Se muestran los artículos pertenecientes al tema HISTORIA DE 9 DE JULIO (BS. AS.).

HISTORIA DE 9 DE JULIO (BS. AS.): LA MASONERIA Y SUS HOMBRES

20060124161858-eustaquio-diaz-y-juan-saez..jpg

LOS ORIGENES DE LA PRIMER LOGIA MASÓNICA EN 9 DE JULIO. 1878-1882
Por Héctor José Iaconis.

No se pretende, desde la brevedad de esta nota, trazar una exposición acabada acerca de la Historia y la Evolución de la Masonería en 9 de Julio. Esa prolongada tarea la hemos iniciado hace ya bastante tiempo y su conclusión, ante la complejidad de la temática, reportará otro tanto.
Tampoco referiremos aquí acerca del objeto y los fines de esta sociedad secreta. Damos por entendido que los lectores podrán recurrir para ello a una abundante bibliografía existente al respecto y muy abundante en las páginas de Internet.
Aquí tan sólo nos permitiremos citar el origen de la primera Logia constituida en 9 de Julio.

LA FUNDACIÓN DE “IGUALDAD”
De ningún modo puede sugerirse que la francmasonería masonería aparece en 9 de Julio recién después de constituida la logia. Realmente, ésta está presente desde las horas mismas de la fundación del Partido; y, más aún, durante el período post fundacional (1870-1878).
No existen constancia de la existencia de una logia, anterior a “Igualdad”. En cambio sabemos que varios militares y civiles pertenecientes a esta sociedad ya vivía en estas tierras. Desde Julio de Vedia, propuesto en agosto de 1858 para componer la Logia “Confraternidad Argentina Nº 2”, y siguiendo por algunos jefes de frontera, componen una lista de masones afincados en 9 de Julio, en la comandancia militar o, más tarde, en el Fuerte “General Paz”.
Recién el 21 de junio de 1878, fue fundada la Logia “Igualdad”, en 9 de Julio, recibiendo el nº 61(1). Ese nombre, muy significativo para todo iniciado en los rituales de la masonería, le fue impuesto después de haber sido sugerido el de “Julio de Vedia”. Esta última designación debió ser rechazada por la Gran Logia de Buenos Aires, por tratarse del nombre de una persona aún viva(2).
El primero en ocupar el cargo de venerable maestro fue Raimundo Prieto, un vecino con bastante gravitación en la sociedad. Los restantes cargos le correspondieron a Hermenegildo Berdera, como 1º Vigilante; Nicolás L. Robbio, 2º Vigilante; Enrique Bouquet, Orador; Daniel Campillo, Secretario y Esteban Sayavedra, Guardasellos (3).

LOS PRIMEROS TRABAJOS. NUEVAS INCORPORACIONES
La vida de “Igualdad” parece haber sido bastante activa desde los días mismos de su fundación. Para mediados de 1879 la Logias ya contaba con veintitrés hermanos.
Entre septiembre de 1879 y el 24 de julio de 1881 la Logia había dejado de operar, retomando sus trabajos con una renovada fuerza. Según los documentos aún conservados, puede inferirse que una especie de aires de renovación habrían ingresado en la novel taller.
En diciembre de ese año se había concretado las elecciones de las autoridades, quedando conformado del siguiente modo:
Venerable Maestro: Hermenegildo Verdera.
Primer Vigilante: Nicolás L. Robbio.
Segundo Vigilante: Pastor Dorrego.
Orador: Enrique Bouquet.
Secretario: Pedro Barbé.
Tesorero: Raimundo Prieto.
Primer Experto: Antonio Lautre.
Segundo Experto: Hermengildo Sanz.
Hospitalario: Nicolás Gallo.
Primer Diácono: Julián Cagiga.
Segundo Diácono: José Lavandeira.
Maestro de Ceremonias: Alfredo Thamm.
Guarda Sellos: Antonio Ayarza.
Guarda Templo: Genaro Sainz(4).
Por esos días, la logia de 9 de Julio contaba 25 miembros: 15 maestros, un compañero y 9 aprendices.
Entre finales de 1881 y durante el año siguiente el trabajo fue bastante intenso. Siete hermanos recibía el aumento de grado, de Compañero a Maestro:
• Pastor Dorrego.
• Epitasio Meirelles.
• Juan Ayarza, español, 39 años de edad, casado, comerciante.
• Alfredo Thamm, alemán, 34 años de edad, casado, agrimensor.
• Julian Cagiga, español, 42 años, casado, comerciante.
• Genaro Sainz, español, 31 años de edad, comerciante.
• Juan Saez, español, 44 años, casado, talabartero, (5).
Y otros tantos, respetables vecinos del pueblo eran iniciados en los misterios masónicos, según su grado:
• Cosme Romero, argentino, 56 años de edad, casado, hacendado, iniciado el 29 de octubre de 1882.
• Antonio Rodoni, suizo, 45 años de edad, casado, hacendado, iniciado el 29 de octubre de 1882.
• Daniel Tabois, francés, 36 años de edad, soltero, hacendado, iniciado el 29 de octubre de 1882.
• Ramón Rey, español, 34 años de edad, casado, platero, iniciado el 29 de octubre de 1882.
• Ramón Monteverde, suizo, 34 años de edad, soltero, fondero, iniciado el 29 de octubre de 1882.
• Matías González, español, 30 años de edad, casado, hacendado, iniciado el 29 de octubre de 1882.
En noviembre del mismo año, los vecinos Ramón Torrella y Benigno Saínz comenzaban a formar parte del taller; y, además, era incorporado Miguel Aparicio “Mendizábal”, un inmigrante español, iniciado en la Logia “Estrella de León” nº 133, el 26 de marzo de 1880.

LAS ACTIVIDADES
Además de las actividades propias del taller, durante sus tenidas (reuniones), había sido desplegado una tarea, a acuerdo con el número de sus miembros y el contexto del valle donde se hallaban, filantrópica valiosa. Al mismo tiempo de ocuparse de la educación de los indígenas procuraba la asistencia de los desvalidos del lugar. Sus miembros, cabe destacar, eran dueños de un poder adquisitivo mas o manos importante, para la época, lo que permitía poder destinar las donaciones a ese tipo de obras.
Una revista masónica, a fines de 1882, elogiaba el “gran movimiento” existente en “este centro masónico del Valle del 9 de Julio”(7).

NOTAS
(1) ARCHIVO DE LA GRAN LOGIA DE LIBRES Y ACEPTADOS MASONES (en adelante, A.G.L.), Bs. As., Sup.’. Cons.’. y Gr.’.Oriente de la República Argentina. Pod.’. Ejecutivo de la Ord.’. , Registro de Cartas Constitutivas, 1902, folio 48.
(2) Alcibíades Lappas, “La Masonería en la ocupación del Desierto”, en “Revista Histórica”, Buenos Aires, Instituto Histórico de la Organización Nacional, tomo IV, nº 8, enero-junio de 1981, página 201.
(3) A.G.L. Documentos de la Logia Igualdad, c. 7, Nota de julio de 1878.
(4) “La Acacia”, Revista General de la Masonería en los Valles del Plata, año III, nº 2, Buenos Aires, 1 de febrero de 1882, página 32.
(5) A.G.L. Documentos de la Logia Igualdad, Nota de H. Berdera (venerable) y de P. Barbé (secretario) al Secretario General de la Orden en Buenos Aires, Valle del 9 de Julio, 19 de junio de 1882.
(6) Ibidem. Nota al Gran Secretario de la Orden, Valle del 9 de Julio, 29 de octubre de 1882.
(7) “La Acacia”, año III, nº 17, 1 de diciembre de 1882, página 217.

HISTORIA DE 9 DE JULIO (BS. AS.): LA MASONERIA Y SUS HOMBRES

20060123172429-egidio-magni.jpg

EGIDIO MAGNI.UN INTELECTUAL EN LAS POSTRIMERÍAS DEL SIGLO XIX

** Por Héctor José Iaconis

En la Historia de 9 de Julio, como en otras áreas del conocimiento histórico, existen temáticas que, quizá por su complejidad o por la escasez de los recursos documentales, son poco exploradas. El protagonismo de la Masonería en 9 de Julio, a cuyo estudio se encuentra abocado quien escribe esta nota, es aún un campo no abordado, y ciertamente, de importante valor, para la mejor comprensión de diversos acontecimientos acaecidos en el siglo XIX.
En efecto, en julio de 1878, fue fundada la Logia masónica "Igualdad", nº 61, del Valle de 9 de Julio, que pertenecía al Rito Escocés Antiguo y Aceptado, la cual operó hasta diciembre de 1902, en que fue declarada "en sueño" (en términos masónicos, significa haber dejado de funcionar como tal), y regularizada nuevamente en abril de 1910.
A esta Logia, en sus prolongados años de existencia, pertenecieron los vecinos más conspicuos de la entonces sociedad nuevejuliense: Nicolás L. Robbio, Tomás West, Raimundo Prieto, Enrique Bouquet, Eustaquio Díaz, Hermenegildo Sanz, Cayetano De Briganti, Nicolás Gallo, Ramón Monteverde, José Lavandeira, Nicolás Sibello, Genaro y Benigno Sainz, Alejandro Muzio, Miguel Vieta y muchos otros; tantos, que -para 1890- contaba con más de sesenta miembros.
A ese grupo de iniciados masones, aunque más tardíamente, se incorporó Egidio Magni, a quien, bien podríamos distinguir como uno de los más cultos habitantes de 9 de Julio, hacia finales del siglo XIX.
Bellano, es población italiana de la antigua Lombardia, situada en la rivera oriental del lago de Como, al pie del monte Gringa. En su cercanía forma imponente paisaje una cascada, de 64 metros de altura, por donde desemboca el río Pioverna, después de recorrer los Alpes Bergamascos y el valle Sassina.
En ese singular escenario geográfico, debieron transcurrir los primeros años en la vida de Egidio Magni.
Magni, nació en 1864, hijo de José y de Teresa Ravizza(1). Aunque son escasos los datos que pueden obrar acerca de su infancia, bien puede suponerse que debió educarse en el seno de una familia de sólida cultura. Su padre, era químico farmacéutico, de profesión; mientras que su madre, "había sido dama de la reina"(2).
Probablemente era adolescente aún, cuando su familia se trasladaba a Milán, donde su padre deja de existir, en agosto de 1880.

EN ARGENTINA
Ya emigrado a Argentina, en 1888, obtuvo de revalidación de su título de Químico Farmacéutico, en la Universidad Nacional de Córdoba(3).
En Buenos Aires, se desempeñó como director de la farmacia del Hospital Italiano; al tiempo que, desposó a Aida Fraqueli, quien falleció el 19 de marzo de 1891, sin darle descendencia. Allí estaba relacionado con miembros de la colectividad italiana; vínculos que, sin dudas, le fueron propicios para su traslado al interior de la provincia de Buenos Aires.

EN 9 DE JULIO
En 1891 se encontraba radicado en 9 de Julio. Regenteaba la farmacia "La Caritativa cosmopolita" y colaboraba con una Sociedad homónima, que presidía su amigo, el ingeniero Héctor Sibilla(4). Poco después, el 16 de junio de 1892, era presentado como socio de la Sociedad Italiana de Socorros Mutuos de 9 de Julio, por su gerente, José Piccini(5).
Incorporado a la Unión Cívica Radical, en 1893, fue elegido secretario del comité 9 de Julio; el cual, presidía el doctor Manuel Ovejero, e integraban -entre otros- Pastor Dorrego y Ramón Rey, también masones. El 14 de agosto de ese año, contrajo enlace -en segundas nupcias- con Marcela Sisniega, una joven, nacida 18 años antes, en el partido de Las Heras.
Hacia 1895, con un grande esfuerzo, procuró instalar una farmacia en Carlos Casares. El 30 de marzo, en una esquela dirigida a su esposa, le narraba: "Aquí los primeros días hizo un tiempo [...] mal, tanto que tan sólo al cuarto día, pude sacar los muebles. Llegaron estos bastante deteriorados, y de los dos juegos de lavatorios, tan sólo nos quedó por recuerdo, de uno, [un] florero de noche, y del otro la jabonera...". Sobre el modo de vida, en la vivienda que habita, agrega que, "por ahora, no habiendo lugar para tender camas, dormimos, yo sobre el mostrador y Febo[sic] abajo. La cocina, la hacemos con el hornillo al patio"(6).

LA MASONERÍA
Sin dudas, la iniciación masónica, de Egidio Magni, se habría concretado en alguna, de las muchas, logias que existían en Italia. De hecho, para 1892, ya integraba una Logia -con sede en Buenos Aires- perteneciente al Gran Oriente de Italia. También, de algún modo, pudo estar vinculado a la Logia "Hijos del Trabajo", cuyo taller se encontraba en el barrio porteño de Barracas, donde poseía amigos y coterráneos.
Lo cierto es que, en 1893, Magni pertenecía -junto a otros destacados vecinos, inmigrantes también (7)- a la Logia "Igualdad", de 9 de Julio. Por entonces, esta había impulsado, entre otras obras filantrópicas, la instalación de la Cruz Roja, con sede en el mismo taller masónico.

LA BIBLIOTECA "SARMIENTO" Y EL COLEGIO "CAVALLARI"
El 20 de abril de 1899, se había concretado la creación de una institución, con fines sociales, que fue denominada "Circolo Italiano". Naturalmente, la misma -cuya sede abrió sus puertas el 23 siguiente- estaba integrada, en su mayoría, por vecinos del pueblo de 9 de Julio, emigrados de Italia.
Entre sus miembros, debió surgir la idea de formar una biblioteca, en torno a la cual pudieron reunirse importantes ediciones. En consecuencia, el 4 de septiembre del año siguiente, una comisión especial, integrada por Magni, fundó la llamada Biblioteca Sarmiento(8).
Además, integró las mesas examinadoras del Colegio "Cavallari", fundado en junio de 1893, y con cuyo director mantenía profunda amistad(9).
Egidio Magni, dejó de existir en 9 de Julio, a las 23:30 hs., del 16 de mayo de 1906, victima de tuberculosis pulmonar.
De la formación intelectual y de la rica personalidad de quien nos ocupa, mucho pueden alegar, en principio, su rica correspondencia. Conocía, profusamente, el idioma castellano, tanto así que, su dominio, se manifiesta en un estilo literario por demás pulido.
Aún hoy, pueden consultarse -en alguna biblioteca de 9 de Julio- varios libros que conservan el ex-libris de Magni. Los mismos que, un siglo atrás, hubiera donado para formar la biblioteca del "Circolo", y luego la del Colegio "Cavallari".


NOTAS
(1) Registro Provincial de las Personal, Delegación Regional 9 de Julio: "Libro de Matrimonios de 1893", acta nº 64. Cfr. Archivo de la Iglesia Catedral de 9 de Julio: "Libro de Matrimonios nº 12", acta nº 200.
(2) Datos aportados por Haydee Elvira Adobato de Rastelli, el 13 de noviembre de 1997.
(3) Ibidem.
(4) Periódico "El Nueve de Julio", año I, nº 19, 9 de Julio, 12-VII-1891. Cfr. Periódico "La Biblioteca", año I, nº 10, 9 de Julio, 20-IX-1891.
(5) Archivo de la Sociedad Italiana de S.M., 9 de Julio: "Libro delle Sessioni nº 2", f. 22.
(6) "Papelería de Egidio Magni", en poder de su nieto Emilio C. Adobato.
(7) Archivo de la Gran Logia de Libres y Aceptados Masones, Buenos Aires: "Igualdad nº 61", C7.
(8) Cfr. Buenaventura N. Vita, "Crónica Vecinal de Nueve de Julio 1863-1900", t. IV, p. 702 s. (original inédito).
(9) Cfr. Periódico "Estudiantina", año VI, nº 130, 9 de Julio, 6-VI-1943.

23/01/2006 13:24 Autor: Héctor José Iaconis. Enlace permanente. Tema: HISTORIA DE 9 DE JULIO (BS. AS.) No hay comentarios. Comentar.

HISTORIA DE 9 DE JULIO (BS. AS.)

20060123171418-buena.gif

UN CURIOSO EJEMPLAR EN LA BIBLIOTECA DEL HISTORIADOR

** Por Héctor José Iaconis.

Promediando junio de 1936, Buenaventura N. Vita, por intermedio de su sobrino Oscar Luchini, envió ejemplares de su monografía "Crónica Vecinal de Nueve de Julio. 1863-1870", destinada a la participación en el Primer Concurso de Monografías sobre la Historia de los Pueblos de la Provincia de Buenos Aires. Esta obra fue premiada por el jurado y recomendada para su publicación, hecho que aconteció dos años más tarde.
En este trabajo, algo así como la primera parte de su prolongado estudio sobre la Historia de 9 de Julio, durante el siglo XIX, se ocupaba del análisis, si así cabe, de los acontecimientos sucedidos durante el período fundacional (1863-1870), dependiendo -en sus fuentes primarias- esencialmente del Archivo Municipal, por entonces, conservado en el mismo edificio de la Municipalidad.
Pero, además, emplea un corpus bibliográfico, para la época, bastante relevante, cuyo estudio particular resultaría extenso... Aquí, tan solamente, nos detendremos en una de esas publicaciones citadas por Vita, no sólo en la primera parte editada, sino también en sucesivos capítulos, aún inéditos.
Ese libro se trata de "Episodios del Ejército Viejo", escrito por el teniente coronel Dolveo Guevara.

UN LIBRO RARO
Al parecer, el libro de Guevara, al que nos referimos, y que Vita conocía bien por contar con un ejemplar en su copiosa biblioteca era, ya en 1936, un libro "raro", de no poca difusión.
Cuando se estaba preparando la impresión de "Crónica Vecinal... 1863-1870", Guillermina Sors de Tricerri, auxiliar principal del Archivo Histórico de la Provincia de Buenos Aires, dirigió a Vita solicitándole le enviara, para completar las citas de su monografía, la fecha y lugar de impresión de "Números y Líneas del Ejército Argentino", de Adolfo Saldías(1) y de "Episodios del Ejército Viejo", de Guevara(2). Evidentemente, si esta última hubiera resultado conocida o de consulta corriente, esa oficial archivista no hubiera recurrido al autor requiriéndole esos datos.
Por otro lado, en 1941, el historiador Carlos A. Grau(3) escribió a Vita solicitándo le informara el lugar donde había consultado "Episodios del Ejército Viejo", de Guevara, explicando: "...no lo he podido hallar en las librerías ni en las Bibliotecas Nacional de Buenos Aires y de la Universidad de La Plata..."(4). El historiador nuevejuliense que, como se dijo, poseía una edición, se lo remitió en calidad de préstamo.
En efecto, medio siglo después, la obra de Guevara se hizo aún menos abordable. Varios investigadores procuraron, infructuosamente su búsqueda, en distintas bibliotecas. También, conjuntamente con el escribano Ricardo Germán López, de feliz memoria, mientras trabajábamos sobre una parte de los escritos inéditos del autor de "Crónica Vecinal...", nos dirigimos a varios anticuarios y bibliófilos, de algún modo especializados en libros antiguos, pero ninguno de ellos pudo noticias concretas.
Recian, alrededor de 1997, el historiador Hugo Oscar Vuelta, natural de Patricios pero entonces radicado en Buenos Aires, después de una no menos ardua pesquisa, logró el deseado objetivo: halló un ejemplar en la sala reservada de la Biblioteca Nacional de Maestros, en la Capital... De esa forma, el extraño libro del militar pudo acercarnos a una combinación de datos históricos de significativo valor.

EL AUTOR
El teniente coronel Dolveo Guevara, nacido en Buenos Aires, en mayo de 1840, se hallaba en la frontera Oeste ya en 1862. Con el coronel Julio de Vedia, además de además de algunas expediciones menores, marchó contra los aborígenes "Ranqueles", en el famoso avance que, el escritor Zevallos se atreve denominar "sableada feliz".
Además, Guevara, participó de la fundación del campamento "9 de Julio", donde residió varios años, incorporándose más tarde a la vida civil del pueblo. En 1875, de encontraba radicado en el pueblo y permanecía a cargo de la Biblioteca Popular, ya con baja de las fuerzas militares.
Como se verá más adelante, los apuntes de este son la base fundante, de una especie de compendio.

