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Resumen
- 18/03/2006 23:21 - ACONTECIMIENTOS INSÓLITOS EN LA HISTORIA DE 9 DE JULIO
ACONTECIMIENTOS INSÓLITOS EN LA HISTORIA DE 9 DE JULIO

Los principios de la equidad
Por Héctor José Iaconis.
La historia de 9 de Julio, como núcleo social, posee un número para nada reducido de acciones personales que lejos de ser irrelevantes para el estudio del pasado, bien pueden ser reunidos para componer un catálogo de lo grotesco o de lo absurdo, si se los consideradas a primera vista. Esas acciones humanas, actitudes que hoy nos demandan prolongados análisis para su caracterización, no siempre determinan un patrón permanente e invariable en el comportamiento de los individuos; sino, más bien, son exteriorizaciones de realidades internas mucho más profundas, escapan a esta breve exposición.
No obstante, en cuantiosos hechos -de los que denominamos vulgarmente "insólitos", "curiosos" o "risibles"- aparece un denominador común, y es la fallida lucha por congeniar los intereses y mociones personales con las del otro. En definitiva, como lo explica el doctor Anderson, uno de los grandes problemas con el que el hombre ha debido luchar es "la reconciliación de las diferencias individuales en cuantos a deseos, propósitos, motivos, objetivos, valores y acciones" (1). Cuando esas individualidades (espontaneidades) no pueden concensuarce, armonizarse, surge el conflicto, pues "la espontaneidad sin armonía se transforma en conducta de dominación" (2).
EL CONFLICTO FRENTE A LA ESPONTANEIDAD
Entre los muchos sucesos que, en la historia de 9 de Julio, reflejan ese principio de conflicto entre los intereses personales, y la dificultad para congeniar la singularidad propia respecto de las singularidades de los demás, bástanos citar un ejemplo.
En la sesión del Concejo Deliberante de 9 de Julio, del 2 de marzo de 1893, el concejal Rafael Prieto -quien más tarde habría de ocupar el cargo de intendente municipal, con un triste desenlace- presentó ante ese cuerpo un proyecto de ordenanza relacionado con los bailes públicos que se realizaba en el pueblo. En el mismo, entre otras disposiciones de orden organizativo, se ordenaba la prohibición de la entrada a los bailes públicos, de personas "menores de doce [años] siendo mujeres y de quince, siendo varones" (3).
Al fundamentar el contenido de esa ordenanza, según consta en el acta de aquella sesión, el edil Prieto afirmó que "no lo llevaba ningún móvil mezquino hacia nada ni a nadie sino que, lo que lo inducía a formular dicho proyecto era para que se impidieran ciertos abusos que se cometen en los bailes públicos cuando estos no eran reglamentados".
Más adelante agregó que "como a todos sus colegas les constaba, había sido él objeto de un abuso incalificable en un baile público dado en el teatro de la Sociedad Italiana, hacía pocos días. queriéndosele imponer que saliese del baile porque se le había ocurrido ir con sobretodo". Esta llamada de atención, por decirlo así, de acuerdo con las palabras de Prieto, se la habían realizado "unos individuos que se titulaban comisión de baile"; "como si en los bailes públicos -opinaba el agraviado concejal-, de entrada paga, existieran tales comisiones, ni debiera estar el público obligado a vestir un traje dado o de la voluntad de los empresarios del baile" (4).
Antes de concluir su exposición, Prieto, explicó que en el mismo baile había observado la presencia de "criaturas menores de siete años bailando, algunas de ellas, con sus mismos padres".
El proyecto de ordenanza de Prieto fue tratado y aprobado en la misma sesión.
Es incuestionable que la lectura que hoy podemos hacer de la actitud de Prieto puede distar bastante de una reflexión efectuada en la época en que acontece el caso. No obstante, nos surgen varios interrogantes: ¿cuáles fueron los verdaderos móviles del concejal al presentar un proyecto de esa naturaleza?, ¿seguramente, no era la primera vez que Prieto acudía a un "baile público" y observaba la presencia de menores?.
Si no recordáramos, anticipadamente, que las fuentes históricas no son elementos "ingenuos", un simple examen sobre las palabras de Prieto no nos llevaría a mayores dilemas: sólo se trataría de la preocupación de un concejal por el bienestar de sus semejantes; a partir de haber sido objeto de una injusta descortesía por parte de la comisión. Objetivo que, no lo sabemos, también pudo haber esta vivo en el pensamiento de Prieto.
Pero, permitámonos ahondar un poco más.
