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Escritos sobre Historia, de Héctor J. Iaconis

LA PROTECCION DE LA INFANCIA DESAMPARADA

Por Héctor José Iaconis

En cierta ocasión, hace cerca de una década, llegó a nuestras manos un interesante documento. Al principio, sólo nos ocupé de relevarlo, sin advertir quizá el valor que podría contener, para un estudio de la realidad social de 9 de Julio.
Se trataba de un informe, elevado por el Defensor de Menores de esta ciudad al encargado de la Defensoría General de Menores de la Provincia de Buenos Aires, con sede en La Plata. El motivo principal, era poner en conocimiento de aquel funcionario las gestiones realizada por el primero, durante el período 1918-1919.
Frente al documento histórico, por más fidedigno que parezca su contenido, deben realizarse varios pasos previos hasta dejar por sentada su veracidad. Por lo más inmediato, puede ser menester preguntarnos: ¿qué ha querido expresar el emisor con ese texto? ¿en verdad ha creído en cuanto afirma?, ¿tuvo motivos para creer en lo que ha creído?.
Excepto algunas expresiones, las cuales podrían rozar el límite entre la opinión personal y la realidad objetiva, entendemos, el texto recoge una visión fehaciente concerniente al estado de los niños huérfanos y abandonados en 9 de Julio, y las gestiones en favor de estos, emanadas de la sede local de la Defensoría.

EL DOCUMENTO
Este protocolo –fechado en 9 de Julio, el 21 de enero de 1920- fue emitido por el Defensor de Menores, Cayetano De Briganti, quien se hallaba al frente de esa oficina desde octubre de 1918. Hombre septuagenario, había arribado al cargo con una larga trayectoria de más de dos décadas de servicios a la comunidad, en diversas tareas encomendadas por las instituciones sociales o por los particulares
El contenido está desplegado en siete páginas, escritas por el secretario Cándido S. Avila, sobre papel oficio rayado, con una interlínea de un centímetro. En su cuerpo, pueden advertirse cinco partes, algunas no tan bien definidas, pero identificable al fin: un breve introito, una referencia escueta acerca de los menores ubicados en distintos destinos, el funcionamiento de la oficina, las dificultades principales surgidas en las gestiones llevadas adelante por el defensor y las expectativas para el futuro.

LOS MENORES A CARGO
De acuerdo con el informe, al momento de ser redactado, existían 29 menores “de ambos sexos, cuya edad varia[ba] desde uno hasta veinte años, todos argentinos, en su mayoría analfabetos de padre o madre indistintamente o huérfanos en absoluto”. Estos se hallaban “depositados en casas de respetables familias de esta ciudad”, acentuando dos de ellos; un varón, internado en la Colonia Nacional de Menores Varones de Marcos Paz; y una mujer alojada, hasta poco antes, en el Asilo del Buen Pastor, de La Plata.
Quienes tomaban a su cargo un menor huérfano, muchas veces para el servicio, por disposición de la Defensoría debían realizar un depósito bancario, en beneficio de aquel. En realidad, durante esos años (1918 y 1919) ese requisito no se cumplía acabadamente. Tan sólo existían tres libretas de depósito acordes a la exigencia.
“Los demás depósitos –explicaba De Briganti, con un tenor casi de justificación- por múltiples causas todas ellas perfectamente atendibles y bien fundamentadas no han cumplido con la cláusula legal [...] de los Depósitos Bancarios a favor de los menores que respectivamente tiene a su servicio, a pesar de mis continuas y exigentes gestiones”.
Más adelante, se lamentaba de la falta de una legislación que permita “tomar medidas que hagan obligatorias las libretas de Depósitos Bancarios en beneficio de cada menor [...] bajo la salvaguardia de las personas que se hacen cargo de ellos y se abusan de sus servicios sin asignarles ninguna remuneración en dinero efectivo”.

HIJOS DE LA MARGINALIDAD
En una parte del texto, el Defensor se refiere a un ilícito cometido por una menor a cargo de la oficina:
“... un sumario de carácter correccional instaurado contra una joven de catorce años de edad, a la cual se la acusa del hurto de un anillo de oro y ropas... Según lo que resulte [...] determinaré enviarla a la Cárcel Correccional de Menores o al Asilo del Buen Pastor [...] juntamente con otra menor incorregible”.
Al referirse al estado del ambiente suburbano de la ciudad, donde vivían los niños en el desamparo, emplea palabras lo bastante dura como para no estar lejos de la verdad: “... esos antros de miseria que existen por docena, donde se debaten centenares de inocentes criaturas, sumidas en la corrupción, en la vagancia, víctimas, repito, de ese monstruo que ojalá algún día desaparezca de la patria de los argentinos: el analfabetismo!”.

LA NECESIDAD DE UN ASILO
La carencia de un Asilo de Huérfanos, de Menores, desde donde se permita el mejor trabajo de la Defensoría en socorro de los mismos, aparecía como una necesidad imperiosa. Conforme a lo expresado allí, la Municipalidad proyectaba, con ese objeto, la expropiación del edificio del Hospital Español; y el Concejo Deliberante, habría destinado al efecto 30.000 pesos. Lo cierto es que, tiempo después, ese logro le cupo a la Liga de Damas Católicas y a los impulsos denodados de algunas familias de elevado poder adquisitivo.
Otros de los ideales de De Briganti era la instalación –en el proyectado asilo- de “una colonia agrícolas para menores, escuela de Artes y Oficios, talleres”. Y para ello sugería como espacio adecuado “el terreno que anteriormente ocupó en esta ciudad el local del Hipódromo”.

BREVE VALORACION DEL TEXTO
Este informe posee valiosos elementos que, ordenados y jerarquizados, en el marco del contexto histórico de pertenencia, pueden orientar hacia la comprensión de la forma de vida de un estrato de la sociedad en 9 de Julio. Mejor aún, aportar indicios referentes la situación, las circunstancias de esos jóvenes desprotegidos, sobre quienes los relatos históricos poco han narrado.

FUENTE:
Archivo de Gestión de la Municipalidad de 9 de Julio, Expedientes de la Intendencia Municipal, legajo de 1920 (esta ubicación poseía el documento cuando fue consultado por el autor, en febrero de 1992).

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