LA OBRA
"Episodios del Ejército Viejo", apuntes y reseña de servicios del teniente coronel Dolveo Guevara, impreso el 13 de mayo de 1912, por Robles, Herrando y Compañía -un establecimiento editor ubicado en la esquina de Perú y Victoria, en Buenos Aires- no es un libro extenso. Por el contrario su desarrollo se resume en medio centenar de páginas. Por lo que puede deducirse, el texto no fue redactado directamente por el militar. Quizá existían apuntes o notas del mismo, compiladas por un tercero, quien, a su vez, agregó otros párrafos.
Esos apuntes, conjeturablemente, serían los fragmentos dispuestos entre comillas, en distintas partes del mismo.
El cuerpo de "Episodios del Ejército Viejo" esta dividido en dos partes. La primera, desde la página 2 hasta 27, reseña "ligeramente" los servicios militares de Guevara; mientras que la segunda, se refiere a su "vida civil", refiriendo a "los puntos principales de la acción activa y descollante del digno ciudadano". En esta segunda parte, advierte el compilador, son dejados "algunas veces la palabra de Guevara, cuando la minuciosidad del relato, ó su índole histórica, lo requieran" [página 28].

EL VALOR DE LA OBRA. LOS DOCUMENTOS
Quien recopiló las notas de Guevara, se ocupó de incluir algunos documentos preciados, conservados en poder del ya anciano militar. Por citar, en la página 14, se transcribe una nota del coronel de Vedia, del 4 de abril de 1865, en la cual le comunica su alejamiento del campamento para concurrir al campo de Batalla, al estallar la Guerra de la Triple Alianza. Este billete también se encuentra recogido por Vita, en su monografía.
En otra parte [páginas 30 a 33] relata los episodios relacionados con la llamada "revolución de 1874". Allí, del mismo modo, introduce, dos esquelas breves y varios relatos pequeños en primer persona, seguramente de entre los escritos por el mismo Guevara.
Otro de los elementos que puede valorizar aún más esta obra, es la supervivencia del militar, al momento de ser editado. Seguramente el ejemplar o las pruebas de imprenta pasaron por sus manos antes de ver la luz, salvando cualesquiera posibles errores.

NOTAS
(1) Este libro, también citado por Vita en su monografía sobre los orígenes históricos de 9 de Julio, es una obra de difícil acceso. Afortunadamente se conserva un ejemplar, en esta ciudad, en la Biblioteca Popular "Susana Di Benedetto", de la Escuela de Educación Técnica Nº 1 "Otto Krause".
(2) Cfr. Nota de Guillermina S. de Tricerri a Buenaventura Vita, La Plata, el 8 de noviembre de 1937, en Archivo y Museo Histórico "Julio de Vedia" (en adelante, A. M. H.), 9 de Julio, Archivo de Buenaventura Vita, Carpeta "Correspondencia sobre la Crónica Vecinal y Asuntos Históricos".
(3) Químico, de profesión, por entonces se hallaba radicado en La Plata. Estudioso de la historia de la ciudad de 25 de Mayo, fue autor, entre otros trabajos de "El Fuerte 25 de Mayo en Cruz de Guerra" y "La Sanidad en las ciudades y pueblos de la provincias de Buenos Aires", publicados en 1949 y 1953, en la colección "Contribución a la Historia de los pueblos de la provincia de Buenos Aires", del Archivo Histórico de la Provincia.
(4) Nota de Carlos Grau a Vita, La Plata, 25 de marzo de 1941, en A.M.H., Archivo de Buenaventura Vita, carpeta citada.

23/01/2006 13:14 Autor: Héctor José Iaconis. Enlace permanente. Tema: HISTORIA DE 9 DE JULIO (BS. AS.) No hay comentarios. Comentar.

HISTORIA DE 9 DE JULIO (BS. AS.): LUGARES

20060124025951-rotonda.jpg

LA CONSTRUCCIÓN DE LA ROTONDA EN LA PLAZA "GENERAL BELGRANO"

** Por Héctor José Iaconis

En una cálida noche, promediando enero de 1920, un grupo de hombres demolía la llamada "rotonda". Una construcción, a manera de escenario, que se alzaba en la plaza "General Belgrano", en el mismo lugar donde hoy se encuentra la artística fuente.
Así pues, el 10 de enero de aquel año, el intendente municipal, Eduardo Fauzón, decretaba la demolición de la "rotonda existente en el centro de la Plaza...". El fundamento que sostenía su disposición era que, tal edificación, "no llena[ba] ninguna necesidad pública, y en cambio obstaculiza[ba] el tráfico obligando a hacer un recorrido innecesario". Ocurre que el intendente, "convencido de que se de[bía] dar al público la mayor suma de comodidades", deseaba librar "al servicio público, y para el uso de coches y automóviles [...], la cuadra de la avenida Vedia comprendida entre las calles Bmé. Mitre y Primer Centenario [hoy Avda. Libertador General San Martín]". Curiosamente, nada se mencionaba, en los considerandos del decreto, acerca de la falta de higiene a que se había sumido ese lugar.

LA CONSTRUCCIÓN DE LA "ROTONDA"
En 1907, desempeñando el cargo de intendente municipal, el doctor Tomás D. West, surgió la progresista iniciativa de construir un cordón y un "chiosco" [sic] -así denominaron a la "rotonda"- en la plaza principal, del todavía pueblo de 9 de Julio.
En efecto, la elaboración de planos respectivos al proyecto, y quizá también del pliego de condiciones, le fue confiada a Ciro Contarini, a la sazón encargado de la Oficina de Obras Públicas de la municipalidad. Natural de Italia, Contarini, poseía acabados conocimientos acerca de la arquitectura y la ingeniería; así puede advertirse, con la lectura de muchos croquis y bocetos, trazados de su mano.

LAS OBRAS
La "rotonda", debía poseer un diámetro de 10 metros, por 2.50 de altura -entiéndase, total- y 0.50 de cimientos.
El trabajo de mampostería se efectuaría, "con ladrillos de cal bien cocidos, mojados antes [de] ponerlos", adheridos mediante una mezcla "formada de una tercera parte de cal [...] y dos terceras partes de arena del sitio...". Se colocaría un piso de baldosas, dos escaleras de mármol y una "balaustrada". El piso, por su parte, debía tener "una pequeña inclinación desde el centro de desagüe al exterior, por medio de caños dispuestos en debida forma".
En principio, los materiales necesario sería proporcionado por la municipalidad, al constructor. Este habría sido seleccionado mediante licitación.
Los trabajos, según el pliego de condiciones, debían concluirse en tres semanas, a partir de la rubrica del contrato de locación.
La edificación de la rotonda, probablemente se licitaba junto con la construcción del cordón "alrededor de la plaza". Así, al menor, lo hubo entendido el albañil Salvador Ammirati, quien elevó un presupuesto de mano de obra.
También, Vicente Martino, constructor -domiciliado en el 327 de la calle Corrientes, en 9 de Julio- el 28 de octubre de 1907, cotizó ambas obras; ofreciendo, como otra opción, el aporte del material necesario.
Otras ofertas que arribaron, en derredor a esta obra, fue la de Esteban Rossi, propietario de una marmolería, ubicada en la calle Charcas, en Buenos Aires. Brindaba unas 152 balaustras, las dos escaleras de mármol y las cobertinas [sic] blancas.
Al mismo tiempo, Enrique Cassani, hornero de ladrillos, y de prestigio en la zona, hacía lo propio con su producto.

LA EJECUCIÓN DE LOS TRABAJOS
El 4 de enero de 1908, Salvador Ammirati concluía la construcción del cordón. Al parecer, la rotonda, debió erigirse poco más tarde. Pues, el 6 del mismo mes, Raimundo Rossi, de la empresa "Esteban Rossi", escribía a la intendencia municipal explicando que "el trabajo de las escalinatas [de] mármol que nos piden, será empezado enseguida... Esperamos entregar dicho trabajo en [...] quince o veinte días...".
Los 120 metros cuadramos de mosaicos, para el piso, fueron adquiridos a Benito Spinedi. Junto a su hermano, era propietario de "La Helvecia", una fabrica porteña fundada veintiocho años antes. Tan acreditada era esta que, a esa altura, ya había recibido importantes premios en las exposiciones de Buenos Aires (1882), Mendoza (1885), Paraná (1888), París (1889), Chicago (1893) y San Luis (1903); así como el gran diploma, con medalla de oro, en la exposición nacional de 1899.
Las balaustras, debieron encargarlas a Antonio Vigilante, dueño de un taller de esculturas en yeso y tierra romana, situado en la calle Rincón al 433, también en la Capital Federal. En el pedido, se incluía una copa o florero; adorno que, quizá, iba a ser destinado para la rotonda.
En el plano que Contarini había dibujado, el 15 de octubre del año anterior, figuran, trazados con lápiz, dos especie de floreros. Esto, evidencia que habría existido el deseo de engalanarla con ellos.
El proyecto original, tal como fue seguido, poseía solo dos escaleras; opuestas, una enfrentada a la calle Libertad, y la otra a Independencia (hoy Irigoyen). Más tarde debieron ser construidas las otras dos.
De hecho, el periódico "El Luchador", en mayo de 1910, publicó una fotografía de la rotonda. Allí, todavía, sólo aparecen las dos escaleras primitivas.
Aún se conserva la liquidación contable de la mano de obra. La misma, parece haber sido confeccionada luego de concluidos otros trabajos "extras" que, las autoridades municipales, confiaron al mismo constructor.
Según se desprende de ese documento, la rotonda importó -descontando los materiales y la colocación de la columna de alumbrado- 1210,88 pesos; y fue realizada por el albañil Ammiratti.
Sin dudas, en torno a la Plaza "General Belgrano" pueden recrearse una innumerable cantidad de hechos históricos... He aquí, en lo sucinto de esta nota, una de ellas.

FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA
1. Archivo de la Municipalidad de 9 de Julio, "Cordón y Rotonda en la Plaza General Belgrano", exp. S/d., año 1907. En este expediente, también se conservan los planos confeccionados por Contarini.
2. Ibidem, "Libro de Decretos y Resoluciones de la Municipalidad de 9 de Julio", nº 2, f. 41.
3. "El Luchador", 9 de Julio, 25 de mayo de 1910. Edición especial.
4. "El Orden", 9 de Julio, octubre de 1938. Álbum conmemorativo del 75º aniversario de la fundación de 9 de Julio.

LA PROTECCION DE LA INFANCIA DESAMPARADA

Por Héctor José Iaconis

En cierta ocasión, hace cerca de una década, llegó a nuestras manos un interesante documento. Al principio, sólo nos ocupé de relevarlo, sin advertir quizá el valor que podría contener, para un estudio de la realidad social de 9 de Julio.
Se trataba de un informe, elevado por el Defensor de Menores de esta ciudad al encargado de la Defensoría General de Menores de la Provincia de Buenos Aires, con sede en La Plata. El motivo principal, era poner en conocimiento de aquel funcionario las gestiones realizada por el primero, durante el período 1918-1919.
Frente al documento histórico, por más fidedigno que parezca su contenido, deben realizarse varios pasos previos hasta dejar por sentada su veracidad. Por lo más inmediato, puede ser menester preguntarnos: ¿qué ha querido expresar el emisor con ese texto? ¿en verdad ha creído en cuanto afirma?, ¿tuvo motivos para creer en lo que ha creído?.
Excepto algunas expresiones, las cuales podrían rozar el límite entre la opinión personal y la realidad objetiva, entendemos, el texto recoge una visión fehaciente concerniente al estado de los niños huérfanos y abandonados en 9 de Julio, y las gestiones en favor de estos, emanadas de la sede local de la Defensoría.

EL DOCUMENTO
Este protocolo –fechado en 9 de Julio, el 21 de enero de 1920- fue emitido por el Defensor de Menores, Cayetano De Briganti, quien se hallaba al frente de esa oficina desde octubre de 1918. Hombre septuagenario, había arribado al cargo con una larga trayectoria de más de dos décadas de servicios a la comunidad, en diversas tareas encomendadas por las instituciones sociales o por los particulares
El contenido está desplegado en siete páginas, escritas por el secretario Cándido S. Avila, sobre papel oficio rayado, con una interlínea de un centímetro. En su cuerpo, pueden advertirse cinco partes, algunas no tan bien definidas, pero identificable al fin: un breve introito, una referencia escueta acerca de los menores ubicados en distintos destinos, el funcionamiento de la oficina, las dificultades principales surgidas en las gestiones llevadas adelante por el defensor y las expectativas para el futuro.

LOS MENORES A CARGO
De acuerdo con el informe, al momento de ser redactado, existían 29 menores “de ambos sexos, cuya edad varia[ba] desde uno hasta veinte años, todos argentinos, en su mayoría analfabetos de padre o madre indistintamente o huérfanos en absoluto”. Estos se hallaban “depositados en casas de respetables familias de esta ciudad”, acentuando dos de ellos; un varón, internado en la Colonia Nacional de Menores Varones de Marcos Paz; y una mujer alojada, hasta poco antes, en el Asilo del Buen Pastor, de La Plata.
Quienes tomaban a su cargo un menor huérfano, muchas veces para el servicio, por disposición de la Defensoría debían realizar un depósito bancario, en beneficio de aquel. En realidad, durante esos años (1918 y 1919) ese requisito no se cumplía acabadamente. Tan sólo existían tres libretas de depósito acordes a la exigencia.
“Los demás depósitos –explicaba De Briganti, con un tenor casi de justificación- por múltiples causas todas ellas perfectamente atendibles y bien fundamentadas no han cumplido con la cláusula legal [...] de los Depósitos Bancarios a favor de los menores que respectivamente tiene a su servicio, a pesar de mis continuas y exigentes gestiones”.
Más adelante, se lamentaba de la falta de una legislación que permita “tomar medidas que hagan obligatorias las libretas de Depósitos Bancarios en beneficio de cada menor [...] bajo la salvaguardia de las personas que se hacen cargo de ellos y se abusan de sus servicios sin asignarles ninguna remuneración en dinero efectivo”.

HIJOS DE LA MARGINALIDAD
En una parte del texto, el Defensor se refiere a un ilícito cometido por una menor a cargo de la oficina:
“... un sumario de carácter correccional instaurado contra una joven de catorce años de edad, a la cual se la acusa del hurto de un anillo de oro y ropas... Según lo que resulte [...] determinaré enviarla a la Cárcel Correccional de Menores o al Asilo del Buen Pastor [...] juntamente con otra menor incorregible”.
Al referirse al estado del ambiente suburbano de la ciudad, donde vivían los niños en el desamparo, emplea palabras lo bastante dura como para no estar lejos de la verdad: “... esos antros de miseria que existen por docena, donde se debaten centenares de inocentes criaturas, sumidas en la corrupción, en la vagancia, víctimas, repito, de ese monstruo que ojalá algún día desaparezca de la patria de los argentinos: el analfabetismo!”.

LA NECESIDAD DE UN ASILO
La carencia de un Asilo de Huérfanos, de Menores, desde donde se permita el mejor trabajo de la Defensoría en socorro de los mismos, aparecía como una necesidad imperiosa. Conforme a lo expresado allí, la Municipalidad proyectaba, con ese objeto, la expropiación del edificio del Hospital Español; y el Concejo Deliberante, habría destinado al efecto 30.000 pesos. Lo cierto es que, tiempo después, ese logro le cupo a la Liga de Damas Católicas y a los impulsos denodados de algunas familias de elevado poder adquisitivo.
Otros de los ideales de De Briganti era la instalación –en el proyectado asilo- de “una colonia agrícolas para menores, escuela de Artes y Oficios, talleres”. Y para ello sugería como espacio adecuado “el terreno que anteriormente ocupó en esta ciudad el local del Hipódromo”.

BREVE VALORACION DEL TEXTO
Este informe posee valiosos elementos que, ordenados y jerarquizados, en el marco del contexto histórico de pertenencia, pueden orientar hacia la comprensión de la forma de vida de un estrato de la sociedad en 9 de Julio. Mejor aún, aportar indicios referentes la situación, las circunstancias de esos jóvenes desprotegidos, sobre quienes los relatos históricos poco han narrado.

FUENTE:
Archivo de Gestión de la Municipalidad de 9 de Julio, Expedientes de la Intendencia Municipal, legajo de 1920 (esta ubicación poseía el documento cuando fue consultado por el autor, en febrero de 1992).

23/01/2006 12:45 Autor: Héctor José Iaconis. Enlace permanente. Tema: HISTORIA DE 9 DE JULIO (BS. AS.) No hay comentarios. Comentar.

HISTORIA DE 9 DE JULIO (BS. AS.)

"LA DEFENSA", EL PRIMER PERIODICO EDITADO EN EL PUEBLO

** Por Héctor José Iaconis

Los archivos periodísticos son una de las fuentes privilegiadas, no sólo para el estudio del pasado en 9 de Julio, sino también en los demás ámbitos abarcados por este conocimiento. Son instrumentos de orden primario, por medio de los cuales se puede acceder a una información sumamente relevante, tanto por su objetividad frente al hecho histórico, como por la premeditada acción de alterar la verdad de lo acontecido, en el caso en que así se lo propusieran deliberadamente los cronistas... De ahí que, al recurrir a ese tipo de documentos, los artículos periodísticos o las notas de opinión de época, sea necesario llevar adelante varios análisis previos antes de emplearla acabadamente o, más bien, dar por cierto cuando allí se afirma.
En 9 de Julio, realidad muy lamentable, no se conservan archivos completos –al menos en el acervo de los repositorios oficiales- de las publicaciones periódicas editadas –en el pueblo- durante el siglo XIX. Cierta vez, en 1950, Buenaventura N. Vita anotaba que “... las colecciones de los periódicos, al cambiar de director o venderse las imprentas no fueron conservadas, vendiéndose como diarios viejos para envolver”.
No nos detendremos aquí sobre el problemas de esta perdida de los documentos históricos. Más bien, pretendemos realizar una breve relación concerniente a los orígenes del primer periódico publicado en 9 de Julio, a partir de 1886.

EL CONTEXTO AL MOMENTO DE LA APARICION DE “LA DEFENSA”
Según el Censo Provincial de Población de 1881, en el Partido de 9 de Julio habitaban 7.832 individuos, de los cuales sólo 1.381 poblaban el radio urbano. El grado de analfabetismo aparecía bastante elevado, en las estadísticas de la población general: en la planta urbana, 432 argentinos y 266 extranjeros, sabían leer y escribir; y 241 argentinos y 120 extranjeros, no lo hacían; en la totalidad del Partido, 966 argentinos y 639 extranjeros, poseían instrucción; y 2739 argentinos y 329 extranjeros, no la tenían.
Entre las 352 viviendas existentes en la planta urbana de 9 de Julio, predominaban las construidas con madera, paja y ripia.
De acuerdo con la memoria de 1887, publicada por el doctor West, la población en el Partido –en ese año- era de 13.033 habitantes, ascendiendo a 3.383 la población urbana. El panorama, en cuanto a la instrucción pública, en líneas generales, como era de esperar, no había mutado demasiado: de los 1.489 niños –menores de 14 años- que poblaban el distrito, tan sólo 447 concurrían a la escuela y 351 sabían leer.

LA FUNDACIÓN DEL PERIODICO
En 1886, la corriente política liderada por Nicolás L. Robbio se había encolumnado para sostener la candidatura de Máximo Paz, para el cargo de gobernador de la Provincia. Unos de los principales intentos por ampliar la campaña proselitista, contra la candidatura del doctor Nicolás Achaval, debió ser la creación de una publicación periódica que, de algún modo, fuera sostenedora –por así decirlo- de los ideales “pacistas”.
En consecuencia, el 1º de julio de ese año, fue fundado el periódico “La Defensa”; el primero en ser editado por una pequeña planta impresora instalada en el pueblo, en un local ubicado en el nº 20 de la calle Libertad, formando esquina con Salta.
Aunque la dirección, como la redacción, eran anónimas, estaba al frente de la primera, Carlos F. Jáuregui, fundador y propietario de la imprenta. Este era un agente judicial y rematador público, presumiblemente proveniente de Bragado; aquí se ocupaba, además, de la atención de balances, liquidaciones testamentarias, y préstamos del Banco Hipotecario Nacional.
La administración de “La Defensa” se hallaba a cargo de Cayetano De Briganti, un inmigrante italiano, de sólida formación cultural. Por otro lado, al menos poco después, la regencia fue puesta en manos de Pascual Farías.
En la ciudad de Buenos Aires poseía como representante a J. Gustinián; quien, domiciliado en Maipú al 356, atendía la colocación de avisos en las principales estaciones ferroviarias.