LA ESPONTANEIDAD COMO FORMA DE DOMINACION
Al parecer, el concejal Prieto no debió explicar -o por lo menos, ello no quedó expuesto en el acta- los hechos tal como sucedieron.
Buenaventura N. Vita, cuyo padre por aquellos años era miembro de la Sociedad Italiana (institución que había organizado el baile en cuestión), recogió una versión un tanto diferente. Según éste, la prohibición del acceso no se debía, tan siquiera, al uso del sobretodo, sino por pretender ingresar con botas de montar y pañuelo en el cuello.
Es cierto, volvemos a decirlo, que muchos podrían suponer que la actitud de la comisión para con Prieto fue discriminatoria; y que, con razón, el concejal se vio impulsado a presentar el proyecto ante el cuerpo deliberativo buscando reglamentar los bailes públicos. Pero también podemos observar el hecho desde otra perspectiva: recordemos lo expresado más arriba, cuando afirmábamos que la espontaneidad sin eufonía puede devenir en una actitud dominante.
Si mantenemos el suceso en su contexto histórico, tanto en la situación espacial como temporal, es lógico advertir que pretender ingresar a una fiesta, realizada en el interior de un teatro, con botas de montar y pañuelo al cuello, no resulta para nada lógica. En primer término, porque Prieto no era un individuo sin recursos económicos como para poseer indumentaria más apropiada, según los usos y costumbres de la épocas, los cuales -dicho sea de paso- estaban claramente reglados. Además, el calzado que utilizó no era un elemento accesible para todos los habitantes de la comunidad de entonces.
Por otro lado, el baile no era un evento instituido, exclusivamente, para la clase mejor dotada del lugar; sino, más bien, para los asociados de aquella entidad, quienes no formaban parte -por lo menos, la generalidad- de ese estrato social, laya que aún no había alcanzado los rasgos y peculiaridades que arrogaría años después.
Todo ello nos lleva a inquirir si, tal vez, ¿la acción de Prieto, al pretender ingresar al baile con ese atuendo no significaba una deliberada actitud desafiante (no a las normas sociales, claro está, sino hacia quienes habían organizado el espectáculo)?. ¿No podría tratarse de un gesto de pretendida dominación; que luego terminaría por consumarse con la sanción de aquella ordenanza?. ¿Era conveniente llevar al seno del Departamento Deliberativo ese asunto, destacado el desaire que entendió recibir?, pues, sería visible que el fundamento que terminó primando fue ése.
DOMINACIÓN Y AUTORIDAD
Existen muchas formas de dominación, el alcance de nuestra indagación no nos permite profundizar en ellas. Puede ejercerse de diferentes maneras esa búsqueda de petulante supremacía sobre los otros, por el simple hecho de la posesión de bienes materiales o por la posesión de alguna forma de autoridad... En el caso citado, presumiblemente, se conjugan esas dos dimensiones: dominación y autoridad... La espontaneidad propia ya no parece abrirse a la aceptación de las individuales ajenas, para buscar la armonía; sino que, se condena hacia una dirección cíclica y simbiótica.
Al revisar la historia de 9 de Julio habremos de hallar notable cantidad de paradigmas de dominación, así como la presencia de pequeñas autocracias. Los cuales, en numerosos casos, no han sido “simples abusos de autoridad”... Podrán ser ellos temas interesantes que nos conduzcan a entender como se produjo la evolución de las ideas en 9 de Julio, y como se desenvolvió la sociedad hasta adoptar las características que posee en nuestros días.
Seguramente, los hechos arriba señalados pueden sugerir reflexiones a partir de otras esferas. A lo mejor, opuestas a la planteada aquí... Laudable será que la disparidad nos lleve a repasar la historia para profundizar en nuestras propias raíces, no sólo adentrándonos en los hechos resplandecientes y deslumbradores, sino también en las pequeñas y en las grandes penumbras.
NOTAS
(1) Harold H. Anderson, "Crecimiento de la personalidad: Consideraciones conceptuales", artículo publicado en HENRY P. DAVID - HELMUT VON BRACKEN, "Teorías de la personalidad", Buenos Aires, Eudeba, 1963, pág. 132.
(2) Ibidem.
(3) Archivo y Museo Histórico "Gral. Julio de Vedia", Area Archivística, Sección: Archivo Histórico Municipal, cuerpo 2, anaquel 6, Libro de Actas del Honorable Concejo Deliberante de 9 de Julio Nº 1, folio 403.
(4) Ibidem.
FOTO: Rafael Prieto.

