen.
(10) Entrevista realizada al Sr. Manuel Rodríguez, el 13-VIII-1993.
(11) Primera maestra en el Partido de 9 de Julio, donde arribo hacia 1863, con las tropas fundadoras.
(12) Diario ¨Pregón¨, año III, Nº 593, 15-IX-1971.
(13) OSVALDO MORO, ¨El Ciclo Superior¨, en revista Horizonte Técnico, publicación de la E.N.E.T. Nº 1, 9 de Julio, Nº 1, Noviembre de 1.974, pagina 13.
(14) Archivo del Honorable Consejo Deliberante de 9 de Julio, Expediente Nº 165, Letra E, Año 1960, ¨Escuela Fabrica Nº 134 de la Nación Donación Terreno¨, f.1.
(15) Ibidem, f. 12.