CARACTERTISTICAS DE LA EDICIÓN
Al parecer, como era habitual en la época, el periódico fue comercializado, principalmente, mediante suscripción. Una tarifa cobrada trimestral o mensualmente, que podía ascender a 1,50 pesos por cada tres meses.
La frecuencia de aparición de “La Defensa” en bisemanal, los jueves y domingos. El tamaño de la página no difería demasiado de los que más tarde fueron publicados en el pueblo, durante el siglo XIX: 57 por 40 centímetros, aproximadamente.
La diagramación era efectuada a cinco columnas, de 7 centímetros cada una, es decir, 185.5 puntos en la escala de ciceros. El nombre de la hoja, en la primera plana, llevada, obviamente, los tipos más importantes en color pleno, de 25 por 12 centímetros.
La primera página, en particular, recogía las notas y noticias más importantes, por su extensión y contenido. En la anteúltima, podían ubicarse los avisos de remates, los edictos judiciales, las informaciones municipales (tal vez, rentadas), y los horarios, recorridos y tarifas de las empresas de mensajerías.
Los avisos publicitarios más importantes, por su tamaño y diseño, se colocaban en la última página. No eran sólo propagandas de comercios o industrias locales, pues también se incluían otras de firmas radicadas en Buenos Aires, y remitidos a esta por el representante
Las notas elaboradas por la redacción no resultaban de compleja lectura. Para la época y las caracterizaciones lingüísticas tenidas entonces, se trataba de una expresión quizá despojada y un tanto dinámica... No se trataba, pues, de una edición con improntas intelectuales o de marcada elaboración ilustrativa, a la manera de algunos diarios aparecidos en las grandes ciudades; pero sería injusto desestimar el aporte realizado por esta página a la sociedad de 9 de Julio.

HISTORIA DE 9 DE JULIO (BS. AS.)

20060123151416-diario.jpg

LA PRENSA ESCRITA EN 9 DE JULIO HACIA 1907

* Por Héctor José Iaconis

Referir en una breve nota hechos relacionados con la historia del periodismo en 9 de Julio resulta, ciertamente, una empresa bastante compleja. La evolución del periodismo en 9 de Julio, puede afirmarse, parece acompañar al complejo proceso histórico de 9 de Julio, desde el último cuarto del siglo XIX.
Sin embargo, al seleccionar un período temporal, puede asistir para comprender introductoramente la significación que poseyó la prensa escrita entre finales del siglo XIX y comienzos del XX, recurrir a una interesante fuente: un estudio confeccionado en 1907 por la Dirección General de Estadísticas de la Provincia de Buenos Aires acerca de “El Periodismo en la Provincia de Buenos Aires”.
En esta columna, interesa traer al presente cuatro publicaciones que, por entonces eran editadas en 9 de Julio, y cuyas temáticas no eran precisamente la mera información o el debate; más bien, procuraban llevar a sus páginas el humor, el esparcimiento o el saber.
Bajo la dirección de Carlos Salas, el citado organismo llevó adelante un relevamiento estadístico sobre los periódicos existentes en el territorio provincial. Esa gestión había dado como fruto el registro de unas 229 publicaciones en toda la Provincia y, al parecer, la evaluación acerca de ellas resultaba un tanto halagüeña: “El periodismo mejora, no hay en esa afirmación exageración alguna; han podido formarse en la Provincia empresas que tienen a su cargo la publicación de diarios juiciosamente inspirados, dotados de elementos de información completos y donde están representados todos los intereses sociales”(1).
Más adelante se agregaba: “El formato de nuestros periódicos, es con frecuencia más grande de los que se publican ordinariamente en Europa; destinan un par de páginas, por lo general, al material informativo y de exposición de ideas, en las que se pueden observar las tendencias especiales de cada uno, y el resto lo forman los avisos”(2).
En cuanto al Partido de 9 de Julio, de acuerdo con este informe, coexistían –por así decirlo- once publicaciones. De estas, dos circulaban diariamente, “El Nueve de Julio” y “La Opinión”; una, quincenalmente, “¿Quo Vadis?”; una, mensualmente, “El Escolar”; y siete, semanalmente, “La Comuna”, “El Placer”, “Aurora”, “El Luchador”, “La Verdad”, “La Risa” y “El Porvenir”.
De esa prolongada lista aparecen cuatros curiosas publicaciones. Como se dijo, ellas no se hallaban orientadas sólo a la difusión de noticias; más bien, su finalidad era acercar a la comunidad el buen humor o el sano esparcimiento. Véase la descripción textual que, para cada uno, se encuentra en el aludido informe:
* “«¿Quo Vadis?», revista quincenal del señor Pedro Eppherre, argentino, de propaganda, que se reparte gratis en Nueve de Julio, French, Pehuajó, Madero y Trenque-Lauquen, en número de 1.500 ejemplares, que es su edición normal.
“Mide en centímetros 15,5 x 23, consta de dieciséis páginas, impreso en tipo cuarpo 8, con ilustraciones intercaladas”(3).
* “«El Placer», semanario dominguero literario, jocoso y de actualidades, de propiedad de los señores Brescio y La Torre, argentinos, dedicado al bello sexo.
“Mide 29,5 x 40,5 centímetros. Consta de cuatro páginas a tres columnas de 70 milímetros de ancho, en tipo cuerpo 10 romano”(4). [Su tirada alcanzaba los quinientos ejemplares].
* “«Aurora», semanario que aparece los domingos, se ocupa de literatura, con dedicación especial al bello sexo.
“Su publicación data del año pasado [1906], con un tiraje de doscientos ejemplares por número.
“Consta de cuatro páginas de 23 x 32 centímetros, sus columnas son de 80 milímetros, escrito el texto con tipo 10. Su propietario y director es argentino, Miguel S. Noguera”(5).
* “«La Risa», periódico jocoso, literario y de actualidades, dedicado al bello sexo, que se publica los jueves, cuyos propietarios son los señores Antonio Deluca y Dionisio R. Velasco, respectivamente. Sus dimensiones son 29 x 41 centímetros, consta de cuatro páginas a cuatro columnas, que miden un ancho de 65 milímetros, en tipo cuarto 10 el texto y en 8 los avisos”(6). [“La Risa” poseía una tirada de doscientos cincuenta ejemplares. La administración que lo editaba funcionaba en San Luis Nros. 1 y 3].
Con el transcurrir del tiempo otros órganos adoptarán similares temáticas para su contenido. Algunos, incluso, habrán de conquistar la simpatía del público por la originalidad y sutileza con que eran producidos.
Lamentablemente, son escasos los ejemplares de estos periódicos que sobreviven en la actualidad. Aún así, a pesar de que sus nombres apenas resuenen a modo de recuerdo es innegable el aporte plausible que cada uno de ellos otorgó en la formación cultural e intelectual de los vecinos de entonces.
Vaya pues, en el Día del Periodista, el sincero homenaje de gratitud hacia quienes, en el pasado, abrazaron tan noble profesión.

NOTAS
(1) CARLOS P. SALAS (dir.), El Periodismo en la Provincia de Buenos Aires. Año 1907, La Plata, Dirección General de Estadística de la Provincia, 1908, pág. IV.
(2) Ibidem.
(3) Ibidem, pág. 164.
(4) Ibidem, pág. 167.
(5) Ibidem, pág. 168.
(6) Ibidem, pág. 172.

HISTORIA DE 9 DE JULIO (BS. AS.)

CALLES Y AVENIDAS DE 9 DE JULIO. DENOMINACION E HISTORIA
PRIMERA PARTE

Pbro. FÉLIX COMPAIRÉ
Desde 1960 lleva el nombre del presbítero Félix Compairé, una de las avenidas de circunvalación de 9 de Julio.
Félix Compairé había nacido en Jaca, provincia de Huesca, España, hijo de Félix Compairé y de Pilar Jarne. Contaba sólo 13 años, cuando ingresó al Seminario Conciliar de Jaca, donde habría de cursar cuatro años de Latín y Humanidades, tres de Filosofía y cuatro de Teología. Mas tarde, entre 1891 y 1893 estudió Teología, los años restantes, en el Seminario de Lérida.
Ordenado sacerdote, el 30 de mayo de 1896, pronto le fueron confiadas importantes tareas ministeriales. Treinta y un días después de consagrado, fue designado coadjutor de la parroquia de Ruesta, hasta el 24 de octubre de 1897 en que tuvo destino como regente de la de Aciu. Entre febrero de 1898 y septiembre siguiente, debió ocupar la regencia de Abay.
A fines de 1899, por razones familiares, debió emigrar a la República Argentina. Por entonces, pasó a residir en la Diócesis de La Plata, donde se le encomendaron, primero, la tenencia en la parroquia de San Martín, desde febrero hasta mayo de 1900; luego, en Baradero, hasta febrero de 1901; y, por último, en Exaltación de la Cruz, como cura vicario, por lapso de tres años.
El 23 de abril de 1904, el obispo de La Plata, monseñor Juan Nepomuceno Terrero, le otorgó el título de “Cura Vicario de 9 de Julio”, arribando al pueblo, al día siguiente de su designación.
En sus funciones tales funciones, debió destacarse por la dedicación y el celo en el cumplimiento de su ministerio. No descuidaba la asistencia de los enfermos y los menesterosos, como tampoco la administración y el cuidado de su parroquia.
Gracias a sus gestiones, se realizaron en el templo parroquial importantes refacciones edilicias.
Trabajó, denodadamente, con el objeto de instalar un colegio confesional, un viejo anhelo que, su antecesor, no había alcanzado concretar. En 1910, después de arduos esfuerzos, logró fundar el Colegio Jesús Sacramentado, su obra más encumbrada.
Además, preocupado por los avances y el progreso sociales, durante algunos períodos, se desempeñó como secretario de la Sociedad Española de Socorros Mutuos de 9 de Julio.
En la madrugada del 17 de marzo de 1913, víctima de una grave enfermedad, el padre Félix Compairé, falleció en 9 de Julio.
Sus restos descansan en la capilla de la necrópolis local.

RAMÓN N. PORATTI
En diciembre de 1992, el Concejo Deliberante de 9 de Julio, impuso su nombre a la antigua calle Catamarca.
Ramón Natalio Poratti, había nacido 25 de diciembre de 1880, hijo de Pedro Poratti y de Felisa Maggi.
Desde muy joven debió desempeñar diversa tareas, desde boyero, en Carlos Casares; pasando por dependiente de comercios, y hasta empleado de la sección de vías y obras, del Ferrocarril del Oeste, en la estación Bragado.
Después de trabajar como comerciante en “El Tropezón –donde logró ganarse la estima y admiración de sus vecinos-, en 1915, se radicó definitivamente en 9 de Julio.
Dedicado a la ganadería, y a la compra y venta de cereales, el 5 de diciembre de 1920 fundó la acreditada casa de remates feria. Además, en distintos años, le cupo ser presidente del Club Atlético “9 de Julio”, miembro de la Sociedad Rural de 9 de Julio, vocal de la Sociedad Italiana “Conte di Torino”, secretario de la Sociedad Italiana “Amistad y Trabajo”, fundador y primer presidente del Rotary Club de 9 de Julio, como así también del “Nueve de Julio Automóvil Club”; benefactor de la Sociedad Protectora de los Pobres”, del Asilo de Huérfanas “Nuestra Señora de Luján”, del Asilo de Ancianos “Santo Domingo de Guzmán”, y de las bibliotecas “José Ingenieros” y “Anastasio Prieto”.
Pero, sin dudas, la historia de 9 de Julio, le recuerda como funcionario público, y por cuanto contribuyó al engrandecimiento, en sentidos social y económico, del Partido. Activo militante de la Unión Cívica Radical, concretó una meritoria carrera política, desempeñando cargos de concejal municipal, electo –por vez primera- en los comicios del 14 de abril de 1918; sindico fiscal ante el Juzgado de Paz; y Defensor de Menores, en reemplazo del talentoso Cayetano de Briganti.
En dos ocasiones ocupó el primer cargo de la intendencia municipal, primero, desde enero de 1927 hasta diciembre de 1928; y luego, desde mayo de 1940 hasta abril de 1941.
Ramón N. Poratti, falleció en Buenos Aires, el 25 de diciembre de 1942. Entonces, el periódico “El Porvenir”, afirmó que 9 de Julio, “pierde uno de sus hijos dilectos, que supiera honrar y enaltecer su desenvolvimiento y progreso”.

BUENAVENTURA N. VITA
En 1998, el Concejo Deliberante de Nueve de Julio, por solicitud del Departamento Ejecutivo, impuso el nombre de Buenaventura Noé Vita, a un pasaje del Barrio Solidaridad 75 viviendas, en toda su extensión, a partir de la calle Moreno hasta Saavedra, entre las paralelas French y Guido Spano.
Vita, considerado el primer historiador de este Partido, nació el Nueve de Julio, el 22 de junio de 1884, hijo de Francisco y de Celestina Anunziata Magnoni.
Sus estudios primarios los cursó, primero, en la Escuela Infantil nº 3; y, luego, a partir de 1891, en la Escuela Elemental de Varones nº 1, que a la sazón dirigía el notable maestro Rafael Muzio. Más tarde, pudo graduarse procurador universitario.
Desde muy joven, militó en las filas de la Unión Cívica Radical, desde donde pudo proyectarse a la comunidad, principalmente, a través de dos cargos públicos: concejal municipal y consejero escolar. Tanto así que, alcanzó a desempeñar la presidencia del Consejo Escolar de Nueve de Julio.
Pero, su pasión por la investigación histórica, a la que dedicó gran parte de su vida, habría de convertirlo en un modelo de historiador. A su trabajo infatigable se deben la treintena de capítulos -que analiza el período 1863-1900- los cuales conforman su “Crónica Vecinal de Nueve de Julio”, una obra –para su tiempo- erudita, reunida en cuatro tomos, de los cuales sólo uno ha sido editado.
En efecto, fue el primero en escribir una versión historiográfica sistemática, a partir de fuentes que antes nadie había explorado.
En 1936, el Archivo Histórico provincial organizó el “Primer Concurso de Monografías sobre la Historia de los pueblos de la Provincia de Buenos Aires”. Por su parte, Vita, participó del certamen, con su “Crónica Vecinal...”, período 1863-1870. De suerte que, su estudio resultó premiado, y publicado, por el organismo organizador, dos años más tarde.
Al “Segundo Concurso de Monografías”, también organizado por el Archivo Histórico de la provincia, en 1947, presentó lo que, en rigor, es la “segunda parte” de su obra. Esta vez, aunque obtuvo una mención, y las recomendaciones para su publicación, aún permanece inédita.
En septiembre de 1950, fue nombrado miembro titular, en el “Primer Congreso de Historia de los Pueblos”, celebrado en La Plata. Su participación, y la colaboración brindada al iniciarse la organización, fue meritoria. En la memoria respectiva, debió publicarse su “Informe sobre los archivos históricos de 9 de Julio”, donde se destaca, síntesis y precisión, a pesar de la sencillez del lenguaje.
Fue, además, decidido colaborador del Club Atlético “9 de Julio”, y de la Sociedad Italiana “Amistad y Trabajo”.
Su vida se extinguió, a las 20 horas, del 20 de junio de 1954.
Tras su muerte, su copioso archivo personal, formado a través de un delicado trabajo de muchos años, que sirviera en su tarea historiográfica, fue donado a la comunidad; y, hoy, pueden consultarse en el Archivo y Museo Histórico “Julio de Vedia”.

NICOLÁS LEVALLE
El nombre de esta arteria, de la planta urbana de Nueve de Julio, recuerda al teniente general Nicolás Levalle, vinculado –de forma alguna- a estas tierras, desde la etapa post-fundacional del Partido.
Este militar, expedicionario al desierto, en las luchas de fronteras con el aborigen, había nacido en Cicagna, Chiavari, de la provincia italiana de Génova, el 6 de diciembre de 1840. Sus padres, también italianos, fueron Lorenzo Levalle y Benedicta Daneri.
Contaba con dos años, cuando emigró a la República Argentina, donde –más tarde-, hacia octubre de 1857, pudo ingresar como aspirante en la Academia Militar. Así iniciaba una brillante carrera en las armas, que hubo concluido con el rango más elevado a que puede aspirar un soldado argentino.
Participó en las batallas de Cepeda, en 1859, y Pavón, en 1861; y se destacó durante la guerra de la Triple Alianza.
De regreso del Paraguay, tomó parte en la campaña de Entre Ríos, contra Ricardo López Jordán, en 1870.
Inmediatamente después de sofocada la revolución de 1874, fue nombrado jefe de la frontera Sud de Buenos Aires, con asiento en Bahía Grande, primero, y en Fuerte Lavalle, luego. Entre noviembre y diciembre de 1876, permanecía en el Fuerte General Paz, entonces Partido de 9 de Julio. Allí, con alguna frecuencia, viajaba desde su guarnición, para ofrecer instrucción militar.
En 1879, en ocasión de la -tantas veces referida- expedición militar, permaneció al mando de la 2da. División, donde avanzó sobre tierra indígena, alcanzando Trarú Lauquen, y los ríos Salado y Colorado. En torno a esta época, fundó una importante ciudad bonaerense.
Estuvo ligado, de alguna manera, en los acontecimientos revolucionarios de 1880 y 1890. Además, durante las presidencia de Julio Roca y de Miguel Juárez Célman, ocupó la titularidad del ministerio de Guerra y Marina.
Fue docente en el Colegio Militar de la Nación, y le cupo la redacción de importantes estudios sobre temáticas castrenses.
Falleció en 1902. Como poseía el grado 33, en la francmasonería argentina, y al negarse a renunciar a esos principios, monseñor Mariano Espinosa –arzobispo de Buenos Aires- prohibió a los capellanes militares, se le tributaran exequias fúnebres.

JOSÉ IGNACIO GARMENDIA
Por ordenanza del 27 de febrero de 1905, el Concejo Deliberante de 9 de Julio, impuso al nombre de este militar, quien aún se encontraba con vida, a una de sus avenidas.
Escritor, pintor, historiador, legislador y coleccionista, además de guerrero, había nacido en Buenos Aires, el 19 de marzo de 1842, hijo de José Garmendia y de Manuela Suárez.
Adolescente aún, se encolumnó en el 1er Batallón del Regimiento Iº de Buenos Aires, debiendo operar en la isla Martín García. A su regreso, recibió el grado de sub-teniente.
En septiembre de 1861, participó en la Batalla de Pavón; y, tres años más tarde, en mérito de sus notables condiciones intelectuales, fue destacado como oficial de la Legación Argentina en Montevideo y Río de Janeiro.
En 1865, al estallar la Guerra de la Triple Alianza, marchó al campo de batalla, donde habría de contraer cólera.
Después de concluir la actividad legislativa –pues había sido electo diputado nacional, hacia 1870- fue nombrado jefe del Estado Mayor del Ejército del Sud.
En 1875, el ministro de Guerra, le confirió la jefatura de las Fuerzas de Reserva, a la sazón con asiento en el Partido de 9 de Julio.
Al concretarse el estallido de 1880, debió solicitar su baja del ejército, para unirse a las fuerzas de Carlos Tejedor.
Reincorporado, en 1882, desempeñó importantes cargos militares, participando en la Campaña del Chaco. Además, en 1890, le fue confiada la dirección del Colegio Militar de la Nación.
Después de sofocada la revolución radical de 1890, se le graduó general; efectividad del cargo que mantuvo activa hasta septiembre de 1904, en que solicitó la baja.
En el retiro de su hogar, dedicó parte de su tiempo a la pintura, la investigación y el estudio. Por otra parte, también había formado una importante colección de objetos y documentos históricos, relacionados con el pasado militar.
Excelente narrador y erudito cronista, sus trabajos son invalorable bibliografía, no solo por la calidad de su texto, sino –también- por los recursos que emplea. Escribió importantes obras –algunas publicadas en prensa, otras editadas en libros, y varias inéditas-, entre las que pueden mencionarse: “Recuerdos de la Guerra del Paraguay”, “Preceptos tácticos”, “Cartera de un soldado”, “Delitos y penas”, “Correspondencia sobre la Guerra del Paraguay”, “Asaltos de Plewna”, “Campaña de Humaytá”, “Cuentos de Tropa”, “Campañas de Aníbal”, “Escritos Militares”, “Juicio Crítico de la Guerra de Transvaal”, “Bocetos sobre la marcha”, “Combates de los Corrales”, “Campaña de Corrientes y Río Grande”, “Maniobras sobre el Talar de Pacheco”.
Falleció en la Capital Federal, el 10 de junio de 1925.

TOMÁS D. WEST
El nombre de Tomás D. West, no solo está ligado a una de las calles de la ciudad de Nueve de Julio, sino también a una relevante parte de nuestra Historia.
Tomás Domingo West, nació en Lobos, provincia de Buenos Aires, el 15 de septiembre de 1856, hijo de Tomás West, de origen inglés, y de Juana Martínez.
Graduado en Medicina en la Universidad de Buenos Aires, se radicó en 9 de Julio, alrededor de febrero de 1885, para ejercer su profesión.
Tan pronto como llegó a la promisoria comunidad, abrazó con singular interés las cuestiones públicas, militando en las filas políticas.
Después de promulgada la nueva ley orgánica de las municipalidades, con la que se organizaban los departamentos ejecutivo y deliberativo, en las elecciones del 10 de junio de 1886, fue electo concejal. Designado presidente del Concejo Deliberativo, debió asumir interinamente las funciones ejecutivas, el 1 de agosto de ese año. Así se convirtió en el primer intendente municipal... La Municipalidad de 9 de Julio, volverá a contarlo como su titular, en otros períodos.
Como médico, junto a otros facultativos radicados en el pueblo, le tocó hacer frente a las epidemias de cólera y viruela, entre 1886 y 1887; así como hacer frente a otras cuestiones inherentes a la salubridad pública.
Desde sus inicios, apoyó activamente la gestación de la Sociedad Protectora de los Pobres, y la construcción de su hospital. Tanto así que, por lapso de tres décadas, ejerció la dirección honoraria del nosocomio, de manera siempre altruista.
Colaboró en el desarrollo institucional de distintas asociaciones locales, de diversa finalidad. Asimismo perteneció a la Logia “Igualdad”, del Valle de 9 de Julio.
En dos ocasiones, ocupó una banca de diputado, en la legislatura provincial. Primero, desde julio de 1891 hasta abril siguiente; luego, entre enero y agosto de 1893.
En diversas ocasiones, del mismo modo, fue electo consejero del Consejo Escolar de 9 de Julio. Organismo, este, donde le cupo ejercer –también- la presidencia.
En 1927 se radicó en La Plata, donde falleció el 7 de diciembre de 1936. Más tarde, sus restos fueron trasladados a la necrópolis local, donde aún descasan.
Indudablemente, la carrera de vida, la trayectoria, de Tomás West, hacen de su figura, una de las más ricas, en las primeras seis décadas de la fundación de 9 de Julio.

ELIAS CABRERIZO
El 29 de octubre de 1989, el Concejo Deliberante de 9 de Julio sancionaba una ordenanza autorizando se imponga el nombre de “Maestro Elías Cabrerizo”, a una calle comprendida entre Antártida Argentina y Manuel Viegas.
Cabrerizo había nacido Vizcaya, España, el 17 de abril de 1881. En su tierra natal debió ser pastor de ovejas, aunque le fue posible realizar algunos estudios, sin llegar a graduarse en la docencia.
A principios del siglo XX emigró a la Argentina. De hecho, para 1912 ya se encontraba radicado en 9 de Julio, y había instalado su primer escuela, en un antiguo edificio de Salta entre Corrientes y Santa Fe.
Hacia agosto del año siguiente, este establecimiento contaba con 42 educandos, 28 varones y 14 mujeres. Ejercía como preceptora su esposa, en primeras nupcias, Marciana Gómez.
En octubre de 1914, trasladó su escuela a otra finca de la calle Santa Fe. Allí, donde había instalado su vivienda, la huerta y el jardín, tenía a su cuidado, además de sus muchos hijos, varios alumnos pupilos.
Los aranceles que cobraba eran relativamente bajos, lo que permitía que los alumnos pudieran cursar los estudios con más facilidad. Algunos, accedían a una especia de beca, que hacía que pagaran una cuota más reducida. Más aún, muchas veces a aquellos que no poseían recursos optaba por no cobrarles.
Más tarde, la escuela debió pasar por otros domicilios, incorporando a su programa de estudios nuevos emprendimientos, tales como el curso de Tenedor de Libros, adscrito a la Academia Fossa.
El maestro Elías Cabrerizo, según quienes compartieron su trato, recuerdan que “fue una figura que hizo todo por su propio esfuerzo, humilde, y a pesar de su severidad extrema, fue una contribución cultural para la comunidad de 9 de Julio”.
La fisonomía del maestro fue descripta por sus alumnos como la de un hombre “calvo, de baja estatura, excedido de peso, gran conversador, gran observados, sobrio. Le gustaban las fiestas, el pan alemán, la panceta, los picantes, el vino blanco y el mate amargo... Le gustaba jugar al chin-chon y en su casa se reunían amigos y vecinos a jugar y charlar. Fumaba en pipa y también cigarros de hoja”, que el mismo cultivaba en su huerta. Tenía una profunda fe cristiana que supo inculcar a sus discípulos, a través de tantos años frente al aula.
Entrado en años, afectado por una aguda sordera, ya retirado de la docencia continuó viviendo en 9 de Julio. Recibía la cercanía de sus muchos alumnos y amigos.
A pesar de los servicios que pudo prestar a la comunidad y a la patria que recibió como propia, jamás pudo jubilarse dignamente. Su retiro transcurrió en la mayor austeridad, cobrando algunas acciones de la Usina Eléctrica Popular y, para algunos, recibiendo una pequeña pensión.... Tanto así que, para tener material de lectura, ya en la ancianidad, debía acudir a un ex alumno para que le facilitara el periódico del día anterior.
Elías Cabrerizo dejó de existir en 9 de Julio, el 29 de noviembre de 1965. Sus restos descansan en la necrópolis local.

TOMÁS J. GARBISO
El 8 de septiembre de 1989, el Concejo Deliberante de 9 de Julio sancionaba la ordenanza que lleva el número 2671. Por medio de esta, imponía el nombre de “Tomás J. Garbiso” a una calle comprendida entre Río Negro (hoy Cardenal Pironio) y Alsina, y Doctor Tomás West y Avenida Primera Junta.
Tomás J. Garbiso, había nacido en Navarra, España, el 12 de diciembre de 1862, hijo de Pedro José Garbiso y de Petrona Arocena.
Emigró a la República Argentina en 1883, radicándose en Chivilcoy, donde se hubo empleado como peón en un tambo. Dos años más tarde, después de haber adquirido animales de su propiedad, comenzó a vender leche por cuenta propia, trabajando independientemente por lapso de catorce años.
Alrededor de 1897 compró varias hectáreas de campo, en el cuartel cuarto del Partido de 9 de Julio, para fundar “Dos de Mayo”. Una estancia que dedicó a la ganadería.
Hacia 1925 había logrado concretar un establecimiento modelo. Unas dos mil hectáreas, divididas en 50 potreros, pobladas por cerca de 7000 animales vacunos, 200 yegüarizos, que garantizaban un producción anual de más de dos mil terneros. Los doce tambos permitan la obtención de seis mil litros de leche diaria, que era empleada para la fabricación de productos lácteos, los cuales –para entonces- habría permitido que Garbiso obtuviera importantes premios.
Desde entonces, hasta su fallecimiento, se afincó en 9 de Julio, arraigando un hogar que formó junto a Juliana Grigarce.
Participó activamente en la vida comercial, social e institucional de este medio. Prestó impulso a diversas obras comunales, e integró buena cantidad de asociaciones, muchas de las cuales conocieron de su filantropía.
La Sociedad Española de Socorros Mutuos fue una de las tantas entidades que le contó como decidido colaborador. Allí se le distinguió como socio honorario, el 11 de febrero de 1940.
Por otro lado, asimismo, fue uno de los impulsores del movimiento popular que dio origen a la Usina Eléctrica Popular S.A., hoy Cooperativa Eléctrica y de Servicio “Mariano Moreno”. No sólo integró su primer directorio, en 1930 -acompañando los ideales de Tomás Cosentino- sino que fue –del mimo- uno de los principales referentes.
A lo largo de las dos décadas que insumió la instalación de una usina eléctrica popular, Garbiso trabajó denodadamente, brindado buena parte de sus horas a tan arduo esfuerzo. De hecho, de su propio peculio fue costeado el monolito que hoy recuerda la colocación de la piedra fundamental, en el predio que ocupa hoy esa institución educativa.
Cuando, en 1951, era inaugurado el servicio público eléctrico, prestado por la Usina Eléctrica Popular, Tomás Garbiso, ya anciano, se hallaba presente. Fue, sin dudas, quien más conoció del esfuerzo, del trabajo y de la lucha que demandó aquella loable concreción.

NICOLÁS GRANADA
El Concejo Deliberante de 9 de Julio, hacia julio de 1900, impuso el nombre de este militar, a una de las avenidas de la ciudad.
El coronel Nicolás Granada, expedicionario al Desierto, en las luchas de frontera con el aborigen, había nacido en Montevideo, el 6 de diciembre de 1795.
Siendo niño aún, fue enviado a España, para recibir educación en el –por entonces- renombrado Colegio Real de San Fernando. Allí se alistó como cadete en el Regimiento de Voluntario de Madrid, con cuya fuerza participó de la defensa de Montevideo, durante las Invasiones Inglesas... En esa contienda fue gravemente herido, siendo salvado, en el campo de batalla, por su padrino el coronel mayor Nicolás de Vedia.
Siendo subteniente de aquel regimiento, fue hecho prisionero por las fuerzas libertadoras comandadas por Alvear, que ocuparon Montevideo en 26 de junio de 1814. Primero, fue enviado a Córdoba, luego a Chascomús y, por fin, juró obediencia a la Patria, en 1816. El 3 de noviembre de 1817, se le dio de alta en el Regimiento de Granaderos de Infantería, con el mismo grado que revistaba en el ejército español.
Más tarde, participó en las acciones de Saucecito, Cepeda y Cañada de la Cruz.
El 17 de agosto de 1820, fue incorporado en el Escuadrón de Colorados, a las ordenes del coronel Videla. Por entonces, con el gobernador Martín Rodríguez, debió participar de una expedición al desierto.
Formaba parte del Regimiento de Húsares de Buenos Aires, ya en septiembre de 1823. Poco menos de cuatro años más tarde, poseía el rango de sargento mayor.
En 1839, contribuyó a sofocar la revolución de los Libres del Sud, encabezada por Castelli, contra Rosas; y, un año más tarde, realizó la denominada campaña de Tapalque.
Cuando Urquiza preparaba el desenlace de Caseros, Granada, rechazó su ofrecimiento de volverse contra Rosas.
En 1865, en reemplazo del coronel Julio de Vedia, fue designado jefe de la Frontera Oeste, con asiente en la Comandancia de Nueve de Julio. A partir de aquí, le cupo participar no sólo de la actividad propiamente castrense, sino también, de la organización civil del incipiente pueblo. A mediados de diciembre de 1868, fue relevado de ese cargo, y remplazado accidentalmente por el coronel graduado Antonio López Osornio.
El coronel Nicolás Granada, falleció en San Isidro, el 6 de mayo de 1871, víctima de la epidemia de fiebre amarilla.

HILARIO LAGOS
Por ordenanza del 27 de febrero de 1905, esta arteria urbana recibe el nombre del coronel Hilario Lagos, quien fuera jefe de fronteras, con asiento en el Fuerte “General Páz”, entonces partido de Nueve de Julio.
Hijo del destacado guerrero Hilario Lagos y de Toribia de la Fuente, había nacido en Pergamino, el 7 de noviembre de 1840.
Ya en 1856, se encontraban revistando en el ejército de la Confederación, con el grado de sargento distinguido.
En 1859, se destacó en la campaña de Mendoza y San Juan, y participó en la de Cepeda. Además, era escolta del presidente Santiago Derqui.
En noviembre de 1861, también se halló en la batalla de Pavón, conformando la división del general José María Francia... Un año más tarde, era ayudante de Paunero, y recorría –en campaña- Córdoba, San Luis y Mendoza.
Concluida la Guerra de la Triple Alianza, en la cual también debió actuar, fue destinado al servicio de frontera. Guarneció, como jefe de la frontera, resiento en el Fuerte “General Paz” y manteniendo –en este sentido- estrecha vinculación con Nueve de Julio.
En 1874, manteniéndose leal a las fuerzas del gobierno, asistió a la sofocación de la revolución mitrista.
En 1879, a las ordenes de Roca, realizó la ocupación definitiva de las tierras aborígenes.
Participó en los sucesos revolucionarios de 1880, en Flores y Los Corrales. Ese año, solicitó la baja del ejército, para ocupar una banca de diputado nacional, por Buenos Aires.
Reincorporado a las fuerzas armadas, en 1883, fue inspector de fronteras, en Salta y Jujuy. Asimismo, estuvo vinculado a la dirección del Colegio Militar de la Nación.
El coronel Lagos, se había iniciado en la francmasonería, en la Logia Tolerancia nº 4, en abril de 1872.
Falleció en Buenos Aires, en noviembre de 1895, con el grado de coronel.

ANTONIO AITA
A la antigua avenida Río Bermejo, le fue impuesto el nombre de este destacado periodista y legislador de Nueve de Julio.
Antonio Aita, había nacido en Nueve de Julio, el 12 de enero de 1911, hijo de Antonio Aita y Rosa Rosito.
Aún era niño cuando, en diciembre de 1921, se integró al personal de “El 9 de Julio”, medio de prensa que, con el devenir del tiempo, hubo de liderar por más de seis décadas.
Estudió en la Escuela Sudamericana de Buenos Aires, donde obtuvo el título de periodista, el 1 de septiembre de 1930. Cinco años más tarde, adquiría la imprenta, junto a su hermano Alberto, y se convertía en administrador de “El 9 de Julio”.
En 1943, se hizo cargo de la dirección, sucediendo al poeta y escritor Juan Farias. Desde entonces, le impuso al todavía periódico, un estilo propio... Un periodismo de infatigable lucha, donde se defendían los más elevados ideales del bien común.
Participó en la fundación de varias instituciones locales, como el Club y Biblioteca “Agustín Álvarez”, la Liga Nuevejuliense de Fútbol y la Asociación de Bomberos Voluntarios. Además, integró el Círculo de Periodistas, junto con otros eminentes cronistas, que daría vida a varios encuentros culturales.
En años difíciles para la libertad de expresión, con valor y templanza, no acalló su voz. Luchador constante, y auténtico defensor de los derechos de sus semejantes, no detuvo su infatigable dinamismo cotidiano.
Entre abril de 1952 y abril de 1955, ocupó una banca de diputado en la legislatura provincial. Sus provechosas gestiones, hicieron posible la construcción de un acceso a 9 de Julio, del camino General Villegas-Mar del Plata, del edificio de la delegación Dudignac, del Banco de la Provincia de Buenos Aires, entre muchos otros emprendimientos.
El 22 de diciembre de 1989, el H.C.D., le nombro “Ciudadano Ilustre de Nueve de Julio”, siendo el primero en ostentar ese honor.
Antonio Aita falleció en Nueve de Julio, el 18 de septiembre de 1995.
Tras su deceso, se le tributaron distintas honras a su memorias... En la actualidad, no sólo esta importante avenida lleva su nombre; también, una biblioteca popular, un salón de clases, un salón de actos, la sala de estudios del C.U.N., y una fundación cultural.

CORONEL FREYRE
Esta calle, de la planta urbana de nuestra ciudad, evoca al coronel Marcelino Freyre, expedicionario al desierto y protagonista de la historia de 9 de Julio.
Había nacido en Rosario de Rosario de Santa Fe, el 13 de noviembre de 1 846, hijo del coronel Marcelino Freyre Rodríguez del Fresno y de María Salomé Maciel de la Quintana.
Se inició en la carrera de armas en el Batallón Santafecino, en junio de 1865, cuando estalló la guerra del Paraguay. Asistió a la batalla del Yatay y a la toma de Uruguayana, pero por haberse enfermado en el mes de octubre del mismo año regresó a su ciudad natal.
En diciembre de 1866 fue incorporado al ejército del interior que estaba organizando el general Paunero. Pues, su enfermedad le impedía retornar a Paraguay.
Participó en diferentes hechos de armas, librados en varios sectores del país. Tanto se destacó que, para septiembre de 1868, ya ostentaba el rango de capitán.
Un año más tarde permaneció a las ordenes del comandante Julio Roca, en la provincia de Tucumán. El 26 de agosto del mismo año ascendió a sargento mayor graduado, regresando a Tucumán, de donde su regimiento marchó para Córdoba, por haber sofocado definitivamente la subversión en las provincias del Norte.
Luego de participar en la lucha contra el caudillo Ricardo López Jordán, y de permanecer apostado en Córdoba, a principios de 1872 fue enviado a la frontera bonaerense. En marzo de aquel año fue designado segundo jefe del 7º Regimiento de Línea, su cuerpo, que permanecía guarnecido en la Fuerte “General Paz”, entonces Partido de 9 de Julio.
Por aquella época, la todavía insipiente sociedad nuevejuliense, conocía la figura de este militar.
En enero del año siguiente, después de recibir el ascenso a teniente coronel, debió participar en la sofocación de la segunda rebelión de López Jordán. De regreso a Buenos Aires, se halló en la batalla de La Verde. Esta vez, incorporado al ejercito del coronel Arias, luchó contra los revolucionarios.
Concluida esta campaña, el teniente coronel Freyre retornó al Fuerte “General Paz", donde permaneció entre 1875 y 1976. Desde el 18 de Marzo de 1876, poco antes de ser nombrado comandante en jefe de la 1ª Línea de la Frontera Oeste, y por espacio de un par de años, realizó varias operaciones ofensivas sobre las comunidades aborígenes cercadas a Pichi-Mahuida, Lihué-Calel, Caichué, Trolfán, y Chadí Leuvú.
El 24 de mayo de 1976, el teniente coronel Marcelino Freyre fundó la hoy ciudad de Guaminí, en el margen sudoeste de la laguna del Monte.
El 14 de junio de 1879, la legislatura nacional había prestado acuerdo para otorgarle el grado de coronel. Pero doce día mas tarde, el militar dejó de existir.
Al morir, ocupara el cargo de Primer Vigilante, en la Logia Masónica “Luz del Desierto”, nº 60, en Guaminí, de la cual había sido fundador. Freyre se había iniciado en la masonería, el 29 de mayo de 1878.

CARDENAL EDUARDO PIRONIO
La antigua avenida Río Negro, una de las principales arterias de nuestra ciudad, ostenta el nombre de este hijo dilecto de 9 de Julio.
Eduardo Francisco Pironio, había nacido en 9 de Julio, el 3 de diciembre de 1920, hijo de José Pironio y de Enriqueta Buttazzoni. Recibió el sacramento del Bautismo en la parroquia de Santo Domingo de Guzmán, de 9 de Julio, el 3 de febrero de 1921, por ministerio del presbítero Alejandro Borghi, cura párroco encargado. Fueron sus padrinos, Pedro y Luisa Teresa Pironio.
Los estudios primarios, los cursó en el Colegio Cavallari; hasta que, respondiendo al llamado vocacional, ingresó en el Seminario de La Plata. Aquí estudió humanidades, filosofía y teología.
El 5 de diciembre de 1943, fue ordenado sacerdote, en la Basílica de Luján; y, cuatro días más tarde, ya oficiaba su primera misa, en la parroquia de 9 de Julio.
Sus estudios los completó en Roma, en el Pontificio Ateneo "Angelicum". Allí, en 1954, obtuvo la licenciatura en Teología.
En la diócesis de Mercedes, sirvió a su obispo en las cátedras del Seminario Pío XII, y en otras muchas tareas. Luego, se le designó provisor y vicario general de la diócesis, consultor diocesano, director del Boletín Eclesiástico, asesor de Acción Católica, y vicario cooperador en Las Heras, formando parte de la familia pontificia con el título de Prelado Doméstico de Su Santidad.
En 1961, era director y profesor del Instituto de Teología de la Universidad Católica Argentina. Poco después, se le confió la rectoría del Seminario Metropolitano de Buenos Aires.
El 31 de mayo de 1964, fue consagrado obispo; para servir, primero, como auxiliar de La Plata, desde la diócesis titular de Ceciri. En abril 1972, fue nombrado obispo de Mar del Plata. Después de pasar, en momentos decisivos, por la diócesis de Avellaneda, como administrador apostólico.
Presidió el CELAM y participó de los encuentros en los encuentros más importantes para la Iglesia latinoamericana del pos concilio.
El 20 de septiembre de 1975, el papa Paulo VI, lo designó Pro-Prefecto de la Sagrada Congregación de Religiosos e Institutos Seculares. Así, pasó a integrar la Curia Romana, como arzobispo titular de Tiges. A partir de entonces, se distinguirá en diferentes cargos, ocupados en varios dicasterios.
Fue creado cardenal, el 24 de mayo de 1976, con el título de los Santos Cosme y Damián. Desde abril de 1984 hasta agosto de 1996, presidió el Consejo Pontificio para los Laicos.
En 1995, por citar, integraba el Consejo de la II Sección de la Secretaría de Estado; y era miembro de las Congregaciones para las Causas de los Santos, para las Iglesias Orientales, para los Obispos, para la Educación Católica y para la Evangelización de los Pueblos; y consejero de la Comisión Pontificia para la interpretación de los Textos Legislativos.
Poco después, el papa Juan Pablo II lo promovió al orden cardenalicio de los obispos, confiándole la diócesis suburbicaria de Sabina Poggio Mirteto.
El cardenal Pironio, falleció en Roma en febrero de 1998. Sus restos descansan en la Basílica de Luján.

MARIANO SAAVEDRA
Paralela a Luis Braile y Miguel Vaschetti, en nuestra ciudad, existe una arteria que recuerda a Mariano Eusebio Saavedra, quien fuera legislador y gobernador de Buenos Aires.
Había nacido en el Fuerte de Buenos Aires, el 15 de agosto de 1810, el sexto hijo de las segundas nupcias del brigadier Cornelio Saavedra con Saturnina Bárbara de Otalora y del Rivero. Horas más tarde, recibió las aguas del Bautismo, en el templo de la Merced, de manos del presbítero Manuel Alberti, y apadrinado por Manuel Larrea.
Por lapso de más de un lustro, su familia debió permanecer exiliada fuera de Buenos Aires, hasta después de 1816. De regreso, junto a sus padres, Mariano Saavedra, se afincó en Rincón de Cabrera, hoy Zárate, donde su madre poseía una estancia.
Un año después de la muerte de su padre, cuando contaba 19 años, volvió a la ciudad de Buenos Aires, a raíz de una epidemia que asolaba por entonces a la provincia.
En el segundo semestre de 1832, contrajo enlace con Carmen Zavaleta (nacida el 11 de junio de 1816); matrimonio del que nacieron: Adolfo Rómulo, el 19 de noviembre de 1833; Carmen Emiliana, el 12 de enero de 1835; Carlos, el 28 de febrero de 1839; Cornelio Ernesto, el 16 de julio de 1840; Mariano Abraham, el 9 de octubre de 1842; Adolfo Pedro, el 18 de febrero de 1845; Celina Paulina, el 6 de octubre de 1852; y Zulema María Antonia, el 25 de abril de 1857.
Había logrado sostener un emprendedor saladero, en Rincón de Cabrera pero, con el advenimiento del gobierno de Rosas, volver al exilio, esta vez en Montevideo. Después de la batalla de Monte Caseros, regresó al país para dedicarse a actividades empresariales.
Además, ocupó cargos relevantes en la municipalidad de Buenos Aires, después de su creación, en 1856. De hecho, fue municipal por la parroquia del Pilar.
Más tarde, le cupo ser convencional constituyente, diputado y senador. Como así también, director y presidente del Banco de la Provincia de Buenos Aires.
En octubre de 1862, fue elegido gobernador de la provincia de Buenos Aires, en reemplazo del general Mitre, quien asumía la primera magistratura del Estado argentino. Volvió a ser electo, en esas funciones, en marzo de 1863, para permanecer poco más de un trienio. Durante ese período, debió firmar, el 12 de febrero de 1864 y el 2 de agosto del año siguiente, los decretos de creación del pueblo de Nueve de Julio, y reglamentario de la ley de creación de diez nuevos partidos –entre ellos, el nuestro-, respectivamente.
Cómo gobernador realizó una prolija gestión, que dio como origen importantes emprendimientos, entre ellos, la prolongación de líneas férreas, la organización de la dirección del ferrocarril, el establecimiento de nuevos juzgados de campaña, la fundación y creación de varios pueblos y partidos, y la instalación de nuevas sucursales del banco provincial.
Mariano Saavedra falleció en Buenos Aires, el 9 de febrero de 1883. Sus exequias, por expresa voluntad suya, consistieron en una Misa, y en un funeral sólo acompañado por sus hijos y nietos. Del mismo modo, había pedido a sus hijos que “cuando las ordenanzas municipales lo permitan, exhumen el cadáver de su virtuosa madre y el mío y [los] encierren en un solo ataúd”, para que “los que tanto se amaron en la vida, duerman juntos el sueño eterno”.

TENIENTE CORONEL ESTANISLAO HEREDIA
El 27 de diciembre de 1963, el Concejo Deliberante de Nueve de Julio sancionó una ordenanza designado “con el nombre de Teniente Coronel Estanislao Heredia, la calle de la ciudad de Nueve de Julio, que corre paralela a la Ricardo Gutiérrez hacia el lado oeste”. El proyecto había sido presentado por el bloque de ediles de la Unión Conservadora, a fines de octubre del mismo año; habiendo recibido el pedido de aprobación, por parte de las comisiones de Vialidad y Obras Públicas y de Presupuesto y Hacienda, el 10 de diciembre.
Estanislao Heredia había nacido en Catamarca, en 1834. El 1 de mayo de 1857, se había alistado al ejército, con el grado de alférez segundo, incorporado a la primer compañía del segundo escuadrón del Regimiento nº 5 “Granaderos a Caballo”, en Azul.
Se encontraba con su cuerpo es Sauce Grande, cuando fue graduado teniente, el 24 de julio de 1858. En febrero de ese año, había participado del enfrentamiento en Pigüe, contra los aborígenes de Calfucurá; y en marzo del año siguiente, lo hizo nuevamente, en Bahía Blanca, a las órdenes del coronel Granada.
Poco después de obtener el rango de teniente segundo, alcanzó una baja temporaria del servicio. Al reincorporarse, en diciembre de 1859, se agregó a la primera compañía del regimiento 3ª de Caballería, otra vez en Campo de Marte (Azul).
Después de participar en la batalla de Pavón, y de permanecer en diferentes puntos de frontera en la provincia, acompañó al coronel Julio de Vedia en la expedición a los Ranqueles.
Al estallar la guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay, se incorporó en el segundo cuerpo del ejército, a las órdenes del general Emilio Mitre. Debió participar de la toma de la batería de Itapirú, y en los encuentros de Estero Bellaco, Tuyutí, Curupaytí, Tuyú-Cué, entre otros.
En 1868, debió trasladarse a Corrientes, para sofocar la rebelión del general Nicanor Cáceres. En febrero del año siguiente, por pedido del coronel Vidal, se le confirió la efectividad en el grado de sargento mayor.
El 26 de mayo de 1871 fue designado jefe del regimiento 5º de Caballería de Línea, con asiento en el Fuerte “General Paz”, entonces partido de Nueve de Julio. Tres días más tarde, le fueron otorgados los despachos de teniente coronel graduado.
El 27 de junio de 1872, en un encuentro con los indígenas, de cuyos hechos existen varias versiones, el teniente coronel Heredia, junto con algunos soldados de su regimiento, perdió la vida.
Heredia había contraído matrimonio con Mercedes Cari. Tras su muerte, el 30 de junio de 1873, ella percibió una pensión por la mitad del suelo del empleo de su esposo. Pero, en realidad, según el coronel Julio Olivencia Fernández, la viuda y los dos huérfanos, debieron vivir “de la caridad de sus parientes, hasta que en los primeros albores de la vida, consumidos por la terrible tuberculosis, adquirida quizá en la pobreza y abandono, marcharon a otro mejor mundo”. La esposa del malogrado militar, continúa Olivencia Fernández, habría muerto “de mísera consunción”.
Los restos de los militares, muertos en esa lucha, fueron sepultados en el pueblo de Nueve de Julio. Según Jacinto R. Yaben, los restos de Heredia habría recibido “piadosa sepultura”, en la ciudad de Buenos Aires, el 17 de julio de aquel año. Sin embargo, otras obras citan que sus restos descansaría en la Pirámide que existe cercana al peristilo de la necrópolis de Nueve de Julio.
Lo cierto es que ese sepulcro, por decreto nº 89, del Poder Ejecutivo Nacional, en julio de 1982, fue declarado “Monumento Histórico”.

ENRIQUE P. CANO
En la ciudad de 9 de Julio, existe una arteria que recuerda, con sus nombres, a los hermanos Enrique y Arturo Cano, dos figuras significativas para el desarrollo cultural, intelectual y periodístico, en 9 de Julio. Precisamente, esos nombre le fueron impuestos a la calle, un año después de los decesos de ambos, ocurridos en 1970.
Enrique Patricio Cano, nació en 1893, en Luján. Era hijo de Alejandro Cano y de Teófila Cuello.
Junto a sus padres, siendo todavía un niño, se afincó en la estancia "La Casualidad", en la localidad de La Niña, en el partido de 9 de Julio.
Ingresó en la Escuela de Mecánica del Ejército, pero, al redescubrir su vocación a la enseñanza, pasó a la Escuela Normal de Maestros, donde pudo graduarse con brillantes calificaciones.
Alrededor de 1922, le fue confiada la dirección de la Escuela nº 4, de 9 de Julio. Aquí puso en práctica su talento y la profesionalidad característica.
Docente progresista, lo era en todo. Dotó a la escuela de los principales adelantos técnicos; e incorporó al programa institucional otras áreas de importancia, de modo extraescolar. De Alemania importó los últimos adelantos en cuanto a materiales didácticos de uso en el laboratorio, gracias al aporte de su comisión cooperadora.
Entre mucho, acercaba a los alumnos a la lectura de los grandes pensadores y filósofos. Tanto así que, por inspiración suya un club deportivo recibió el nombre de "Agustín Álvarez".
Por entonces, también dictaba clases en la escuela nocturna para adultos.
Las complejas, como ponzoñosas, cuestiones que se tejieron, en la década de 1920, en el seno de la Unión Cívica Radical, el profesor Cano debió hacer frente a fuertes presiones. Estas terminaron por exigirle un traslado, en calidad de relevo, a una escuela rural del partido de General Pueyrredón, en la provincia de Buenos Aires, que rehusó.
A raíz de su alejamiento de la docencia, fundó el periódico "El Gráfico", en abril de 1928. Este bisemanario, que pudo hacer escuela en el periodismo de 9 de Julio, era impreso en las instalaciones propias, ubicadas en la esquina de Mitre y San Juan, donde funcionaba también la redacción. Así, alejado en parte de la tarea educacionista, abrazó el periodismo.
Pronto se unió a las filas del Partido Socialista, constituyéndose uno de los referentes mas importantes en nuestro medio. Tal es así que pudo ser candidato a algunos cargos importantes, en diversos períodos.
No sólo colaboró activamente en la fundación del Club "Agustín Álvarez", también lo hizo cuando comenzó formarse la biblioteca de la institución. Donó los primeros libros, una edición de las obras completas del patrono del Club, una enciclopedia y otros títulos menores.
También el en periodismo, a raíz de su postura netamente esclarecedora, debió soportar persecuciones.
Como docente, además, durante largo tiempo dictó cátedras en el Colegio Cavallari y, luego, en la Escuela Nacional de Comercio.
A lo largo de su vida, asimismo, integró las filas del Círculo de Periodistas de 9 de Julio, y la Asociación de Maestros; participando en la fundación de la Federación Cultural de esta ciudad y presidiendo la Biblioteca Popular "José Ingenieros".
Enrique Cano falleció en La Plata, el 4 de agosto de 1970.

ARTURO A. CANO
Arturo Arsenio Cano, hermano de Enrique, nació en el partido de 9 de Julio, en 1898.
A los 14 años, por causa de la viruela perdió la visión. Aún así la ceguera tan temprana, no le impidió adquirir una formación, llena de sapiencia.
Periodista culto, su prosa era amena, y manejaba un acabado discurso. En 1928, cuando su hermano fundó “El Gráfico”, le confió un puesto clave: la secretaría de redacción.
Un secretario solía tomar dictado de sus notas. Su hermano Enrique, director del periódico, nunca daba a luz un escrito de relieve sin antes consultárselo.
Era extremadamente bondadoso, no con a la manera de la lisonja superficial. Por el contrario, su bondad era honda. En su casa de Catamarca (hoy Ramón N. Poratti) 262, entre Robbio y Mendoza, se integraban numerosas tertulias y pláticas amistosas. En torno "al mate" o "al asado", se debatían interesantes temas de actualidad. Muchos jóvenes de entonces oían las palabras de aquel maestro que, aunque privado del órgano visual, podía ver muy lejos.
Hacia enero de 1944, después de ser clausurado "El Grafico", los hermanos Cano fundaron "El Artesano". Esta vez, la dirección estaba a cargo de Arturo... No debió transcurrir mucho tiempo, para que este fuera también cerrado.
Durante varios años, ocupó el cargo de bibliotecario en la Biblioteca Popular que dependía del Club y Biblioteca “Agustín Alvarez”. Allí era frecuente verlo leyendo sus libros en alfabeto Braile. Aún se conservan algunos de sus libros, tal como el Evangelio de Lucas (The Gospel of St. Lucke), editado por la The British and Foreign Bible Society.
Admiraba el buen arte. Solía ejecutar el piano con cierta maestría.
Arturo Cano, falleció en La Plata, el 3 de julio de 1970. Un año más tarde su nombre le fue impuesto a la Biblioteca Popular que hubiera dirigido.
Roberto B. Tarantino, periodista de “El Gráfico”, y uno de aquellos jóvenes que compartían las reuniones en “la casa de los Cano” (o “El Rancho Grande”) en un poema que tituló "Muerte del hombre árbol", lo describió afirmando, entre otros versos:
“En la excelsa grandeza de su mundo,/de su mundo de horizonte ilimitado, /
proyectándose augusto/ en la claridad de su visión profunda,/ vivió/ como vive el árbol, /como ‘hombre-árbol’, / enraizadas sus bases en la tierra, jardín de las flores de su esencia”.
“Sacudidas sus ramas/ no pudieron tempestades/ doblegar su enhiesto tronco,/ manteniéndose erguido/ hasta la sentencia inapelable/ de la ley inclemente de Natura”.
“Murió/ dejando en derredor,/ como el árbol deshojado del invierno,/ tristeza,/ desolación,/vacío”.
También, Eduardo N. De Risio, quien bien le conoció, cierta vez afirmó que "lo amábamos porque era demasiado humano y generoso, optimista y de alegre corazón, que curaba en triste mal metafísico de los introvertidos con su palabra cálida y retozona”.

NICOLÁS L. ROBBIO
La verdadera designación de esta arteria de la planta urbana de 9 de Julio, es Nicolás L. Robbio y no Nicolás H. Robbio.
Nicolás Liberato Robbio, destacado líder conservador del antiguo Partido Autonomista Nacional, había nacido en Buenos Aires, el 17 de agosto de 1846, hijo de Nicolás Robbio y de Leonor Martínez.
Como su tío Juan Robbio, también dirigente político, poseía una fracción de campo en el Partido de Bragado, le cupo a su padre la administración de este, trasladándose a aquel distrito.
Mas tarde, promediando la década de 1870, el joven Nicolás L. Robbio, pasó a formar parte del vecindario de 9 de Julio.
Contaba 28 años, cuando contrajo matrimonio –en segundas nupcias- con Dolores Venegas, matrimonio del cual nacerá –entre otros hijos- Nicolás H. Robbio, otro descollante hombre público.
Nicolás L. Robbio, tuvo una por demás destacada actuación social y política en 9 de Julio. Pudo desempeñarse, en varios períodos, como: comandante militar, juez de Paz, concejal y presidente del Concejo Deliberante, presidente de la Municipalidad, intendente municipal, consejero escolar, comisario de policía, senador y diputado ante la Legislatura provincial, defensor de menores; además de ser distinguido, con diversos cargos, en la dirigencia de su partido.
También, después de producirse la autonomía del Partido de Carlos Casares, radicado allí, tuvo amplia como destacada actuación.
Falleció en Carlos Casares, a las 9 horas del 28 de octubre de 1914. Un día más tarde, el Concejo Deliberante de 9 de Julio sancionó una ordenanza, por la cual imponía su nombre a la entonces calle Córdoba.

TOMÁS COSENTINO
De nacionalidad italiana, Tomás Cosentino había nacido en 1874. Junto a su madre, en 1888, inmigró a la República Argentina, radicándose primero en Buenos Aires. Allí se empleó en un comercio, situado en la calle Entre Ríos, por un suelto de 10 pesos. Más tarde, debió ingresar a trabajar a una obra en construcción, como peón de albañil; donde al poco tiempo –demostrando su talento- fue ascendido a oficial y luego a director de la obra.
En 1893, en compañía de algunos amigos, se trasladó a la localidad de French, en el partido de 9 de Julio, donde arrendó una fracción de 160 hectáreas, del campo de los hacendados Núñez Monasterio. Desde entonces, iniciará su tarea de agricultor, la cual, después de luchas y dificultades, le permitirá formar una sólida posición.
Como propietario de la red telefónica, contribuyó al progreso de la ciudad, extendiéndola considerablemente, además de brindar un destacable servicio.
Además, desempeñará relevante accionar como: vice-cónsul de Italia en 9 de Julio; presidente de la Sociedad Italiana de Socorros Mutuos, desde 1917 hasta 1918, y desde 1928 hasta 1929; presidente de la Comisión Pro-Fomento Edilicio de 9 de Julio, hacia 1926, donde trabajó para la construcción del Parque y el embellecimiento urbano de la ciudad; miembro de la junta directiva de la Sociedad Rural de 9 de Julio, entre otras.
Pero, su nombre habrá de ser recordado, como fundador y dinámico luchador en el movimiento comunitario que dio origen a la Usina Eléctrica Popular.
Falleció en 9 de Julio, el 25 de julio de 1936. Su nombre, le fue impuesto a la antigua avenida Río Uruguay.

HISTORIA DE 9 DE JULIO (BS. AS.)

RESEÑA SOBRE LA HISTORIA DE LA E.E.T. N° 2
* Por Héctor José Iaconis

Desde la primera mitad de la década de 1920, hacianse sentir las necesidades de contar, en la ciudad de 9 de Julio, con una escuela de enseñanza técnica. Entonces, algunos legisladores proyectaron, aunque con poca propulsión, la manera de gestionar ante los organismos competentes la creación de una institución educativa de tales características. Hacia 1928, por citar, jóvenes de esta ciudad estudiaban (becados por la Municipalidad) en la Escuela de Artes y Oficios, de Bragado, entonces dirigida interinamente por el Prof.. José Piccaluga (1). Esto ocasionaba gastos considerables, pues los alumnos debían alojarse en cada pensión, además de cuanto importaban los traslados hacia esa ciudad (2). Las gestiones mas efectivas, para la creación de la ´escuela de preparación industrial´ fueron iniciadas por la comisión auxiliar 9 de Julio de la Confederación Nacional del Trabajo (C.G.T.). Su secretario, Horacio Italiano, en marzo de 1945, admitía que ´ ello beneficiaria, en lugar primero, a los hijos de los obreros, que al terminar los estudios primarios se encuentran sin orientación fija, frente al duro panorama de la existencia, debiendo, las mas de las veces, rodar por ahí como miserables ganapanes, si es que no se encaminan por la senda tortuosa del vicio y la degradación personal (3). Pero debía transcurrir casi un lustro hasta que, por gestiones del senador nacional Mayor (r) Alfredo J.L. Arrieta (cuñado del Presidente de la Nación en turno), la Comisión Nacional de Aprendizaje y Orientación Profesional, del Ministerio de Trabajo y Previsión, accediera a la creación de una escuela fabrica en el partido de 9 de Julio. Para ello, y con la finalidad de ultimar detalles, a principios de junio de 1950, habiase trasladado a esta ciudad el Inspector de Enseñanza, Sr. Varela, quien con la asistencia de la Delegación Regional de la C.G.T., inicio la inscripción para el curso lectivo, procurando el alquiler de una vivienda donde funcionaria la misma. El 25 de Junio de 1950 (5) dio comienzo la actividad educativa de la Escuela de Aprendizaje y Medio Turno Nº 134 (sic), bajo la dirección interina de Dante Manuel Peters, y con un cuerpo de docentes y personal integrado por: Helio Augusto Amerio, Amilcar Raul Linch, Hector Vicente Medici, Raúl Raña, Nicanor Tellechea, Francisco Guillermo Spina, Ramón Ojeda, Miguel Rivas, Arturo Avendaño, Antonio Anorfo, Francisco Jimenez del Barco, Clemente Malpere y Ricardo Igelmo.

SU PRIMER NOMBRE
Poco después de la creación de la novel escuela, se produjo el fallecimiento del Mayor Arriate. Por ello, en reunión del 19 de Julio de ese año (1950), la Mesa directiva de la Delegación Regional de la C.G.T., resolvió:
¨ solicitar a la Comisión de Aprendizaje y Orientación Profesional, esta Escuela lleve el nombre del extinto hombre publico Mayor Alfredo J. Arrieta... para el acto de inauguración de la Escuela Nº 134, hará uso de la palabra, en nombre de la Delegación Regional, el Compañero Delegado Tesorero Teodoro Alejo Dri... Se resolvió que para el acto de inauguración de la Escuela, dado que se hallaran presentes los representan tes de la familia Arrieta, ofrecer un almuerzo en el Plaza Hotel, con la participación del Señor Inspector Varela, todo el personal que prestara servicio en la Escuela, representantes de la familia Duarte-Arrieta y miembros de esta Delegación Regional¨. (6). Al acto inaugural e imposición del nombre de ´Mayor Alfredo J. Arrieta´ a la Escuela Nº 134, asistió numeroso publico, representantes municipales, policiales, religiosos y educativos, delegaciones de escuelas primarias y de la Escuela Nacional de Comercio ´Nueve de Julio´. Frente al edificio que ocupaba la escuela (Córdoba 277 entre Avda.. San Martín y Salta) habiase levantado el palco oficial, donde uso de la palabra -entre otros- el Inspector Varela.

LA PRIMERA EXPOSICION
Un año mas tarde, la dirección del establecimiento estaba a cargo del Prof.. Hector V. Medici, y fueron incorporados el Prof.. Manuel Rodríguez y el maestro Santiago Villar (7). Con el objetivo de dar a conocer la labor educativa de la ya Escuela Fabrica de la Nación Nº 134, fue organizada, en noviembre de 1951, la ¨1º Exposición¨ de trabajos prácticos, en el Salón Blanco de la Municipalidad de 9 de Julio. Allí, con un marco excepcional de asistentes y coronada con el éxito, se expusieron las actividades ejecutadas por aquellos primeros educandos.

LA ASOCIACION COOPERADORA
Por iniciativa del director del establecimiento, el miércoles 7 de mayo de 1952, a las 22 horas, se reunieron en el establecimiento, poco mas de una decena de vecinos, con la finalidad de conformar una asociación cooperadora que asistiese a la Escuela, en forma institucional y pecuniaria, pues la misma ya había sido trasladada al edificio -mas de Saamplio y conveniente- de la esquina Santa Fe y La Rioja. Con los allí presentes y otros que, aunque ausentes, mostraron su apoyo, luego de una ¨prolongada deliberación´ , fue constituida la primera comisión directiva, la cual quedo formada -previa lectura del proyecto de estatutos- de la siguiente manera:

Presidente: Carlos Tacchi
Vice: Felipe Menéndez
Secretario: Angel Villa
Tesorero: Osvaldo L. Gatti
Vocales: Arturo J.M. Montorsi
Juan J. Plini
José A. Inzua
Raúl Falcinelli
José Martino
Adolfo Cingolani
Genaro Bengoa
Clemente Eceizabarrena
Vocales Suplentes:
Ernesto Benso (h)
Eladio Blanco
Hector Vazquez
Rev. de Cuentas:
Roberto Fernández
Manuel M. González
Asistente Técnico:
Hector Medici (8)

LOS PRIMEROS EGRESADOS
Hacia fines de 1952, egresaron los primeros alumnos, del tercer curso, quienes iniciaron sus estudios en el año de fundación de la Escuela:

Nicolas Pablo Guaragna
Luis Hugo Pozas
Dardo Osvaldo Garcia
Celestino Abel Manrique
Pedro Eugenio Sánchez
Miguel Florencio Sánchez
Abel Omar Lombardo
Víctor David Blanco
Angel Emilio Rivolta
Pedro Alejandro Vázquez
Eduardo Alberto Valenti
Victorio Vaccari
Hector Jorge Buffoni
Juan Domingo Bono
Enible Walter Regalía
Eduardo Carlos Impinisi
Norberto Guiet
Hector Lino
Garcia Efrain
Mario Andion

LA NUEVA DENOMINACION
A poco del derrocamiento del gobierno de Juan Peron, y con la disolución de la Comisión de Aprendizaje y Orientación Profesional, la Escuela Fabrica Nº 134 de la Nación, comenzó a depender del Consejo Nacional de Educación Técnica, y, con motivo de la intolerancia seguida en la primera etapa de la Revolución Libertadora, le fue suprimido el nombre de ¨Mayor Alfredo J. Arrieta¨. Desde 1956, ocupaba la dirección el Prof.. Oscar Ruben Bolies (9), en reemplazo del Prof.. Manuel Rodríguez, quien había ascendido a director en 1.953(10). En 1964, por disposición del C.O.N.E.T., dejo de denominarse Escuela Fabrica, para ser llamada Escuela Nacional de Educación Técnica Nº 1. Poco mas de una década después, la Asociación Cooperadora, considerando que esta no poseía nombre alguno, gestiono ante el interventor del Consejo Nacional de Educación Técnica (C.O.N.E.T.), Ing. Carlos A. Burundarena, la imposicion del nombre de Mercedes Vázquez de Labbe (11), como ¨patrona¨ del establecimiento, lo cual, se efectivizo mendiante Resolución Nº 2243 del 15 de Octubre de 1979.

LA IMPLANTACION DEL CICLO TECNICO SUPERIOR
Hacia Septiembre de 1971, por gestiones de autoridades de la Asociación Cooperadora, y con la labor inquebrantable del Ingeniero Juan Sabato, se concreto una importante entrevista entre integrantes de las fuerzas vivas de 9 de Julio y el Ingeniero Luinor Adelfio Vilches, presidente del C.O.N.E.T., con la finalidad de solicitar la implantación del Ciclo Superior, para favorecer a los egresados con el importante titulo de Técnico Mecánico. La comitiva fue integrada por lo mas representativo de la vida institucional de esta ciudad: el Intendente Municipal, Alfredo Mastrocesare, Hector Alejandro Cuaroni, Inspector General, Rvdo. Padre Augusto María Rol, en la representación del Obispado de Santo Domingo de Guzmán, Angel Rodríguez, por la Comisión Pro-Teléfonos, Joaquín Viegas, por la Cámara de Comercio e Industria, Adolfo González, por la Sociedad Rural, Oscar Bolies, Director de la Escuela Nacional de Educación Técnica, Hugo Orbea, en representación del Colegio de Escribanos, Julio Fausto Emilio Naudin, por la U.E.P., Pedro Anselmi, en representación del Rotary Club 9 de Julio, José Insua, Cecilio Fava y Aníbal Soaje, miembros de la Cooperadora E.N.E.T. Nº 1, Manuel Rivera, por la Asociación de Bomberos Voluntarios, representantes de medios periodísticos y otros organismos (12).
Tan exitosa fue la gestión realizada por ese grupo que, para Marzo del año siguiente, había sido acordada la implantación del ciclo superior, con su respectiva tecnicatura. Sobre el particular, el Prof.. Osvaldo Moro, expreso: ¨ Este ciclo completa la formación de los alumnos del ciclo básico en una determinada especialidad. Esta formación se orienta en dar al técnico la capacidad necesaria para proyectar, efectuar y dirigir en las distintas fases de su profesión, esto hace que trascienda su importancia, para la industria local que puede nutrirse de jóvenes convenientemente capacitados¨ (13).
A fines de 1974, en un significativo acto realizado en el Salón Blanco Municipal, se entregaron los diplomas de Técnico Mecánico a la primera promoción de egresados del Ciclo Superior, ellos fueron: Luis Alberto Cescutti Hector Mario González Walter Antonio Martínez Walter Dario Maccagnani Carlos Alberto Mattera Alberto Ismael Mudeh Norberto Negretti Norberto Omar Navarro Tomoyuki Oshiro Masaharu Oshiro Miguel Angel Rodríguez Eduardo Valle Alberto Ramón Vuotto Miguel Angel Zappa

EL NUEVO GRAN EDIFICIO
Principiando la década de 1960, se hacia menester contar con un nuevo edificio, dotado de mas amplias instalaciones, pues, el crecimiento se generaba a pasos agigantados. En la casa de la calle Santa Fe, construida en 1911, funcionaban las aulas, los talleres, el comedor y un internado. Este ultimo había comenzado en 1954, con 35 residentes, lo cual, para entonces, habiase incrementado considerablemente. Por todo ello, el 3 de Agosto de 1960, el director del establecimiento, Prof. Oscar Bolies, se dirigía al Intentende Municipal Adolfo Poratti solicitando la donación de un terreno ¨Designado según plano oficial de la Ciudad de 9 de Julio como solares 4,6,8 y 12 manzana 67...¨ (14).
Un año mas tarde, se había constituido una comisión Pro-Edificio, integrada por Alcides Spina, Oscar Antonini, Carlos Vanina, Roberto Villalba, Santiago Baztarrica, Ricardo Paladino y Roberto Ferrer, que activo las gestiones ante el Honorable Consejo Deliberante de 9 de Julio, en favor de obtener la donación del predio para la construcción del nuevo local, que se materializo, por ordenanza del 11 de Octubre de 1961, por medio de la cual, el Honorable Consejo Deliberante donaba al Consejo Nacional de Educación Técnica una fracción de la manzana 8 (según nomenclatura catastral) ¨con destino obligado a la construcción del edificio para el funcionamiento de la Escuela Fabrica Nº 134 de la Nación...¨ (15).
Dado que se proyectaba, asimismo, la edificación contigua de la Residencia Estudiantil, durante el primer cuarto de la década de 1970, la Municipalidad de 9 de Julio, amplio la donación efectuada en 1961, por voluntariosa iniciativa del comisionado Raúl Francisco Porthe. Inconvenientes burocráticos, retrasaron el inicio de las obras, las que dieron principio el 1 de Diciembre de 1979, producto del trabajo inclaudicable de las distintas comisiones de la Asociación Cooperadora, y autoridades municipales, provinciales, nacionales y eclesiásticas, así como también legislativas.
En 1985, fueron trasladados los talleres, y, ya concretadas las obras, el 28 de Agosto del 1987, el Director del Establecimiento, Prof. Vicente Hector Francione, quien ocupaba ese cargo desde el año anterior, presidía, junto a otras personalidades relevantes, el acto oficial inaugural del gran edificio, orgullo insoslayable de la región.

NOTAS:
(1) Años mas tarde fue regente de la Escuela Industrial de la Nación ¨Otto Krause¨, en la Capital Federal.
(2) Cfr. ARCHIVO DE LA MUNICIPALIDAD DE 9 DE JULIO, Expediente Nº 13, Año 1930, 6 ff.
(3) Periódico ¨EL IMPARCIAL¨, año XIV, Nº 1160, 3-III-1945.
(4)ARCHIVO DE LA MUNICIPALIDAD DE 9 DE JULIO, Libro de Actas de la Delegación Regional de la C.G.T., Nº 1, actas Nº 91 y 92.
(5) ARCHIVO DE LA E.E.T. Nº 2. Albunes fotográficos. Acto Fundacional.
(6) Idem. Nota 4. Acta Nº 94.
(7) ¨Sucesos¨, Nº 4,4VI-1951.
(8) ARCHIVO DE LA ASOCIACION COOPERADORA E.E.T. Nº 2, Libro de Actas Nº 1, f. 16 s.
(9) El profesor Oscar Bolies había sido director de la Escuela Fabrica de la Nación de Plaza Huincul, Provincia de Neuquen.
(10) Entrevista realizada al Sr. Manuel Rodríguez, el 13-VIII-1993.
(11) Primera maestra en el Partido de 9 de Julio, donde arribo hacia 1863, con las tropas fundadoras.
(12) Diario ¨Pregón¨, año III, Nº 593, 15-IX-1971.
(13) OSVALDO MORO, ¨El Ciclo Superior¨, en revista Horizonte Técnico, publicación de la E.N.E.T. Nº 1, 9 de Julio, Nº 1, Noviembre de 1.974, pagina 13.
(14) Archivo del Honorable Consejo Deliberante de 9 de Julio, Expediente Nº 165, Letra E, Año 1960, ¨Escuela Fabrica Nº 134 de la Nación Donación Terreno¨, f.1.
(15) Ibidem, f. 12.

HISTORIA DE 9 DE JULIO (BS. AS.)

INDICE DE ALGUNOS DOCUMENTOS RELACIONADOS CON LA HISTORIA DE 9 DE JULIO, CONSERVADOS EN EL SERVICIO HISTÓRICO DEL EJÉRCITO
(1ª parte: 1863-1864)

1. Nota del 29-X-1863. Nueve de Julio. Coronel Julio de Vedia al general Juan Andrés Gelly y Obes. Informa que hace “dos días” que ocupa el paraje “Tres Lagunas”. Ha comenzado los trabajos para la construcción del nuevo campamento. Solicita se le imponga el nombre de “9 de Julio” [recibirá aprobación, con fecha 7-XI].
2. Nota del 30-X-1863. Nueve de Julio. Coronel Julio de Vedia al general Juan Andrés Gelly y Obes. Ha contratado horneros, a Martín Yanguardo y a Agustín Soto Mayor. Se les pagará 2000 pesos mensuales.
3. Nota del 2-XI-1863. Nueve de Julio. Coronel Julio de Vedia al general Juan Andrés Gelly y Obes. Solicita herramientas para los horneros y otros elementos.
4. Nota del 2-XI-1863. Nueve de Julio. Coronel Julio de Vedia al general Juan Andrés Gelly y Obes. Solicita, para sembrar en los campamentos y fortines que puedan establecerse, algunos elementos adjunta en una relación. Informa que cuenta con algunos bueyes.[Sele responde con la autorización de: 40 bueyes, 50@ de semilla de alfalfa y 12 arados].
5. Relación del 2-XI-1863. 40 novillos, 100 semillas de alfalfa del país y 24 arados completos.
6. Nota del 17-XI-1863. Nueve de Julio. Coronel Julio de Vedia al general Juan Andrés Gelly y Obes. Informa que se han iniciado los trabajos en los hornos. A los maestros horneros se les abona a cada uno, 2000 pesos.
7. Nota del 2-XI-1863. Nueve de Julio. Coronel Julio de Vedia al general Juan Andrés Gelly y Obes.
8. Nota del 3-XI-1863. Nueve de Julio. Coronel Julio de Vedia al general Juan Andrés Gelly y Obes. Se refiere a los Guardias Nacionales. A las licencias y relevos.
9. Nota del 17-XI-1863. Nueve de Julio. Coronel Julio de Vedia al general Juan Andrés Gelly y Obes. Se refiere al coronel Jacinto González y al teniente coronel F. Benítez, quienes indebidamente reportaban en esa frontera.
10. Nota del 23-XI-1863. Bragado. Coronel Julio de Vedia al general Juan Andrés Gelly y Obes. Informa que comprará dos carros.
11. Nota del 2-XII-1863. Nueve de Julio. Coronel Julio de Vedia al general Juan Andrés Gelly y Obes. Informa que licenciará al Regimiento 9º de Guardias Nacionales. Comunica que hay muchos enfermos.
12. Nota del 2-XII-1863. Nueve de Julio. Coronel Julio de Vedia al general Juan Andrés Gelly y Obes. Informa que hay dos cuerpos de 475 plazas efectivas e 87 indios amigos. Faltan 238 Guardias Nacionales de Caballería. Es inconveniente el relevo mensual, “los nuevos no sirven para nada”.
13. Nota del 14-XII-1863. 25 de Mayo. Coronel Pablo Palacios al Coronel Julio de Vedia. Se refiere al combate de “Ballimanca”, en campos de Unzué. Han invadido 40 malones, arreando 500 animales.
14. Nota del 15-XII-1863. Bragado. Coronel Julio de Vedia al general Juan Andrés Gelly y Obes. Remite el parte, fecha 12-XII, del combate de “Ballimanca”.
15. Nota del 2-I-1864. Nueve de Julio. Coronel Julio de Vedia al general Juan Andrés Gelly y Obes. Ha contratado raciones trimestrales, para la tribu de Coliqueo. Según disposición de la superioridad ha recibido 500 yeguas.
16. Nota del 7-I-1864. Nueve de Julio. Coronel Julio de Vedia al general Juan Andrés Gelly y Obes. Se refiere a la inscripción del padrón para votar en Bragado y en 25 de Mayo.
17. Nota del 7-I-1864. Nueve de Julio. Coronel Julio de Vedia al general Juan Andrés Gelly y Obes. Consulta, con referencia a la anterior, si pueden votar por escrito.
18. Nota del 12-I-1864. Nueve de Julio. Coronel Julio de Vedia al general Juan Andrés Gelly y Obes. Se refiere a quienes distribuirán la ración a la tribu de Coliqueo.
19. Nota del 25-I-1864. Nueve de Julio. Coronel Julio de Vedia al general Juan Andrés Gelly y Obes. Se refiere a la abolición de la disposición del 16 de agosto de 1861, que facultaba a los jefes de frontera para, previo consejo de guerra, ejecutar a soldados que peligren la moral y la disciplina del ejército.
20. Nota del 10-III-1864. Nueve de Julio. Coronel Julio de Vedia al general Juan Andrés Gelly y Obes. Daniel Amadeo es aprobado como proveedor de tropas.
21. Nota del 10-III-1864. Nueve de Julio. Coronel Julio de Vedia al general Juan Andrés Gelly y Obes. Refiere a raciones de carne no en pie.
22. Nota del 13-III-1864. Nueve de Julio. Coronel Julio de Vedia al Comisario de Guerra. Acusa recibo de nota del 27-II. Cinco carretas para trabajos en la frontera: 164 tirantillos de pino, 18 puertas, 12 ventanas, 5 rollos cabo rusia filast., 1 cajón, 2 barricas, 9 cuñetes punta de París 74.
23. Nota del 17-III-1864. Bragado. Coronel Julio de Vedia al general Juan Andrés Gelly y Obes. Refiere que la tierra no es apropiada para potreros. Solicita el envío de 1200 postes de ñandubay.
24. Nota del 20-IV-1864. Bragado. Coronel Julio de Vedia al general Juan Andrés Gelly y Obes. Se refiere al número exesivo de oficiales.
25. Nota del 25-IV-1864. Bragado. Coronel Julio de Vedia al general Juan Andrés Gelly y Obes. Se refiere a los arreglos por raciones.
26. Nota del 11-V-1864. Bragado. Coronel Julio de Vedia al Inspector de Armas. Refiere a la baja de dos soldados: J. Gayán y A. Cabeza.
27. Nota del 1-VII-1864. Bragado. Coronel Julio de Vedia al general Wenseslao Paunero. Se refiere a los insultos (posiblemente con referencia al senador Piñeyro). Reclama se hagan sumarios y se castiguen las calumnias, defendiéndose el honor del Ejército.
28. Nota del 3-VIII-1864. Bragado. Coronel Julio de Vedia al general Paunero. Remite felicitarios para los soldados Gallar y Cabezas.
29. Nota del 3-VIII-1864. Nueve de Julio. Coronel Julio de Vedia al general Paunero. Informa sobre dos soldados propuestos para ascenso.
30. Nota del 13-IX-1864. Nueve de Julio. Coronel Julio de Vedia al general Paunero. Se refiere al soldado José Lucero.
31. Nota del 19-IX-1864. Nueve de Julio. Coronel Julio de Vedia al general Paunero. Comunica que un cautivo afirma que habrá invación de Río IV.
32. Nota del 29-IX-1864. Nueve de Julio. Coronel Julio de Vedia al general Paunero. Propone a dos sargentos, Martínez y Flores.
33. Hay una lista, extensa, del Regimiento 5º.
34. Nota del 12-X-1864. Nueve de Julio. Coronel Julio de Vedia al general Paunero. Pide por el soldado Lucero.
35. Nota del 1-X-1864. Coronel Julio de Vedia al general Juan Andrés Gelly y Obes. Remite expediente e informe adjunto.

HISTORIA DE 9 DE JULIO

Una publicación italiana a fines del siglo XIX

 ** Por Héctor José Iaconis

Al emprender una investigación histórica relacionada con la evolución cultural e intelectual en 9 de Julio, una de las primeras fuentes –por así llamarlas- a las que se recurre, son los textos, libros o publicaciones periódicas con que el público lector se nutría. No es tan sencillo, en nuestro tiempo, acceder a ese valioso material, pues, no todo ha logrado preservarse; o, muchas veces, lo conservado puede no aparecer tan pertinente en el contexto de los estudios realizados.

De la primera biblioteca popular, lamentablemente, no existen volúmenes, en instituciones oficiales, claro está, ni tampoco los catálogos desde donde lograr reconstruir el contenido de ese acervo. Algunos años después de ser cerrada, los libros de la Biblioteca Pública del 9 de Julio fueron destinados a formar otra, pero fuera del partido de 9 de Julio.

Aún se conservan, sin embargo, una sensible cantidad de libros, que pertenecían a la Biblioteca “Florentino Ameghino”, del Colegio Cavallari, los cuales forman parte de los fondos bibliográficos de las bibliotecas “José Ingenieros” y de la Escuela Normal Superior, en su mayor parte. Entre estos, han sobrevivido algunos escasas piezas de la antigua Biblioteca “Sarmiento”, formada a instancias del Circolo Italiano.

También, quizá en menor escala, comparado con los otros, existen algunos ejemplares del siglo XIX en la Biblioteca de la Escuela Nº 1 “Bernardino Rivadavia”, de esta ciudad. Es de recordar que esa biblioteca, fundada con el nombre de “Bartolomé Mitre”, fue fundada a principios del siglo XX.

Proveniente de colecciones particulares existe un destacable material, digno de ser consultado, en los anaqueles de la Biblioteca Popular “Anastasio Prieto”. Desde una edición castellana de la obra de Voltaire, encuadernadas por un destacado hombre público de 9 de Julio hasta publicaciones menores, editadas desde un siglo hacia atrás.

Aún así, frente a ese cúmulo de libros antiguos, muchos de ellos de lectura corriente entre los vecinos instruidos, no puede negarse lo escaso de estos, al ubicarlos en el marco teórico de una investigación histórica.

 

LAS PUBLICACIONES PERIÓDICAS

En otros artículos hemos referido acerca del triste camino transitado por los archivos de los periódicos editados en el siglo XIX, en 9 de Julio. Nos sobrarían los números de la primera decena sin deseáramos computar los tomos completos que pudieran hallarse en instituciones públicas de la ciudad, pues no es olvidar que las manos privadas atesoran una buena parte de nuestro patrimonio histórico-documental.

En realidad, más allá de algún tomo encuadernado, sólo se conservan ejemplares sueltos de los impresos aquí antes de 1900.

 

“L’ITALIA ILLUSTRATA”

Debe recordarse que, en el siglo XIX, como durante gran parte del siguiente, el entonces pueblo de 9 de Julio se hallaba poblado por un número importante de inmigrantes. De ahí que, entre ellos hallan circulado algunas publicaciones, editadas en las grandes ciudades, y escritas en los idiomas de origen.

De entre aquellas, aún se conservan ejemplares (correspondientes al período 1896-1899) de dos publicaciones italianas, enviadas a  9 de Julio por medio de suscripciones: el periódico (giornale) “L’Italia al Plata” y la revista “L’Italia Illustrata”, suplemento mensual del anterior. Si bien no eran redactadas por cronistas nuevejulienses, debieron influir en la formación e información de los  italianos radicados aquí; en primer lugar, por el alcance del lenguaje nativo; luego, por el nivel periodístico, para la época, de las ediciones.

“L’Italia Illustrata”, en la que nos detendremos brevemente, era una publicación de dieciséis páginas, remitida como obsequio a los suscriptores de “L’Italia al Plata”. Su primer número apareció en Buenos Aires, el 16 de enero de 1896, dirigida por G. Gobbi Belcredi.

En sus páginas abundaban notas de actualidad, numerosas ilustraciones, columnas de opinión, espacios poéticos y pensamientos breves, y una sección “Corriere della Moda”, dedicado a la mujer.  Además, eran revisados, con amena redacción y singular simpleza, los acontecimientos vividos entonces, tanto dentro como fuera de Italia.

En el primer número, habían dejado sentados sus objetivos: “Essa non si ocupa di política, ma di moda; essa non presenta gli artigli affilati della polemica, ma s’insunua con la letteratura amena...”. Precisamente, la mayor ambición de quienes editaba “L’Italia Illustrata”, según su propia palabra, era “quella cioè de riuscire utile il più che è possibile alle famiglie”.

Lejos de ser esta una fuente indispensable, sus ejemplares puede aportar una idea más o menos clara acerca de  la lectura que llegaba a manos de la colectividad italiana, a fines del siglo XIX... Brindar, incluso, si se quiere, un claro panorama de la realidad histórica de esa patria lejana, las preocupaciones y los anhelos de sus habitantes, sin dudas, también experimentados por los hijos afincados en estas tierras.

21/01/2006 13:41 Autor: Héctor José Iaconis. Enlace permanente. Tema: HISTORIA DE 9 DE JULIO (BS. AS.) No hay comentarios. Comentar.

HISTORIA DE 9 DE JULIO

El analfabetismo en el siglo XIX, según algunas estadísticas

Por Héctor José Iaconis.

 

Existen algunos datos estadísticos que permiten conocer el grado de instrucción que poseían los habitantes del partido de 9 de Julio, en el siglo XIX. Ciertamente, estas fuentes permiten formar una idea, más o menos exacta, acerca de la formación del vecindario de ese aún incipiente pueblo, a poco de fundarse y, más tarde, en los años subsiguientes al período post-fundacional.

Entre esos datos estadísticos, hemos seleccionados tres, a saber:

  • El Censo Nacional de Población, levantado en septiembre de 1869.
  • El Censo Provincial, de octubre de 1881.
  • Y un cuadro estadístico, anexado a la “Revista de Educación”, de julio de 1882.

 UN ALTO INDICE DE ANALFABETISMO EN 1869

En 1869, escasos seis años de la fundación del partido, la población total de éste alcanzaba a 3.045 habitantes. Lo curioso, además del notorio incremento poblacional, considerando se trataba de una población fronteriza, recién consolidada, si puede afirmarse así, es el elevado porcentaje de analfabetismo, denotado al confrontar la mencionada cifra: De los 3.045 habitantes, sólo 202 varones y 165 mujeres sabía leer y escribir. A estos, debí agregarse otra cantidad, pequeña, de quienes sólo podían escribir(1).

Frente a estas cifras puede calcularse que el porcentaje de analfabetismo alcanzaba a 88 %. Por entonces sólo funcionaba una escuela, instalada en el pueblo, donde  asistían 31 varones y 33 mujeres(2).

EN EL CENSO DE 1881

Para 1881, el porcentaje de analfabetismo se había reducido al 66 %. En la totalidad del partido 1.605 habitantes podían leer y escribir, sobre un total de 7.832(3). De ésta última suma, por nacionalidad y en todo el territorio del distrito, podían leer y escribir 966 argentinos y 639 extranjeros; y no lo hacían, 2739 argentinos y 329 extranjeros(4).

Ahora bien, este mismo censo nos permite advertir la cantidad de alumnos que acudían a clase, teniendo en cuenta la edad escolar.

De entre 6 y 9 años habitaban el partido 868 niños (406 varones y 413 mujeres argentinos, más 30 varones y 19 mujeres, extranjeros), y de entre 10 y 14, 784 (412 varones y 323 mujeres argentinos, más 22 varones y 27 mujeres extranjeros). En consecuencia, la cantidad de niños, más o menos, en edad escolar (para estudios elementales) era de 1.652, entre argentinos y extranjeros(5).

Por entonces, estaban abiertas dos escuelas públicas en la planta urbana y dos en la rural, con seis maestros(6). En ellas sólo se hallaban  inscriptos 77 varones y 86 mujeres, en la primera, y 28 varones y 12 mujeres, en la segunda.

Entre los niños que no asistían a la escuela, pero sabía leer, se hallaban, 54 varones y 59 mujeres. Pero,  como es factible deducir, la mayor parte la comprendían los jóvenes en edad escolar que "no asistían a la escuela y no sabían leer": 56 varones y 93 mujeres, en el radio urbano; y 655 varones y 532 mujeres, en el rural.

Un cuadro estadístico publicado en la "Revista de Educación", del año siguiente, recoge parte de los  dados del censo anterior, anotando  un 19 % de educandos sobre el total de niños.  En efecto, para nuestro tiempo y sin dudas también para aquel contexto histórico, la relación entre  la cantidad de niños que sabía leer y escribir y los analfabetos era preocupante: 582 sobre 1.300.

 

RAZONES Y FUNDAMENTOS

El alto índice de analfabetismo, especialmente entre la población en edad escolar, no era una realidad sólo concerniente a 9 de Julio. También en el resto de la provincia una cantidad prominente de niños se hallaba "en completa ignorancia".

Un mensaje de Nicolás Achaval a la Legislatura de Buenos Aires, de junio de 1882, procuraba explicar las razones de ese estado. Para ello, se fundamentaba en dos causas:

"Es la primera, la negligencia de algunos Consejos Escolares, de Distrito.

"Es la segunda, la falta de recursos para aumentar el número de escuelas de aquellos Distritos, que invierten en educación todas sus rentas, sin alcanzar a costear ni aún las escuelas existentes"(7).

Algunas disposiciones legales vigentes entonces limitaban, en cierto modo, las funciones del Consejo General de Educación, al extremo de no poder "decidir, en ningún caso, que se aumenten los gastos propuestos por los Consejos Escolares, en sus respectivos presupuestos", o disponer que un partido, cuya renta es superior, pueda asistir a otro de inferiores recursos.

"La práctica ha demostrado -prosigue en otra parte- que las contribuciones creadas para el sostén de la enseñanza, no responden a las exigencias de la población en la proporción en que ella se halla distribuida en la Provincia..."(8).

En el mismo informe se explicaba:

"Los Consejos Escolares de Distrito no han producido en general los resultados que de ellos se esperaban, y quizá esto se deba a la imposibilidad que se ha tocado para su formación, como el Código Constitucional los crea".

Ese mismo año, en Congreso Pedagógico reunido en Buenos Aires, había referido acabadamente acerca del analfabetismo en los pueblos de campaña y, concretamente, en los distintos lugares del país. En la sesión duodécima, del 22 de abril de 1882, esa asamblea declaró:

"Que como la acción exclusiva de las autoridades escolares nunca podrá ser tan eficaz como fuera necesario para difundir la Educación Común, es indispensable no sólo que los padres y los tutores cooperen al buen éxito de la enseñanza, sino que todo el pueblo propenda  por su propio esfuerzo y por todos los medios a su alcance, a extender los beneficios [...], fundando sociedades para el fomento de la educación, empleando la propaganda, las conferencias públicas, formando bibliotecas populares, etc.".

 

NOTAS

(1)   Buenaventura N. Vita, “Crónica Vecinal de Nueve de Julio. 1863-1870”, La Plata, Publicaciones del Archivo Histórico Provincial, 1938, página 89.

(2)   Ibidem.

(3)   "Censo General de la Provincia de Buenos Aires. Demográfico, agrícola, industrial, comercial... verificado el 9 de octubre de 1881.."., Buenos Aires, Imprenta de El Diario, 1883, página 259.

(4)   Ibidem.

(5)   Ibidem, página 251 s.

(6)   Ibidem, página 280.

(7)   "Revista de Educación", Publicación Oficial del Consejo General de Educación de la Provincia, tomo III, año II, nº XIII, Buenos Aires, julio de 1882, página 40.

(8)   Ibidem, página 42.

RESEÑA SOBRE LOS ORÍGENES DE NUEVE DE JULIO

RESEÑA SOBRE LOS ORÍGENES DE NUEVE DE JULIO

* Por Héctor José Iaconis

El 12 de octubre de 1860, prestó juramento presidencial el general Bartolomé Mitre cuyo prestigio, tanto político como militar, venía tomando cuerpo desde su victoria ante el general Justo José de Urquiza en la Batalla de Pavón. Con Mitre se iniciaba en el país una organización constitucional, cuyo modelo se mantendrá el país lo suficiente como para marcar su influencia de modo gravitante.
Entre los proyectos de gobierno, trazado por Mitre, se encontraba la reorganización de la frontera con el aborigen, su extensión sobre los dominios del nativo. El llamado problema del indio no era novedoso entonces, pues ya desde la época de Rosas, y aún antes, se venían realizando expediciones, y fundando fortificaciones con el objeto de resguardar las líneas fronterizas.
 La comandancia de la Frontera del Oeste, en aquellos años se hallaba asentada en Bragado. Al frente de ella se hallaba el coronel graduado Julio de Vedia, quien pronto –gracias a sus avances sobre los Ranqueles- obtuvo la efectividad de su grado. De Vedia, ya desde principios de 1863, proyectaba avanzar fuera de la frontera, para fundar un fuerte en el para denominado Claf Lauquen, que en la toponimia indígena significa “Tres Lagunas”. Más aún, era su deseo establecer una población no de modo provisorio, sino permanentemente. Existen numerosas evidencias, halladas en el último cuarto del siglo XX,  que dan cuenta de ello. Por citar, pueden consultarse las mensuras correspondientes a las tierras del Partido de 9 de Julio, anteriores a la fundación, y podrán observarse la demarcación de un futuro pueblo. También algunos partes militares, elevados por el coronel a su superior, el ministro de Guerra Juan Gelly y Obes, testimonia similar propósito. 

Calfucurá

Además de los aborígenes de la tribu de Ignacio Coliqueo, quienes habitaban el  paraje llamado “Tapera de Díaz”, y eran considerados “amigos” de las fuerzas militares; en varias ocasiones se sentía la presencia, o la de sus malones, del temible cacique Juan Calfucurá, fundador de la dinastía de los “Curá” (piedra), de quien el doctor Estanislao Zevallos ha escrito:

“Es muy popular, trata a todos con amabilidad, dándoles a unos el título de hermano, pariente o cuñado, a otros el de tíos, primos y suegros. Pero la sola idea que tienen los indios de que adivina, es suficiente para que apodere de todos o un respeto profundo o un terror espantoso. Hay indios culpables que esquivan ser vistos por Calfucurá”.
 

 La fundación. Una comandancia militar

El martes 27 de octubre de 1863, el coronel Julio de Vedia, después de haber partido desde el Bragado al frente del 3er. escuadrón del Regimiento 5to. de Caballería de Línea, el 4to. Batallón de Infantería, un cuerpo de Guardias Nacionales y un grupo de indios vorogas, asentó un campamento en derredor   de una de las llamadas tres lagunas, precisamente en las inmediaciones donde se encuentra hoy el Parque General San Martín, y los edificios del Hospital Zonal, y del Colegio Marianista “San Agustín”
Al segundo día arribaron otras fuerzas formando un importante conjunto más amplio .

 La Corporación Municipal y las primeras obras

A fines de 1863, Julio de Vedia había informado a su hermano político, el general Mitre, a la sazón –como se ha dicho- presidente de la República, sobre las actividades que se realizaban con el objeto de establecer de modo definitivo el campamento, y asentando –a la vez- las bases de un pueblo. Ya, en esos documentos, versaba el nombre que había elegido para su denominación: “9 de Julio”.

El 12 de febrero de 1864, el gobernador de Buenos Aires, Mariano Saavedra  decretó la fundación del pueblo, dando la denominación de “9 de Julio”, como era voluntad de su fundador. Asimismo, en el decreto, comisionaba al agrimensor Miguel Vaschetti para realizar la mensura, traza y amojonamiento del pueblo y su ejido, de acuerdo con instrucciones que oportunamente le daría el  Departamento Topográfico.
En efecto, en mayo del mismo año, Vaschetti asistido por de Vedia, efectuó la delineación encomendada, realizando una traza que, aún hoy, es considerada brillante, por el sutil modo con que fue concebida.
El 19 de julio de 1865, el Poder Legislativo sancionó con fuerza de la creación de diez nuevos partidos de la provincia de Buenos Aires. Entre estos se hallaba el de 9 de Julio.
El 18 de febrero de 1866, por intervención del Juzgado de Paz de 9 de Julio creado poco antes, se realizó la primera elección municipal para elegir las autoridades comunales que habrían de componer la primera corporación municipal. Efectuados los comicios fueron votados: Edelmiro Moura, presidente; Luciano Márquez, secretario interino; Horacio Gutiérrez, tesorero; Bernardo Raimundo, encargado de  Cultura, Instrucción Pública y Tierras; y Floro  La Vega, encargado de Policía.
 Una de las primeras actividades de esta Corporación, fue la de dar una nomenclatura a las calles del pueblo y a la plaza principal, cuyo profundo sentido merece ser estudiado ampliamente.
En este período también nacieron primeros esfuerzos para propiciar la educación de los niños. Junto a Julio de Vedia, había llegado Mercedes Vázquez de Labbe –junto a su esposo Pedro, quien hacía las veces de vivandero del militar- a cuyo cargo fue confiada la educación de los niños, hijos de las familias de los mismos militares.. Luego prosiguió Bonifacia Vieyra de de la Plaza, quien poseía un título docente, y hubo fundado una escuela  que, más tarde, pudo ser oficializada. Vieyra era esposa del capitán Alejandro de la Plaza, considerado co-fundador de 9 de Julio, pues llegó a esta un día después de establecido el campamento.
 La primera escuela dependiente del Departamento de Instrucción Pública, establecida en el pueblo fue la que actualmente lleva por número el 1. Su creación fue ordenada en 1866, año en que el pueblo poseía un 97 % de analfabetos. Su primer preceptor arribó el 19 de septiembre abriendo la escuela en un edificio que arrendó la Corporación al vecino Luis Rumi.
Si bien, ya desde el primer par de años posteriores a la fundación, los habitantes del pueblo recibían la asistencia religiosa  por parte de los sacerdotes que recidía en la parroquia de Santa Rosa de Lima, en Bragado, y el preceptor de la escuela elemental se ocupaba en instruir en la Doctrina Cristiana a los niños,  el Arzobispo de Buenos Aires, monseñor Mariano José de Escalada Bustillos y Zeballos –a cuya jurisdicción eclesiástica pertenecía 9 de Julio-  creó la parroquia de 9 de Julio, designando –el 30 de julio de 1868- cura párroco al presbítero Antonio D’Elía, de nacionalidad italiana. Esta iglesia, como la titularidad de la parroquia fue puesta bajo la advocación de Santo Domingo de Guzmán, en cuya festividad fue inaugurada y bendecido el templo, el 4 de agosto de aquel año.

Los primeros indicios del progreso

Los dos primeros indicios del progreso edilicio del pueblo, en el primer cuarto de siglo posterior a la población, sin dudas, estuvieron enmarcados en las iniciativas de la Corporación Municipal por el embellecimiento de la plaza principal.   La construcción de una pirámide alegórica a la Revolución de Mayo, replica de la existente en la Plaza de la ciudad de Buenos Aires, y la iluminación del espacio verde con doce faroles, hacia 1870, constituyen sin duda la mejor muestra de los primer pasos, en orden al progreso y al crecimiento comunitario.
Más tarde, el 19 de julio de 1874, gracias un copioso número de volúmenes donados por Domingo Faustino Sarmiento, y mediante la contribución de un grupo de vecinos reunidos en comisión, fue fundada la primera biblioteca pública en 9 de Julio. Su primer bibliotecario fue Enrico Bibliani, hombre culto, de profesión boticario, quien más tarde debió constituirse como primer presidente de la Sociedad Italiana. Esta llegó a contar, en sus anaqueles, con un caudal bibliográfico que superaba las 2000 piezas, pero su vida no debió ser tan prolongada, pues hacia 1887 se extinguió definitivamente.
En  julio de 1876  otro exponente de los adelantos científicos y tecnológicos de la época puso en contacto a los pobladores de 9 de Julio con el resto del país. La prolongación de la red telegráfica que, como estrategia militar, había proyectado el ministro Adolfo Alsina, constituía un hito relevante que fue recibido jubilosamente. Gerardo Albariño fue el primer telegrafista afectado a la nueva oficina.

 La comunidad de 9 de Julio y su crecimiento en el siglo XIX

Entre el 14 y el 15 de septiembre de 1869, fue realizado el primer Censo Nacional de Población, que habría de ayudar a las autoridades del gobierno nacional a esclarecer sus informaciones acerca de la realidad del país.
En 9 de Julio, los datos que arrojó éste, se consideran los más remotos en cuanto a estadísticas de esta índole. De los 2133 habitantes que poblaban la totalidad del partido, sólo 822 eran mujeres. En el casco urbano, vivían 522 varones y 390 mujeres. El índice de analfabetos era bastante alto, pues de la totalidad de habitantes del distrito, sólo 202 varones y 165 mujeres sabían leer y escribir.  Las unidades habitacionales ya ascendían a 413 viviendas, para albergar a 337 familias.
Doce años más tarde la realidad de este pueblo, y de su partido, había mutado considerablemente, he aquí algunos de los resultados de un censo realizado en 1881: (Fuente: Censo General de la Provincia de Buenos Aires. Demográfico, agrícola, industrial, comercial... verificado el 9 de octubre de 1881..., Buenos Aires, Imprenta de El Diario, 1883)
Respecto del Censo Nacional de Población de 1869, la población del Partido de Nueve de Julio, ha crecido un 267,18 %, pues entonces había arrojado un total de 2133 habitantes.
Entre 1872 y 1879, fueron bautizados 1230 párbulos, de los cuales, 655 eran hijos legítimos, 575 eran ilegítimos.
En ocho años de observación, pudieron advertirse una ilegitimidad de matrimonios del 46,74 %.
En 1881, dentro de cada 100 menores, de 15 años, existían en 9 de Julio, un 30 % de hijos ilegítimos[p. 221].
Nueve de Julio, ocupaba el 6º lugar “según la escala o densidad de su población”; 0,16 “habitantes por hilómetro cuadrado”[p. 277].
El total de habitantes que, para el Partido de Nueve de Julio, arrojó el Censo de Población de 1881, fue de 7.832 habitantes, de los cuales, 6.706, son argentinos; y 1.126, extranjeros.
En la planta urbana habitaban, 411 varones y 568 mujeres, argentinos; y 290 varones y 112 mujeres, extranjeros. En la zona rural, existían, 3.330 varones y 2397 mujeres, argentinos; y 570 varones y 154 mujeres, extranjeros.
De los anteriores se desprende que, 701 varones y 680 mujeres, habitaban la planta urbana; y 3900 varones y 2551 mujeres, la zona rural. Es decir, 4601 varones y 3231 mujeres, en la totalidad del Partido.
Y de otro modo, 6451 conforman la población rural y 1381 la urbana[p. 239].
También, en el Partido, 3741 varones y 2965 mujeres, eran argentinos; y 860 varones y 266 mujeres, extranjeros [p. 232]. En consecuencia, 1381 habitantes, ocupaban la planta urbana y 6451, la rural, formando el total general de 7832 individuos, en la totalidad del partido.
En la planta urbana, 432 argentinos y 266 extranjeros, sabían leer y escribir; y 241 argentinos y 120 extranjeros, no sabían leer y escribir. En la zona rural, 534 argentinos y 373 extranjeros, sabían leer y escribir; y 2498 argentinos y 209 extranjeros, no sabían leer y escribir. De este modo, en el Partido,  966 argentinos y 639 extranjeros, sabían leer y escribir; y 2739 argentinos y 329 extranjeros, no sabían leer y escribir[p. 259].
Además existían: 3 abastecedores; 1 agente; 1 abogado; 7 acopiadores; 21 albañiles; 367 varones y 66 mujeres, agricultores; 1 agrimensor; 22 carpinteros[p. 271]; 15 carreros; 1 varón cigarrero; 15 varones y 40 mujeres, cocineros; 1 cochero; 127 varones y 1 mujer, comerciantes; 2 varones confiteros; 24 costureras; 17 dependientes[p. 272]; 8 varones y 44 mujeres, domésticos; 2 farmacéuticos, 1 fotógrafo, 9 varones empleados; 2 estudiantes; 12 herreros; 642 varones y 89 mujeres, hacendados; 2 hojalateros; 16 varones horticultores[p. 273];  8 horneros, 3 varones hoteleros; 2 ingenieros; 1107 varones y 80 mujeres, jornaleros; 1 joyero; 37 lavanderas; 6 varones y 3 mujeres, lecheros; 2 leñadores; 1 varón y 4 mujeres, maestros de escuela; 1 maquinista; 3 varones mayordomos; 2 médicos[p. 274];  1 mercachifles, 5 varones molineros; 1 modista; 5 varones músicos; 4 peluqueros; 10 varones panaderos; 2 pintores; 2 planteros; 6 planchadoras[p. 275]; 3 varones rentistas; 1 sacerdote; 1 sacristán; 1 varón rufián; 1 sastre; 1 talabartero; 1 telegrafista; 9 varones zapateros; 452 varones y 1348 mujeres, sin especificación[p. 276].
En la planta urbana de 9 de Julio, existían, 1 casa habitada, con azotea de 2 cuerpos; 30 casas habitadas, con azotea de 3 cuerpos; 240 casas habitadas, de madera, paja y ripia de 3 cuerpos; 5 casas dehabitada, con azotea de 3 cuerpos; 76 casas deshabitadas, de madera, paja y ripia de 3 cuerpos; formando un total de 352 casas[p. 295].
En la zona rural, el total de casas era de 1123, discriminadas del modo siguiente: 3 casas habitadas, con azotea de 1 cuerpo; 42 casas habitadas, con azotea de 2 cuerpos; 66 casas habitadas, con azotea de 3 cuerpos; 4 casas deshabitadas, con azotea de 3 cuerpos; 24 casas habitadas de madera, etc., de 1 cuerpo; 242 casas habitadas de madera, etc., de 2 cuerpos; 686 casas habitadas de madera, etc., de 3 cuerpos; 2 casas deshabitadas de madera, etc., de 1 cuerpo; 7 casas deshabitadas de madera, etc., de 2 cuerpo; 47 casas habitadas de madera, etc., de 3 cuerpos[p. 297].
En el distrito, hacia 1881,  existían las siguientes industrias:
 

Industrias

Cantidad

Capital invertido ($ m/c)

Personal

Atahonas
2
600.000
24
Carpinterías
5
413.000
14
Carpinterías y herrerías
3
320.000
12
Hojalaterías
1
20.000
3
Mueblerías
1
40.000
3
Molinos de agua o vapor
1
3.360.000
13
Talabarterías
1
30.000
4
Zapaterías
1
5.000
 
Total
 
4.788.000
 
[pp. 356-370]
 
Además de los comercios:
 
 

Comercios

Cantidad

Capital invertido ($ m/c)

Personal

Almacenes
9
468.000
13
Almacenes y barracas
9
755.000
26
Barberías
2
13.000
2
Boticas
2
120.000
4
Cafees
1
20.000
1
Mensajerías
1
100.000
12
Fondas
3
300.000
15
Organistas
4
18.500
4
Pulperías
4
41.000
5
Puestos de mercado
1
10.000
3
Tiendas y almacenes
9
3.400.000
69
Tiendas
1
20.000
1
Total
 
5.265.500
 
[pp. 374-386]
En 1881, 9 de Julio dependía de la sucursal Bragado, del Banco de la Provincia de Buenos Aires. La riqueza del Partido era la siguiente: $ 6344000, era el valor de los edificios; $ 111845000, el de la tierra; $ 8871725, el de la producción agrícola; $ 69314710, el del ganado; $ 5265500, el capital comercial; y $ 478800, el capital industrial. Todo ello formaba un total de $ 206428935 [p. 425].
En el Partido existía, en 1881, una biblioteca con 900 libros. No figura existencia de diarios ni de periódicos[p. 416]. Además, también en el Partido, existía una banda de música[p. 421]; una sociedad “social”, con 100 socios[p. 419]; y una “filantrópica”, con 84 socios[p. 419].
 
 

La vida social en el siglo XIX

Desde pocos años después de la fundación de 9 de Julio comenzó una forma de vida social que, aunque algo rudimentaria, contribuiría al esparcimiento y la confraternidad de los coterráneos. Más tarde, con la fundación de las instituciones sociales y de socorros mutuos, tales como la Logia Masónica, la sociedades Francesa, Italiana y Española, el Club Social, entre otras, comenzaron a organizarse otras formas de actividades sociales.  La construcción del teatro “Rossini” en 1883 y su posterior refacción en 1896 marcaron el comienzo de una nueva época. De hecho, la última década del siglo se distinguió, precisamente, por el auge que tomar determinadas asociaciones, y por la conformación de otras diversas tanto con intereses comerciales como los puramente sociales.

Además, también las principales familias, de una clase mejor dotada, propiciaron la organización de las tertulias nocturnas y bailes.  La moda de las grandes ciudades, paulatinamente, fue prolongándose a las pequeñas poblaciones, así como a las primeras arribaban las costumbres de las aristocracias europeas. Pronto, determinados modelos europeos, en los usos sociales, también se propagaron por el interior de la provincia de Buenos Aires.

 Además los inmigrantes cultos que arribaron al país e integraron, de alguna manera, aquella sociedad, incorporaron a las costumbres criollas aquellas costumbres propias de su lugar de origen.  La lectura de libros selectos de autores clásicos o de la Ilustración o las obras del romanticismo, como el aprendizaje y la ejecución del piano o, quizá sólo para los menos, el aprendizaje del francés, fueron los imperativos entre algunas familias de los estratos más elevados... Así, la sociedad nuevejuliense comenzó a prepararse para la venida del nuevo siglo, ya convertida en ciudad provechosa, pronta a ser declarada oficialmente como tal, y transformándose lentamente en un lugar progresista.

 
 
 
 
 
 
 
21/01/2006 13:33 Autor: Héctor José Iaconis. Enlace permanente. Tema: HISTORIA DE 9 DE JULIO (BS. AS.) No hay comentarios. Comentar.

LA FUNDACIÓN DE 9 DE JULIO SEGÚN UN ESPECTADOR

20060121165938-julio-de-vedia-8-iii.jpg

LA FUNDACIÓN DE 9 DE JULIO SEGÚN UN ESPECTADOR

*Nota preliminar y revisión por Héctor José Iaconis
 
NOTA PRELIMINAR
 
Es innecesario, y quizá poco novedoso, destacar el valor que poseería una llamada  Memoria de  Carballeda, escrita por quien arribara a estas tierras, hacia octubre de 1863, con las tropas del general de Vedia. Curiosamente, esta fuente, de incalculable valor para el conocimiento del pasado histórico de Nueve de Julio, ha sido tan poco citada, como difundida. Ocurre que, ya muerto su autor, en manos de Mariano Rumi, cuando este se hubo alejado de la ciudad, la Memoria jamás habría regresado a Nueve de Julio.
Al parecer, el primero -y tal vez el único- que pudo consultarla con fines historiográficos, por así decirlo, fue don Buenaventura Noé Vita (1884-1954). Desde su original, hacia 1920, pudo tomar algunos apuntes -parte de los cuales se conservaban en su archivo personal- hasta que su propietario la llevara consigo a Buenos Aires. A mediados de 1903, Emilio Carballeda publicó en el periódico «El Porvenir», a modo de Crónica Retrospectiva, uno interesantes artículos que, según puede suponerse, podrían tratarse de  parte del texto de la referida memoria. A continuación, siguen los párrafos más importantes de esas notas periodísticas.
En efecto, aunque estos no fueran el texto original del documento, ¿perdido?, de Carballeda, bien pueden ser considerados una memoria de las primeras vivencias experimentadas en aquellas horas primeras de la fundación de Nueve de Julio.

TEXTO

CRONICA
RETROSPECTIVA DE LA FUNDACION DE
NUEVE DE JULIO (*)
Por Emilio Carballeda
 
- Principales fragmentos de los artículos publicados en «El Porvenir» -
 
Las fuerzas expedicionarias

Eranse a fines de octubre de 1863, que fuerzas del Ejercito de la Nación; Guardias Nacionales e Indios de las tribus amigas al servicio de la Nación, sentaron un campamento en Cla-Lauquen (Tres Lagunas), desierto entonces, y actualmente floreciente pueblo de Nueve de Julio.
Componíanse las fuerzas regulares, del Batallón 9º de Infantería, comandado por el teniente coronel don Benjamín Calvete, y su segundo, don Felipe Batista [sic]; de una compañía del Batallón 4º, de la misma arma; del Regimiento 5º de Caballería, acantonado en el 25 de Mayo, siendo su jefe el teniente coronel don Pedro C. Díaz; del de Blandengues, acantonado en el Bragado, al mando del sargento mayor don Mariano Benítez, del que era su jefe superior, el coronel don Julio de Vedia, Comandante de la Frontera Oeste de la Provincia; de ciento cincuenta guardias nacionales de varios partidos; y de contingentes de indios amigos, pertenecientes a las tribus de Railef, del Bragado, y de Martín Rondendo [sic], de 25 de Mayo; formando un total de más de mil hombres, vivos y efectivos.
 
La fundación de 9 de Julio

El coronel don Julio de Vedia, estableció su campamento circundando la laguna principal, punto estratégico, seguramente, que estorbaba a los Indios salvajes, que a continuo invadían los partidos de 25 de Mayo y Bragado. Servirle de apostadero para, después de sus largas jornadas, dar descanso a la caballada por algunos días, en un campo abundante de buenos pastos, como ser gramilla fina, trébol de olor, cebadilla y agua dulce.
No era, pues, extraño, que disipando este paraje, solamente de diez o doce leguas de los partidos designados, los Indios invasores, en menos de una noche de marca, efectuaran en la madrugada sus malones, cautivando mujeres y niños, y llevándose las haciendas que encontraban en sus irrupciones.
 
Malones y ataques
Sin embargo, de estar establecido tan fuerte campamento militar, en diciembre del mismo año, rozándolo a diez cuadras de distancia, sin ser sentidos, los Indios del Cacique Pincén pasaron a invadir el partido de 25 de Mayo. De esta invasión, se tuvo conocimiento por el segundo jefe del Regimiento 5º de Caballería, mayor Sequeiros, quien en viaje para el 25 de Mayo, recibió la noticia en la estancia «El Mangrullo» (hoy Los Ángeles), del coronel Eugenio del Busto (a) Manquillan, retirado ya del servicio militar.
Sabida, en el campamento, esta invasión, por el parte que el mayor Sequeiros en vio desde «El Mangrullo», el Jefe de la Frontera coronel Vedia, destacó una compañía del Regimiento 5º de Caballería, al mando del capitán don Arístides Coria, y teniente 1º don Carlos Parodi, quienes se dirigieron a cortarles el paso a los indios a su salida; consiguiendo alcanzarlos, a inmediaciones de la Laguna del Cura, y quitarles todo el arreo vacuno que llevaban, y parte del yeguarizo.
En esta época, se encontraba ya, situado a ocho leguas más o menos de este Campamento, en el paraje denominado «Tapera de Díaz» (hoy Los Toldos), el cacique don Ignacio Coliqueo y su tribu, con quinientas lanzas al servicio del gobierno (1)
.
 
La casa de comercio de Carballeda. Mensura y delineación de la Plaza principal

El 15 de noviembre de 1863, se inauguró en el campo desierto, y hoy Plaza General Belgrano, la primer casa de comercio, que estableció don Emilio Carballeda, con un selecto y variado surtido de mercaderías en general, aunque con reducido capital, pues no excedía de treinta mil pesos moneda corriente. Esta casa -construida de maderas (traídas del 25 de Mayo, conjuntamente con las mercaderías), barro y techo de junco, a cinco cuadras avanzadas del campamento militar- fue la base fundamental para la ubicación de la Plaza. Punto de partida o arranque de donde, el agrimensor ingeniero [sic] don Miguel Vaschetti, trazó la planta urbana del pueblo, la de las quintas y chacras, en el mes de marzo de 1864.
En cinco de noviembre del año anterior, el entonces coronel don Julio de Vedia, Comandante en Jefe de la Frontera Oeste, para darle colocación al terreno de Carballeda, trazó con este, y el capitán don Dolveo Guevara, un cuadrado de ciento cincuenta varas por costado, como plaza; que actualmente existe, limitado por las calles Buenos Aires, 25 de Mayo, Montevideo e Independencia, si bien con una disminución de cincuenta varas de Nort-Oeste a Sud-Este.
 
Los primeros comerciantes

A últimos de noviembre, y principios de diciembre de 1863, se establecieron -a media cuadra de distancia de las carpas del campamento militar, y siguiendo el mismo orden de colocación- varias cantinas, de las que figuraban, en primer línea, la de don Anselmo Díaz y don Pedro Salazar, y seguían después, las de Antonio Guilino, José Molleda, Francisco Aguirre, Manuel Castellanos, Juan Rodríguez y otros más. Todos ellos, establecidos en cabañas de junco, puesto que no había maderas para construir ranchos, ni ningún horno de ladrillo se había planteado por aquel entonces.
El ingeniero Vaschetti, si bien disminuyó el trazado de la plaza, que había formado el general
[sic]
Vedia -en su frente de Nord-Oeste a Sud-Oeste- la amplió con otro rectángulo igual, entre las calles Buenos Aires, Libertad, Montevideo y 25 de Mayo, que es la existente.
 
El primer poblador:  Don Tomás Vío
El segundo poblador fue don Tomás Vío, quien a principios de enero de 1864, pobló un rancho de junco, en el ángulo Nort-Oeste y Sud-Este de la plaza delineada por el general Vedia, donde estableció una panadería, en la que se vendía pan de carosillo por blanco; pero siempre era preferible a la galleta dura que, para partirla, había que hacer uso de un martillo.
 
Los primeros hornos de ladrillo
En ese mes de enero, ya el general Vedia estableció dos hornos de ladrillo, que se elaboraba con soldados dirigidos por don Domingo Iraizos y Graciano iriarte. Pero, el ladrillo que se hacía, si bien era destinado para hacer cuarteles y habitaciones para la oficialidad, el entonces coronel Vedia, fomentando el progreso de la población, se los facilitaba a particulares, con condición de devolverlos, así que se establecieran hornos particulares, que no tardaron mucho en formarse.
 
Don Cayetano Urbero  y uno de los primeros almacenes
En estas condiciones, se pobló, y estableció también una casa de comercio, en el ramo de almacén, don Cayetano Urbero, tercer poblador, propiedad que actualmente pertenece a don Héctor Sibilla, sobrino de don Miguel Vaschetti.
 
La fonda de  don Domingo Iraizos, y los pobladores que se afincaron luego
En febrero del mismo año, pobló y estableció un negocio de fonda, don Domingo Iraizos, siendo en aquel entonces, el punto de reunión de los pocos vecinos con que contaba la formación del pueblo, amén de algunos oficiales de la guarnición que concurrían, fuera de las horas de servicio.
Con pocos días de intervalo, también poblaron y se establecieron en el centro del pueblo, don Alejandro Cruz, don José Molleda [sic]
, don Cornelio López, don Manuel Lafulla, don Luis Melinos, don Domingo Duhart y don Abelardo Gigena.
 
Primitivas construcciones  edilicias: las vivientas de don Antonio Maya, del teniente coronel Calvete, y del coronel de Vedia
Simultáneamente, don Antonio Maya hizo edificar la primera casa de azotea que se construyó en el pueblo, con albañiles costeados de Buenos Aires; y para las obras de carpintería, a don Bernardo Sathicq, primero en su oficio en el 9 de Julio, donde se radicó definitivamente.
Como en esa época, había ya ladrillo -aunque de mala calidad- algunos oficiales hicieron construir sus viviendas, entre las que descollaba la del teniente coronel don Benjamín Calvete, en un ángulo de la plaza, por la posición y extensión del edificio.
A últimos de diciembre del mismo año, don Luis Rumi, sus hermanos Eugenio, Modesto, Juan y otros más, con una cuadrilla de obreros vinieron a construir una casa de azotea para el entonces coronel Vedia, actualmente propiedad de don Nicolás Gallo (2)
.
 
Notas
(*) Los subtítulos no corresponden al cuerpo del texto original. Estos son ubicados, con la finalidad de facilitar su lectura, ubicando con mayor rapidez la temática que aborda. En el texto de los artículos, si bien textual, se encuentra en cursiva, para distinguirlo de lo que no corresponde al texto original. Si bien textual,  se ha procurado corregir, en la medida de lo posible,  la grafía, como algunas expresiones confusas.
(1) Periódico El Porvenir, 2 de julio de 1903.
(2) Ibidem, 2 de agosto de 1903.

21/01/2006 12:59 Autor: Héctor José Iaconis. Enlace permanente. Tema: HISTORIA DE 9 DE JULIO (BS. AS.) No hay comentarios. Comentar.


Blog creado con Blogia. Derechos de autor con . Estadísticas. Suscribir RSS. Admin.
Blogia apoya: Fundación Josep Carreras, y Evento Blog España. Vota en los Premios Bitacoras.com [Blog Oficial en LaInformacion.com]